domingo, 15 de noviembre de 2015

¡Mis muertos!

Todavía "shockado", mientras leía esta mañana las reacciones de la gente, ha sido inevitable posar los ojos sobre las de aquellos que dicen que todo esto es una hipocresía, que más muertos se han producido en otros atentados, en otros países, en otras circunstancias, y que con ellos no nos rasgamos las vestiduras. Con los de París, todos hemos puesto banderitas tricolores en nuestros perfiles de Facebook, mientras que ni siquiera reaccionamos mínimamente ante los otros fallecidos, tan personas como éstas, tan dignas como las vilmente asesinadas en París. Y claro, hay mucho de razón. Pero esa postura me parece tanto, o más hipócrita, que la que ellos mismos critican. Y me explico. Lo primero es de perogrullo; mis muertos son más muertos que los muertos de los otros. Esto es, todos percibimos lo propio de una manera más cercana que aquello que vivimos en la distancia. No es lo mismo que se me muera alguien cercano, que alguien que ni siquiera conozco. Y es cierto, no conocía a nadie de los que han muerto en París, pero sí los percibo mucho más cercanos que los que desgraciadamente mueren a diario en otras latitudes. Lo inesperado, lo inusual, lo impropio de lo que ha ocurrido en Francia, hace que todo se reciba en un tono amenazante, demasiado cercano, tanto como el funesto atentado de Atocha, que sufrimos en carne propia. Nos sentimos amenazados en nuestra seguridad y buscamos desconcertados un elemento de estabilidad que nos permita encaminar el día a día con prestancia de ánimo, sin perder los estribos y sin reclamar soluciones del tipo: todo el que no sea como yo, que se vaya de mi lado. De ahí que sea lógico, e incluso lícito, que nos preocupemos más por estos atentados, que por los que ocurren en sitios lejanos y desconocidos.
Pero, en segundo lugar, no podemos olvidar el valor de lo simbólico. Un atentado en París, sin discriminar, contra objetivos civiles, sin posibilidad de que nadie pueda defenderse, es un escupitajo en la misma cara de la libertad occidental. Esta gente pretende crear un clima de inseguridad, de miedo, de amenaza constante donde la gente se sienta insegura por el solo hecho de ser occidental, infiel, imperialista o como se le antoje calificar al gerifalte de turno. Sin duda se trata de un torpedo bajo la línea de flotación de occidente, con la intención de desestabilizar. Los ciudadanos occidentales están indefensos, puesto que han delegado su capacidad de defensa al estado, que se encarga de proteger a todos lo miembros de la sociedad. Pero si el estado no es capaz de proteger a los ciudadanos... ¿qué se espera que ellos hagan? ¿Tendrían que reclamar de nuevo su derecho a la autodefensa y portar la pistola en el cinto? Evidentemente, sería un paso atrás de terribles consecuencias y por eso los estados de occidente tienen el deber de hacer todo lo posible para que la sensación de seguridad vuelva a recuperarse. La seguridad de los ciudadanos es responsabilidad de los estados, y esa función es ineludible.
Junto a la percepción de cercanía y lo simbólico, no podemos dejar atrás una cuestión de derechos. En nuestras sociedades europeas hemos vivido miles de avatares hasta llegar al estatus actual. Podría ser, sin duda, mejorable, pero es bastante aceptable si lo comparamos a otras sociedades del mundo. Las guerras de religiones, la necesidad de tolerar al diferente, las revueltas sociales, la sangre derramada en todos estos procesos, muy abundante, por cierto, han hecho a esta sociedad merecedora de ciertos privilegios que, a mi juicio, debieran ser irrenunciables. O al menos dignos de una dura defensa. Hemos conseguido que los derechos no estén vinculados a si soy cristiano o musulmán, ateo o creyente, blanco o negro..., sino al hecho, mero hecho, de ser ciudadano. Y por eso no podemos permitir que nadie venga a decirnos que, por el hecho de ser infieles, o increyentes, o lo que nos salga de las narices ser, tenemos limitados nuestros derechos. No, aquí los derechos los limitan los tribunales de justicia, cuando algún miembro de la sociedad se convierte en elemento antisocial. Y, por supuesto, podía ser mejorable, pero de momento lo sigue determinando un juez, y no un tipo medio imberbe, con un kalachnikoff en las manos. Aquí nos hemos ganado el derecho a pensar lo que nos dé la gana y, en el caso de que no nos guste lo que piensa el otro, o si nos sentimos agredidos por su pensamiento, procedemos a la denuncia, no al degüello.
Por todo esto, yo he puesto la tricolor en mi perfil, como muestra de solidaridad con el pueblo francés y como repulsa a un atentado que percibo cercano. Sigo manteniendo que todos los seres humanos tienen la misma dignidad, y por ello he peleado toda mi vida, pero no por eso voy a renunciar a sentir un estremecimiento profundo por el atentado del país vecino. Creo que estamos ante un problema de difícil gestión, pues hay muchos ciudadanos que no se sienten tales en occidente, muchos guetos que se convierten en semilleros de odio y mucho chaval desintegrado al que se le enseñan las puertas de este estúpido paraíso al que se accede pegando tiros. A veces pienso que es como si le declarásemos la guerra a los mosquitos, a la orilla de un pantano, en una tarde de agosto. A ver cómo no enfrentamos a eso. Mientras tanto, me preocupo, me mantengo en la reivindicación de los derechos ganados durante siglos y asumo que estos, también son mis muertos.

sábado, 31 de octubre de 2015

Lo de las rayitas

He estado navegando un rato, por curiosidad, en una de las páginas de la NASA, donde se recopila material fotográfico de gran calidad, y se me ha ocurrido hacer algo de tontos; esto es, jugar con el zoom en una imagen de la tierra desde el espacio hasta ver el máximo detalle posible para, posteriormente, alejar la imagen de modo que la tierra se pierde en la inmensidad del espacio. Un ejercicio estúpido, sobre todo porque se me ha ocurrido buscar las rayitas. Sí, esas que separan unos países de otros. Evidentemente, no se ven. Para eso hay que irse a otras aplicaciones y ver dónde cae, como si de un muro se tratase, cada una de las separaciones. Siguiendo con la obviedad antes mencionada, sólo cabría decir que, efectivamente, son una mera ensoñación humana. Las fronteras no existen, por mucho que acerquemos la imagen de la tierra. Pero ahí estamos nosotros, pintando y pintando, levantando muros de los de verdad, alambradas, empalizadas... ¡Cuánta estulticia!, que diría el otro.
Reconozco que soy uno de esos ilusos que un día soñó con un mundo con muchas menos rayitas, donde los pueblos pudieran convivir armoniosamente, enriqueciéndose unos a otros con su diversidad. Hacia ahí iban los proyectos de unión de estados en los distintos continentes, a ese objetivo contribuían herramientas tan valiosas como la world wide web, a eso nos apuntábamos los que nos sentíamos más ciudadanos del mundo, que pueblerinos del terruño. Pero no pudo ser. Seguramente fueron los intereses económicos de unos cuantos los que impidieron que estos sueños cobraran bríos. Poco tardaron en surgir, en proyecto de una Europa globalizada, por ejemplo, los que pretendían crear un país diverso porque eso de la globalidad terminaría diluyendo su riquísimo patrimonio particular. Luego les siguieron los que tenían miedo de dejar demasiado protagonismo a aquellos que estaban históricamente destinados a ser menos que ellos. Y, como no podía ser menos, los que pretendían dejar claro que ellos no eran oscuros, y por eso habría que mantener los elementos que evidenciaran la distinción entre ciudadanos de uno u otro mundo.
Tan sólo faltaba la gran batidora de la crisis económica mundial para que, al grito de sálvese quien pueda, quedasen destruidos definitivamente los pilares de cualquier deseo de armoniosa unidad. Y varios decenios más tarde, por centrarnos en el ámbito europeo, estamos inmersos en un panorama casi esperpéntico: países que quieren salir de la unión, otros que aceptan las resoluciones sólo si éstas les convienen, provincias que quieren ser países independientes, vallas que se llenan de espinos, policías que persiguen a refugiados, tanques que cierran caminos, mares que se tragan a centenares de criaturas desesperadas en la búsqueda de un mundo mejor... Un verdadero fracaso ideológico y político. Y lo más grave es que todo el mundo parece desmarcarse de aquel sueño.
No sé muy bien qué va a pasar en los próximos meses o años, pero tengo que reconocer que el panorama me provoca cierta desazón. Me preocupa que haya una serie de políticos que hayan hipotecado todo, hasta su dignidad, para conseguir algo tan a contracorriente como una escisión. Esa burguesía catalana, tan burguesa ella, que se da abrazos con los tipos que acuden a los plenos en vaqueros y camiseta. Si han llegado a esos abrazos, es que están dispuestos a todo. Han renunciado al "antes muerta que sencilla" y se han abandonado en los brazos del "aquí vale todo", mientras me interese.
También me provoca cierta inquietud los que piensan que unas alambradas pueden detener a un pueblo en busca de una vida mejor; que haya gente que realmente crea que el que coge a su padre anciano y a su hijo lactante, para hacer miles de kilómetros a pie, tiene alternativas. Si las tuviera, no se movería. O se iría él solo, pero no pondría en riesgo a toda la familia. Es lo mismo que ocurre con los miles de africanos que ponen su vida en riesgo para llegar a la vieja y ladina Europa. ¿Quién compra un viaje a una muerte probable si no es desde la desesperación? Porque, en realidad en este mundo, hay más desesperados que estúpidos, y más gilipollas que gente medianamente coherente.
Así que parece que toca repintar las rayitas, derogar acuerdos de libre circulación y hacer de esta Europa un bunker insolidario. Aunque, por otro lado, no estoy demasiado convencido de que todo esto llegue a buen puerto... Bueno, lo de los catalanes, me imagino que sí, que conseguirán su ansiada independencia para poder hablar entre ellos en su idioma y así compartir sus pueblerinas vivencias. Me pregunto si no hubiera sido mucho más interesante luchar por que se estudiaran, al menos, las nociones de todas las lenguas que se hablan en nuestro país, en lugar de que todo el que vaya a su pueblo hable el idioma "oficial". Algo así como, yo me meo en todas las leyes pero voy a hacer una ley para que tú no te mees en mi ley. Pues eso, para mear y no echar gota.
Aunque bueno, aparte esta innegable conquista para la humanidad, veo de difícil solución el blindaje del viejo continente. Podría alguno entretenerse en sacar los adeenes de todo el personal y ver cuantos puros quedan. En los países del sur, ninguno, diría yo. En los del norte, no sé si cuando los pueblos germánicos se pusieron en movimiento dejaron algún paisano sin darle matarile. Me da a mi que eso de los movimientos poblacionales lo vamos a vivir ahora en directo y, por mucho que le pese a monseñor, haya o no trigo limpio, nos vamos a jartar. No sé si sería mucho más interesante ir pensando en cómo configurar un mundo intercultural, que no multicultural, y dejarnos de vértigos estúpidos con la pérdida de los tesoritos propios. Nos van a hacer falta unas clases aceleradas de diálogo y consenso para afrontar este futuro que se nos presenta, o estaremos condenados a pintar rayitas hasta en la puerta de nuestras casas. Y eso, la verdad, suena de lo más deprimente.

sábado, 5 de septiembre de 2015

UNA IMAGEN

En esta sociedad, tan mediatizada por lo audiovisual, no cabe duda que una imagen es mucho más efectiva que cualquier otra cosa. Hemos sido bombardeados con centenares de titulares, miles de artículos, millones de palabras impresas, bien sean en las páginas de un periódico, o en la sufrida pantalla de nuestro dispositivo digital; referidos todos al conflicto sirio y a la acumulación de refugiados en las fronteras de los países circundantes. Era evidente, a nadie se le podía escapar, que tarde o temprano todos estos refugiados se pondrían en marcha para buscar un futuro más próspero, que la simple contemplación del ir y venir de los vehículos de los cascos azules. Y alguien se levantó y dijo, "vayamos a Europa". Y todos los que estaban a su alrededor lo miraron y repitieron, casi de modo autómata, "vayamos a Europa". Y se pusieron en marcha.
En Europa, ya se está acostumbrado a este tipo de movimientos poblacionales, que le han cambiado la cara más de una vez a lo largo de los siglos. Pero, como viene siendo habitual en los últimos tiempos, se determinó que los países del sur, esos que están más cerca de los pobres, en todos los sentidos, hicieran de parapeto. Pero se desbordó la cosa. Se empezó a hablar de fronteras, tratados, compromisos... y acto seguido dejó de hablar de refugiados para comenzar a hablar de emigrantes. De ese modo tan sencillo, se equiparó a la población en movimiento que huía hacia Europa, con la de aquellos que buscan oportunidades en el viejo continente, a costa de dejarse bajar los salarios y permitir que le pisoteen los derechos.
Y entonces Europa, pudo mirar hacia otro lado. Empezó a hablar de cuotas de acogida, de exigencias en origen, de exigencias en destino... ¡pero que no vengan demasiados! Muchos buscaron saber algo más de estos que venían ahora, para poder integrarlos a su clasificación habitual: negros, moros, guachupinos,... y ¿estos que son? Habrá que ir buscando algún neologismo, o asignarlos a algunas de las categorías que ya están funcionando de modo habitual.
Europa comenzó tarde, como suele ser habitual, a frenar un movimiento que se veía venir de lejos. ¡Que no vengan!, parecía decir, que no vengan...pero ya estaban en marcha. Familias enteras, jovenes y viejos, mujeres y niños... ya estaban en marcha. Y comenzaron los obstáculos, las represiones, las alambradas... ¡ay las alambradas!, y se originó el flujo de imágenes, las habituales; familias andrajosas, portando lo poco de valor que les quedaba, buscando desesperadamente una oportunidad. Huían de la muerte y eso, en Europa, ya se ha olvidado. ¡Que no vengan! ¡que se queden en su país!, ¿a qué? ¿a esperar la muerte? No, ya se había tomado una decisión. El objetivo es Europa y, aunque todos saben de la dificultad que entraña el viaje, del peligro vital que supone, se ponen en marcha con los medios que cada uno tiene a su mano. En esas vale todo. Tren, barco, camión frigorífico o el clásico cochecito de San Fernando. Y la dama blanca, tan comedida en Europa, tan aséptica y hospitalaria en un continente que vivió el ensueño de esquivarla hasta la senectud, parece remangarse, meterse en faena y arrojarnos a la cara el producto diario de su intervención. En estas circunstancias, esta dama infame no hace distinción y parece cebarse de un modo más cruento en aquellos que se nos antojan más débiles, los enfermos y, horror, los niños. La imagen, esa horrenda imagen de Aylan en la playa, no puede dejar a nadie indiferente.
Todos hemos escuchado y leído opiniones y pronunciamientos sobre la foto, sobre la adecuación o no de su publicación, sobre la licitud o no de mostrar la realidad tan cruda como es, sin adornos. Tal vez ya han sido demasiadas. Ahora toca otra cosa, que Europa deje de mirar hacia otra parte y se decida, de una vez por todas, a mirar hacia un mundo globalizado de un modo real, no tergiversado por la mirada naif de su sueño milenario. Europa no va a volver a ser Europa, eso ya es evidente. Lo que tenga que ser, tendrá que serlo a partir de la perspectiva de la solidaridad y la integración, y parece absurdo plantearse otra cosa. No se puede gritar "no vengas" a quien viene huyendo de la muerte. No se puede gritar "quédate" a quien no se le permite vivir en paz y desarrollarse en su país de origen. ¡Ay Europa! ¿cuándo dejarás de pensar como Europa para pensar como el Mundo

viernes, 27 de julio de 2012

Los que sufren


Bueno, bueno,bueno... tantos temas dejados pasar, que no sabe uno por dónde empezar. En este año largo de silencio bloguero, podemos decir que ha pasado de todo, pero lo que sobre todo ha pasado, y además como un rodillo, ha sido esta crisis que nos agobia a todos menos a los de siempre.
Tengo que reconocer que en varias ocasiones he comenzado a escribir, pero nunca me parecía que era lo suficientemente importante como para recomenzar con esta historia medio literaria, tan reñida con la paternidad. Así que debo tener el buzón de borradores hasta arriba. Pero no voy a recuperar nada, sino que voy a salir al paso de lo que se viene diciendo por ahí. Eso sí, ya que empezamos con un toque de bioética, vamos a recomenzar también por ahí.
Se ha puesto pesadito "El País", el periódico, me refiero, en su twitter, con la carta de Javier Esparza al ministro Gallardón. No cabe duda que el tema promete, aunque se saque, como es habitual en estos temas, arropado por los cálidos vientos de las vacaciones estivales. Gallardón ha prometido tocar la ley del aborto, y las reacciones no se han hecho esperar. Un prestigioso neurocirujano ha enviado una carta abierta a través del diario anteriormente citado para indicar aquello que, a su juicio, ha de considerarse antes de tocar la ley del aborto en nuestro país. El Dr. Esparza esgrime una serie de argumentos, la mayor parte de ellos estadísticos y económicos, y concluye diciendo que "ninguna sociedad tenga el derecho, y menos pudiendo evitarlo, de cargar a ningún ser humano con sufrimientos más allá de lo imaginable". Y efectivamente, quizá ninguna sociedad pueda arrogarse justamente este derecho. El problema es que el Dr. Esparza no explica por qué, pues su argumentación iba por otro sitio.
Y precisamente ha sido esta pequeña incoherencia lógica la que me ha hecho saltar hacia el teclado y retomar esta tarea de reflexión. Me da la impresión que cada vez no las "cuelan" con mayor facilidad, aquellos que siempre han criticado la pontificación, lo hacen por encima de leyes, valores y respetos mutuos, y los enunciados de su credo increyente, según parece, no han de ser acompañados por ningún tipo de razonamiento o argumentación. Así pues, si alguien dice "yo estoy a favor del aborto", hay que respetar su postura, por progresista, entiendo. No obstante, si algún otro se aventura a decir: "pues yo estoy en contra del aborto en tal supuesto", entonces te piden explicaciones. Y a todo el mundo le parece lógico. A mi no.
La ley condena el aborto, pero lo despenaliza en algunos supuestos, que deben ser convenientemente justificados. De no ser así, seguiría siendo algo penado, por mucho que le rechine al personal. Y luego, se pueden discutir la conveniencia o no de los supuestos, si son más o menos adecuados, si recogen la problemática que se presenta en al sociedad, etc. Así pues, en esta línea de reflexión, habría que justificar convenientemente cada uno de los supuestos que se presentan en la ley que, en realidad, es el debate sobre muchas cosas, el estatuto ontológico del embrión humano, la conjugación de las leyes y los credos presentes en la sociedad, la distinción entre lo privado y lo público, la obligación de protección del estado frente a la libertad individual del ciudadano... Muchas cosas, y muy pocas de ellas han sido realmente discutidas en el foro público. Todo se suele hacer por mayorías absolutas, con poco consenso y, a ser posible, en julio.
Parece que los supuestos que otorgan a la madre la posibilidad de interrumpir el embarazo por razones que a ella le afectan, están comúnmente aceptados y difícilmente serán propuestos para revisión. Pero el ministro Gallardón sí se ha tirado al monte con aquel supuesto que se basa, no en lo que pudiera afectar al progenitor en un primer momento, sino en lo que afecta directamente al feto. Cierto es que, ya en un segundo momento, también afecta al progenitor pues engendra, he aquí la clave, sufrimiento.
A veces pareciera que este sufrimiento es el auténtico "coco" de nuestra sociedad. El sufrimiento es tan importante, que a veces pesa más que la vida. Por no "condenar" a nadie con el sufrimiento, estamos haciendo una especie de eugenesia, donde se impide el nacimiento de aquellos niños que pueden generar mucha carga, tanto de sufrimiento como de medios para paliarlo. Además ellos también iban a sufrir mucho. O no.
Nunca me he situado del lado de los movimientos pro-vida, por parecerme demasiado radicales y poco reflexivos. Pero por esa misma razón, tampoco me quiero situar al lado de los que nos defienden del sufrimiento. Nadie, efectivamente, tiene derecho a cargar a otro con sufrimiento. Sobre todo si es evitable. Pero tampoco puede arrogarse nadie el derecho a salvarnos a todos del sufrimiento, a vendernos la moto de que el sufrimiento no es consustancial al ser humano, o a hacernos creer que existe un modo de vida donde no cabe el sufrimiento, o a que todo sufrimiento se puede evitar. Aquí hay que ponerse serios, porque con el argumento de querer evitar el sufrimiento, a cualquier precio, se ha puesto fin a muchas vidas humanas que no tenían la sensación de estar sufriendo demasiado. O que habían decidido aferrarse a la vida, a pesar del sufrimiento.
A pesar de todo ello, me precio de tener una elevada concepción de la sociedad democrática, por lo que suelo aceptar con buen talante las opiniones mayoritarias, aunque sean radicalmente diversas a la mía. Pero a veces se está haciendo mucha fullería con esto y se presentan como cerrados temas que ni siquiera han estado discutidos, y eso me hace saltar. No quiero que se señale a nadie por haber interrumpido un embarazo, pero tampoco quiero que me griten consignas cuando pretendo razonar. Y porque pretendo razonar, me aventuro a decir que tengo razones que me hacen pensar que el nacimiento de un niño no debiera decidirse en función de su correcta, o no, formación en el útero materno; tengo razones que me hacen sospechar de la cosificación a la que se ven sometidos los no-nacidos, que parecen ser "propiedad" de quien los gesta, y que siempre los quieren sanos, bueno y listos; razones para pensar que la selección racial está más cercana al nazismo que al progresismo; razones que me llevarían a concluir que, siguiendo una lógica sólida, si aceptamos una serie de supuestos, podemos llegar a la conclusión de que nos sobra mucha gente en este mundo y que habría que hacer algo al respecto; razones para que esto último me genere un miedo irracional, aunque razonable porque, como dijo el otro, "ya nos conocemos". De todas mis razones, ninguna es dogmática, son susceptibles de estar equivocadas y por ello se encuentran abiertas al diálogo.
Mientras tanto, ya sabéis, no os mostréis muy sufrientes, que corren tiempos difíciles y todavía no están hechos todos los recortes.

lunes, 6 de junio de 2011

Pacta sunt servanda

Se me había quedado el otro día en el tintero lo de Manolo Chaves, y ya casi ni importa, porque todo el mundo ha asumido que Alfredo va a salvarnos la vida. Según él mismo cuenta, cree saber lo que España necesita en los próximos cuatro años. Como de lo que se trataba, y recojo la idea del anterior post, es de que parezcamos imbéciles, no vamos a hacer la pregunta fácil de, "majete, si sabes lo que necesita España, ¿por qué no se lo cuentas a tu colega y discípulo Zapatero, a ver si nos arregla un poquito?". E insisto, no vamos a plantear esta cuestión para que nadie piense que nuestra cabeza puede albergar algo de inteligencia; vaya a ser que alguien se cosque y nos prive de las lindezas con las que los políticos suelen trufarnos la anodina realidad.
Y sin más preámbulos, recién cepillada, y me perdonáis el término, nuestra querida Carme Chacón, un periodista le plantea a Manolo que si lo que acababa de ocurrir con las primarias del PSOE no era lo que ellos mismos habían denominado como "dedazo", aquella práctica sólo comprensible en los partidos pseudodemócratas, rancios y obsoletos, cargados con un tufillo reaccionarios y anclados en la derechona de toda la vida. Manolo abre los ojos desmesuradamente, bueno, eso me lo imagino, porque lo estaba escuchando por la radio, pero es su gesto, y contesta aquello de, "mire usté", le faltó decir imbécil; "el partido socialista es un partido democrático, y este punto es irrefutable. Los componentes de esta institución son personas profundamente democráticas, y esto nadie lo puede poner en duda. Así pues -concluye este genio de la lógica deductiva-, la elección de Alfredo como candidato no puede sino ser una elección democrática". ¡Ole, ole, ole! ¡Pero qué tío más resalao! Con este planteamiento podremos fácilmente entender la indignación de los dirigentes socialistas cuando alguien les pregunta sobre los ERE en Andalucía. "Mire usté -siempre empiezan igual-, plantear que eso ha sido posible, ya es un insulto". Pues claro, porque un partido tan demócrata no puede estar robando, sino redistribuyendo la riqueza, que en definitiva es un bien común, de un modo más justo. ¡Ole, ole ole!
El partido que ha pretendido vender la igualdad y la paridad, se ha quitado de enmedio una candidata, porque la consideraban más débil que un candidato. El partido que vende progreso, le ha cortado las alas a una joven promesa de la política para seguir apostando por los diplodocus de siempre. El partido que regala socialdemocracia a espuertas, ha eludido un proceso de elección que, en otros momentos, ha presentado como el sumum de la democracia. Y ahora, ¿qué nos queda?
Reflexiones como las de estos fantoches que dicen representarnos son las que hacen que uno pierda la confianza en la clase política, como ahora gustan llamarse; después de semejante desfachatez, apenas queda espacio político para un sector importante de la sociedad. Los de derechas, están más o menos representados, y ahora que están en horas altas, hasta satisfactoriamente representados; los de la izquierda dura, ya están resignados a no sentirse representados por nadie, pues parece claro que no tienen cabida en el actual sistema tan marcadamente neoliberal; los que nos sentíamos, al menos teóricamente, socialistas, estamos resignados a pasar por imbéciles, o a buscar refugio en partidos que nunca serán mayoritarios. Puestos a elegir, me iré con la minoría, a ver si por allí queda algo de dignidad. De todos modos, tampoco descarto lo del voto útil, por mucho que le cabree a alguno. 
¡Qué lástima! A veces me cuesta pensar que sea tan difícil ver la importancia de la institución, de la representación pública, de trabajar por el bien común. Tenía que acabarse el partidismo estúpido regido por el "y tu más" y la disciplina de voto, para pasar a unas instituciones que discutan, trabajen y voten por el bien de todos, y no del partido; que busquen lo que realmente es bueno para el conjunto de la sociedad y que cada representante del pueblo pueda tener una voz que habla en conciencia, y no en consigna. Mientras esto no ocurra, tendremos esta guerra partidista, sucia y revanchista que seguirá desenterrando muertos para arrojarlos por encima de las trincheras. Y ya es hora de terminar con esto. Todo ciudadano tiene derecho a saber dónde están sus seres queridos y tratar de enterrarlos con dignidad. Eso es indiscutible, sea cual fuere el color que defendieron en una guerra fratricida. Pero también es justo que, los que nunca pegamos un tiro, podamos mirar al futuro con la esperanza de la reconciliación y no con la condena de la separación de bandos.
Pero bueno, estaba prometido y "pacta sunt servanda", así es que me perdonáis el exabrupto e iremos a por otra cosa más alegre otro día.

lunes, 30 de mayo de 2011

Que no llego


Pasan tantas cosas y me cunde tan poco el tiempo, que tengo tentaciones de escribirlo todo en una misma entrada. Pero hay cosas que merecieran una entrada en exclusiva, y no sabe uno cómo hincar el diente a tanta actualidad desactualizada. Quería haber dicho algo sobre los indignados, aunque fuera por pura indignación solidaria; se me pasó lo de Bildu y sus promesas democráticas y me cuesta resistirme, hablando de demócratas, a decir algo sobre el proceso de primarias del PSOE. Es que, además, escuché el otro día a Manolo Chaves explicándolo y, de verdad, me entran ganas de afiliarme al partido para poder evidenciar el hecho de borrarme. Sólo el grito de la calle Génova de "esto es democracia y no lo de Sol" lo ha superado en grado de estulticia, llegando incluso a rayar la estupidez profunda.
Dadas así las cosas, me decantaré por el remix que parte de la decisión del Tribunal Constitucional de desdecir al Tribunal Supremo para que todos parezcamos imbéciles y que desemboca en las primarias del partido que gobierna este país y que, al parecer, no quiere que parezcamos sino que seamos imbéciles. Así que no crea nadie que de aquí pueda salir algo distinto a una imbecilidad, pero vayamos a por ella, aunque sea por puro divertimento inocuo.
Me perdonarán los que se sientan más implicados, pero a veces me acuerdo de aquellos niños, un poco gallitos, que tenían una pelota de reglamento, que era como un lujazo al lado de las pelotas de plástico que se apepinaban al segundo boleón y que siempre salían rebotadas hacia donde pasaban los coches; pues bien, estos notas, por el mero hecho de ser los dueños del balón, se erigían en árbitros parciales y dictaban las reglas del juego, siempre a su conveniencia o a la de alguno de sus amigos. El resto miraba el balón de reglamento, luego la pelota de plástico, y tragaban con todas las reglas estúpidas de los niñosdueñosdelbalóndelasnarices; evidentemente, no había color entre jugar con un balón profesional, o eso creíamos, que hacerlo con una incontrolable pelota de plástico. Para ser justos hay que reconocer que también había una contrapartida; cuando llegaban los pitufos a confiscar las pelotas, el rostro desencajado de los dueños de las pelotas se arrastraba entre los coches deseando que los hombrecillos de azul fueran tan estúpidos como parecían dentro del 4L con sirena y pegatina fosforita. Pues bien, el balón de reglamento es a veces la paz y sus dueños, parece que son aquellos que tienen capacidad de quebrarla. Y a veces sorprendemos a algunos con los ojos haciéndoles chirivitas por darle unas pataditas a ese balón, casi de estreno, que sostienen bajo el brazo los dictadores de tres al cuarto que te parten una pierna y no pasa nada, pero tú no puedes hacerle una carga legal porque se llevan la pelota. Pues eso, que se lleven su puta pelota, que ya nos la arreglaremos con la de plástico que, además, cuando se la llevan los municipales, jode menos, porque ahora la venden por docenas en los chinos.
Pero no, al final el balón de reglamento es demasiado goloso, sale genial en las fotos y tiene la magia de la exclusividad, vinculada directamente a ser amigo del niñodueño. ¡No es justo!, grita uno. ¡Calla!, dice el otro, que se va a llevar la pelota. Y ahí estamos, haciendo como que estamos contentos, para ser amiguitos del que manda en la pelota. De estúpidos, la verdad.
Por eso a uno le renacen las esperanzas cuando ve a gente en movimiento, que intentan presentar alternativas y los de siempre dicen que es lo de siempre. Pero uno tiene la ilusa esperanza de que no sea así, de que realmente la propuesta de reflexión, sea más profunda que las meras consignas neopseudojipis que se apuntan a todo lo que suene a contraalgo. Aunque da la impresión que la sociedad está bastante oxidada como para moverse hacia algo distinto al sota, caballo y rey de cada día. Aún así, ojalá todo esto llegue a algo, más allá de la manipulación política y el jueguecito sucio de la pesca de votos a cualquier precio. Los perroflautas se han decidido a soplar y muchos tienen miedo a que suene algo. Los de izquierda han dicho que no son representativos, porque hay mucho burgués y mucho niño bien; los de derecha han afirmado que son los rojetes antisistema que dan la murga de vez en cuando... Quién sabe, lo mismo suena y salen sonidos de libertad, de reflexión, de solidaridad en la estructura social, de más participación ciudadana, de salir de este letargo... En Madrid no habrá mossos de cuadra, de los que dan coces a quien se les ponga por delante, pero seguro que están sus primos hermanos que tampoco se van a cortar un pelo. Parece urgente llegar a una vía de solución que organice todo este cúmulo de inquietudes y que no se diluya en la hermosa aventura de tomar la calle y luego contarlo. Hay que hacer que alguien recoja todo esto y sirva como fermento de una nueva masa. Ánimo.
Se me queda en el tintero lo de las primarias que, ahora caigo, será por aquello de considerarnos primos. No quiero alargar más esta entrada, así que intento comentarlo otro día, aunque siga estando desactualizado.

martes, 3 de mayo de 2011

Un mundo mejor

Eso es lo que dicen que tenemos desde que le dieron matarile a Ben Laden, un mundo mejor. Yo lo he intentado desde varias vertientes, pero no he logrado alegrarme por la muerte de este tipo, por muy cabestro que fuese. La verdad es que no me produce alegría la muerte de ningún ser humano, aunque también es verdad que no me he visto nunca en la situación de tener que desear la muerte de nadie. A lo mejor está ahí la cuestión, pero me encantaría que, si llegase ese momento, aún para desear la muerte de alguien como resarcimiento de algo, no llegue en verdad a alegrarme con su deceso. Pero no era de esto, concretamente, de lo que quería hablar. Me llama más la atención el vocabulario que se ha manejado en toda esta historia. Entiendo que a Ben Laden le habían declarado la guerra y le habían jurado venganza por creérsele detrás de las acciones terroristas contra los intereses de occidente, en general, y de Estados Unidos, en particular. A nadie se le escapaba que, si tenían la oportunidad, los estadounidenses iban a buscar el fin de este tipo. De hecho hasta montaron una guerra con este objetivo, la de Afganistán. Pero no estoy seguro de que a su, como decirlo, liquidación, se le pueda llamar ajusticiamiento o algo por el estilo.
Está claro que los usamericanos no se la cogen con papel de fumar en estos asuntos. Tenían más que claro que el "vivo o muerto" significa precisamente eso, que tan válido es detenerlo como abatirlo. Aquí no lo tendríamos tan claro. O sí, porque la mayoría de los medios han papagalleado las palabras de Obama sin mayor crítica. Otros, como siempre, se han saltado la valla para calificarlo de asesinato. Pues hombre, tampoco. Creo que no es un ajusticiamiento porque no ha mediado juicio justo y sentencia, y eso concediendo que en Estados Unidos se acepta la pena capital. Claro, que tampoco debiera ser calificado de asesinato porque esta palabra conlleva una serie de connotaciones que no concurren en el caso que nos ocupa. Se trata, claramente, de una acción de guerra, y precisamente es en esta circunstancia cuando la palabra justicia o la palabra asesinato no casan demasiado bien. Acción de guerra pero,... ¿justa? Aquí sí que tendríamos terreno para la polémica. Pero no voy a detenerme, sobre doctrina de guerra justa hay escritos miles de volúmenes y lo mío sería una opinión bastante advenediza. Toda guerra tiene su parte de "sucia" y "fullera", incluso aquellas donde los estrategas se entrevistaban antes de la contienda para desearse caballerosamente buena suerte. Al final uno, inevitablemente, trataba de engañar al otro. Así pues, no creo que haya que darle demasiadas vueltas al asunto. Estados Unidos, habiendo declarado la guerra al terrorismo internacional, y habiendo señalado al señor Ben Laden como su máximo precursor, ha buscado en todo momento descabezar la estructura cargándose a su líder. Y eso ha hecho.
Entiendo que si ahora alguien quisiera ponerse la banderita de justo, ya que la de pacífico se la pusieron en Oslo, hubiera tenido que buscar la detención de este terrorista, para su posterior encarcelamiento y enjuiciamiento. Eso habría sido justo. Pero claro, en su carta de la baraja estaba puesto lo de "dead or alive" después del "wanted", y eso no es fácil de gestionar en situaciones extremas. No había que ser muy avezado para comprender que, cuando las cosas pintan así, tipo "far west" y con recompensa de por medio, es más fácil terminar muerto que vivo. Sobre todo si el tipo iba armado. Y siempre suele estarlo en las crónicas.
Así pues, hoy el mundo debiera ser mejor. Yo, sin embargo, no lo tengo tan claro. A veces me pongo a dudar de que Al Qaeda tenga la infraestructura que dice tener; de que realmente estén detrás de todos los atentados que dicen estar; de que estén interconectados y organizados. Pero tampoco ando yo muy ducho en estas cosas. Me entristezco ante la realidad de un mundo que se vertebra sobre el poder económico, que suele entender muy poco de sentimientos y es poco compasivo con los más débiles. Me indigno ante la incapacidad de las organizaciones internacionales para poner un poco de paz en cada uno de los conflictos que surgen a diario en este mundo. Me sigo sorprendiendo ante la desfachatez de los políticos para pegar eufemismos, aunque sea con loctite, a la cruda realidad.
El ejército de Estados Unidos ha matado a Osama Ben Laden. Pues eso, vamos a dejarnos de pegotes. Podrían haberse dado el lujo de hacerlo mejor y han preferido coger la de enmedio, que no ha contribuido demasiado a que este mundo sea mejor, más justo y no tan cruel.