jueves, 26 de febrero de 2009

La coherencia

Hace tiempo que estoy convencido de que, si hay algo complicado en este mundo, es ser coherente. Me hace gracia, por ejemplo, el planteamiento que se hace con la violencia en los "territorios ocupados". Pero claro, una de esas gracias hilarantes de las que ríes por no llorar. Y me explico. Resulta que, al parecer, poner una bomba en la sede social de un partido político, es un acto reivindicativo de la libertad. Sin embargo, liarte a mazazos con los cristales de la sede social de otro partido político, es un acto fascista. Y ahora viene la risa.
No entiendo como, a estas alturas, sinceramente, se sigue dando cancha al papanatismo estúpido de los proetarras, que se creen sus propias imbecilidades. Lo malo es que el resto de la gente se apunta sin demasiada crítica. Señores, no. No se puede admitir jugar sin seguir las reglas. Aquí no me vale el "en mi casa se juega así" o "yo me lo sé de otra manera". Las reivindicaciones políticas se han de pelear con la palabra, y no con la pistola. Y si no es así, no se puede jugar. Sencillamente es imposible.
Pero los energúmenos de siempre, que desgraciadamente son más de cuatro, se plantan y hacen una manifestación "pacífica" de protesta, después de haber inundado las calles de carteles amanazadores. Resultado, si eres de los que pones bombas, sales a que te saquen en la tele; si eres de la tele, vas a sacar a los subnormales que ponen bombas; si rompes cristales, aunque te hayan reventado la casa de rebote, te tienes que ir para siempre de tu país.
Creo que ya está bien. Hay que pasar ya de esa idea políticamente correcta de responder a la violencia con resignación. No, hay que ser más valientes y más demócratas. La violencia hay que responderla no con condescendencia sino con denuncia. Por eso digo, vamos a ser coherentes, basta ya, más intervención policial y más protección a los derechos de los ciudadanos. Más rigurosidad en la justicia y trabajos para la comunidad. Que de una vez por toda el hacha caiga sobre la serpiente y la degüelle. Lo demás, serán pañitos calientes. Viva Euskadi libre de ETA. Vamos, que pueda vivir de una vez por todas.

martes, 24 de febrero de 2009

FESPACO

Ouagadougou bulle en
la preparación de la vigesimo primera edición de su famoso festival de cine panafricano, la FESPACO. Se congregan gentes llegadas de toda la región y gran número de europeos, que son los que verdaderamente interesan, por la repercusión económica que eso tiene. Evidentemente, y
a pesar de lo dicho, no se trata de un festival de masas, sino más bien de un acontecimiento pintoresco que Burkina Faso trata de rentabilizar de la mejor manera posible. Todo beneficio es bienvenido, eso es innegable en un país que anda siempre debatiéndose los últimos puestos de las listas de índice de desarrollo humano.
Y tal vez por ello sorprenda tanto que sea precisamente aquí, en Burkina, donde tenga lugar dicho acontecimieto. Esta circunstancia dice mucho en favor de los cuatro locos cineastas que han creído en su proyecto, a pesar de las circunstancias adversas, tales como Idrissa Ouedraogo, Pierre Yameogo o Gaston Kaboré, entre
otros. Locos en una ciudad que vibra por y con el cine, aunque generalmente en locales clandestinos y con producciones norteamericanas, indias o chinas. Eso es lo que hay, y sobre todo porque los 1500 francos CFA de la entrada oficial dejan en la calle a la gran mayoría.
Podríamos elaborar una sesuda teoría de los daños de la piratería en la industria cinematográfica, pero aquí se llega a lo que se llega, y resulta bastante snob pagar más, pudiendo pagar menos. Quizá aquí se vea claro que la salida no es la persecución de cánones, sino el abaratamiento del proceso. Si las películas autóctonas lograran tener la distribución de las americanas o las indias, sin duda estarían entre las más vistas, porque el cine autóctono tiene el marchamo indiscutible de África, y eso lo hace enganchar enseguida con sus gentes.
Pero me temo que eso queda lejos. Algún productor sueña con esta posibilidad, basándose en las nuevas tecnologías digitales, que hacen abaratar enormemente el precio de la producción. Pero igualmente coincide en que todavía deben pasar muchos años para que el cine esté realmente al alcance de todos. Es una pena, sobre todo porque se allí se apañan con casi nada, pero queda camino por recorrer.
Mientras tanto, siguen organizando la FESPACO, que cumple ya cuarenta años. Desgraciadamente la repercusión sigue siendo limitada y el apelativo de famoso del principio llevaba algún ramalazo de ironía, aunque suene algo de vez en cuando. Sólo confío en que el proyecto siga y pueda visitarla en su próxima edición, pues para la de este año lo tengo más complicado. ¿Quién se llevará este año el Ethalon de oro?

miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Qué plazo?


Me preguntan, y con razón, de qué plazo estamos hablando. Es cierto que nunca podemos establecer un criterio univesalizable, por lo que siempre podremos encontrar a alguien que tenga un criterio diferente al nuestro, basado en algo razonable, por supuesto. Pero bueno, yo tengo el mío. Como comentaba en el anterior post, prefiero una ley de plazos, pero escogiendo el mal menor, pues estoy convencido de que el aborto es un fracaso de la educación en la inmensa mayoría de los casos. Es decir, puestos a elegir, elegiría una reestructuración seria de la política educativa en materia de sexualidad y procreación para evitar lo de siempre, que las niñas paguen el papanatismo de los adultos.
Pero bueno, como vamos a los plazos, intento exponer mi parecer. Creo que hay una diferencia importante entre que se produce la concepción y posteriormente la anidación del embrión. Cierto es qeu podríamos hacer mucha filosofía con lo genético, pero no voy a extenderme en ello. La concepción implica la creación de un "banco genético" en absoluto desdeñable, pero que tiene muchas posibilidades de no llegar a término. Una vez que se produce la anidación de la mórula en el endometrio, estamos hablando de otro estadío, donde se reducen las posibilidades de fracaso y consiguientemente aumentan las de éxito. En esta situación creo que hay que hacer una valoración ética diferente, aunque sea por el mero hecho cuantitativo. Pero creo que puede establecerse otro límite claro entre este hecho y el nacimiento, y es el de la aparición de la "cresta neuronal", lo que llegará a ser con el tiempo el cerebro. Desde una perspectiva estructuralista, podríamos hacer hincapié en lo significativo de este momento, que configurará aquello que asentará la base de la característica más propia del ser humano, su capacidad pensante. Por eso en el momento que surge el surco neural, podríamos decir que se establece la base estructural de un ser humano y que merece una consideración ética apropiada a su condición. Estamos hablando de las tres o cuatro semanas, tiempo hasta el que debiera extenderse esa libertad para tomar la decisión en el foro privado. A partir de este momento, tiene que ser el foro público el que regule las decisiones, y aquí habría que empezar a ser estrictos con los supuestos.
Algunos dirán que es muy poco tiempo, pero si nos estamos jugando el estatus ontológico del ser humano, es decir, a punto a partir del cual a un ser humano lo consideramos humano, ningún tiempo es corto, pues nos jugamos muchísimo. Además, siempre trato de dar una visión que sea compatible con la realidad del creyente. Es decir, frente al fixismo de algunas posturas que a veces lo único que buscan es eludir el diálogo, presento aquí una postura que, aunque mantiene su dosis de inquietud y de polémica, permite al menos una apertura al diálogo con la sensación de mantenerse en un contexto de cierta realidad, sin el penoso olor a sacristía poco iluminada. Tenemos que reivindicar un rol en el foro público, pero hay que desarrollarlo con dignidad y con cierta credibilidad. Por eso, me apunto a la ley de plazos, pero ojito con los plazos.

viernes, 13 de febrero de 2009

Lo del aborto


Tal vez alguno se sorpredería con lo que pudiera leer a continuación, por no esperable. Ya he comentado alguna vez lo que supone la ley del aborto, frente a una buena política de educación, que es en verdad de lo que adolecemos. Pero como las cosas siguen su curso, sería absurdo esperar una rectificación al respecto por parte del gobierno. Casi doy por sentado que no se va a promover un debate público más amplio que aquel que ha sido ya planteado, así que tendremos que dar por supuesta una ley le plazos para el aborto. Y dadas así las circunstancias, yo casi la apoyo. Eso sí, a cambio de un planteamiento realmente honesto de la puesta en acción. Y es que casi estoy de acuerdo con que haya un período de tiempo donde la decisión del aborto esté restringida al foro de lo privado, aún con lo que ello supone. Pero claro, todo a cambio de que se respete escrupulosamente el terreno de lo público, y en ese terreno la decisión no es exclusiva del interesado, ni exclusiva del proveedor de servicio, sino que han de cumplirse realmente los protocolos que el gobierno haya estimado oportunos.

Cualquiera que no sepa muy bien de qué se trata todo esto, pensará que no me expreso con claridad meridiana, pero a poco que conozcas el modo de proceder actual, sabría a qué me estoy refiriendo. En la actualidad son muchos los casos en los que alguien acude a realizar una interrupción del embarazo y, si no se cumplen los requisitos exigidos, se falsean. Posteriormente nadie se encarga de verificar si la persona estaba o no preparada psicológicamente para afrontar, no un embarazo no deseado, sino un aborto no aceptado. El resultado es que miles de adolescentes siguen llorando con miedo y desesperación una pérdida ni siquiera comprendida. Pero claro, las madres tienen mucha prisa, las clínicas mucha demanda y los políticos, en muchos casos, muy poco sentido de la responsabilidad.

Así pues, aceptaría una ley de plazos, en lugar de una de supuestos. Pero velemos porque los plazos se cumplan y no se sacrifiquen estos a los supuestos. De lo contrario, tendría que decir que me da igual qué ley pongan, porque sigue siendo una verdadera chapuza. Si decidimos separar las dos esferas, de lo privado y de lo público, respetemos el marco en el cual ambas actúan.

Entiendo que mucha gente no secundará mi opinión, pero creo que a veces no merece la pena oponerse a algo que sabemos que va a isntaurarse por esa estúpida costumbre de la disciplina de voto en el parlamento. Así que mejor trabajar por conseguir la mejor opción posible, dentro de lo que se va a dar por hecho. Lo contrario sería exigir que empezáramos por el principio, que sería lo deseable, pero que a estas alturas se me antoja imposible. No me veo a sus señorías enfrascadas en la sesuda tarea de debatir sobre el status ontológico del embrión humano. Hasta ahí podríamos llegar.

sábado, 7 de febrero de 2009

El caso de Eluana


En las últimas semanas hemos tenido la oportunidad de seguir en al prense el caso de Eluana Englaro, una joven italiana que, tras el accidente de tráfico que sufrió en enero de 1992, quedó en Estado Vegetativo Persistente (EVP). Aquellos que hemos tenido la oportunida de seguir estos temas, sabemos que no se trata de un caso novedoso y, si me apuran, ni siquiera merecedor del tirón mediático. El caso de Eluana es muy similar al de Nancy Cruzan, caso estrella en las cortes judiciales de los años ochenta estadounidenses, muy vinculado a su precedente compatriota de Karen Ann Quinlan. Después hubo más y, desgraciadamente, tendremos otros tantos que habrán quedado en el anonimato. Pero lo que no deja de sorprenderme es que, a estas alturas, se siga vinculando este tipo de casos al tema de la eutanasia. Desde mi entender, no hay nada más absurdo.
Tras años de debate tendría que haber quedado claro que, cuando hablamos de eutanasia nos estamos refiriendo a aquella práctica en la que alguien, generalmente un médico, pone fin a la vida de otro, con un acto positivo, previa petición del interesado. Y si no media la petición expresa, no puede ser considerado un acto eutanásico, sino más bien homicida. Pero lo que se está discutiendo en el caso de Eluana, es algo totalmente diferente, que no tiene nada que ver con esta situación. Y ello por varias razones.
En primer lugar, aunque los periodistas se empeñen en llamarlo así hasta la saciedad, la paciente no está en coma irreversible, sino más bien en un EVP, lo cual quiere decir que el deterioro de su cerebro a nivel superior le impide sentir, sufrir, querer, interactuar, etc. Sólo sus funciones vegetativas han quedado intactas, pero nada queda de sus funciones cognitivas. Es decir, Eluana no puede solicitar la eutanasia. En segundo lugar, por muy periodístico que suene, no podemos hablar de sensaciones como el hambre, la sed o cualquier otra percepcción. Su cerebro la incapacita para ello. Así pues, Eluana no está sufriendo. En tercer lugar, lo que se está pidiendo es que se suspenda una medida de soporte vital artificial que permita que la naturaleza siga su curso, y no que se ponga un acto positivo para matarla.
Por todo ello, y conste que es un mero apunte, no podemos establecer un vínculo con la eutanasia, pues sólo confunde y vende periódicos. Así que se equivocan los periodistas, cuando hablan de manera sesgada e incompleta; se equivoca el gobierno italiano, que hace bien en ir con cautela, pero que haría mejor si se asesorase y pusiera fin a los equívocos reconociendo que tan solo es un caso de retirada de medidas de soporte vital; se equivoca la Iglesia en dos cosas, la primera cuando no se deja hablar a los moralistas y se pretende hacer creer que la teología dogmática llega a todo, la segunda cuando invocan la santidad de la vida a cualquier precio, cuando tendrían que defender lo que es coherente con su planteamiento, el cursum natura que nos reconcilia con el ciclo de la vida y la muerte.
Por detrás de todas estas confusiones se obvia lo más importante, el deseo de Eluana. Y efectivamente, me diréis que ella no puede desear, y es correcto sólo hasta cierto punto. Eluana tiene un tutor, puesto ahí por la sociedad para garantizar su autonomía, para que, en el caso en que ella quedase incapacitada para ello, pudiera tomar decisiones en su nombre, eligiendo aquello que supone el mayor bien del paciente. Desgraciadamente Eluana no puede decir nada al respecto; es posible, incluso, que nunca dijera nada al respecto. Pero lo que es indiscutible es que si el juez otorga validez a su tutor, respetar su opinión equivale a respetar el deseo de Eluana, y eso es lo verdaderamente importante. Esta postura se puede defender desde la democracia, el estado de derecho, la fe cristiana y la conciencia ciudadana. Con ninguna de estas tendencias entra en conflicto sino con la de siempre, la más difícil de solucionar, la pertinaz falta de sentido común en todos los estamentos de nuestra sociedad.

jueves, 5 de febrero de 2009

¡Qué pelazo!


Con esta expresión se refirió un conocido al ex presidente de gobierno español José María Aznar. Y es verdad, ¡qué pelazo! No sé si tenderá a moverse entre estilistas y asesores de imagen, pero qué quieren que les diga, y no es por envidia, debiera hacerse un arreglito. Y digo lo del arreglito, sobre todo, porque me da la impresión de que tanto pelo le está sobrecalentando la cabeza y las ideas se le vuelven calenturientas, como esa de justificar abiertamente la respuesta de Israel a las provocaciones palestinas. Como ya dijo Píndaro Dulce bellum inexpertis, o lo que viene a ser lo mismo, que la guerra es dulce para el que no la conoce.
Me da la impresión que esta es una fea costumbre que tenemos en nuestro occidente ombliguista, pensar que nuestra sabiduría está por encima de la realidad. Por eso nos atrevemos a pensar, desde lejos, que la guerra es una solución plausible, cuando siempre podemos encontrar otros caminos alternativos. Sí, siempre, si hay voluntad. Más aún si se trata de la discusión que va más allá de lo ideológico, donde siempre encontraremos talibanes dispuestos a inmolarse, y se centra en lo que viene a ser el verdadero corazón del problema, la eterna controversia entre ricos y pobres. Desde esta perspectiva, mucho más real en el caso que nos ocupa, los derechos de Israel serán siempre más preclaros que los de Palestina y, dicho sea de paso, lejos yo de defender a los chalados que se dedican a tirar cohetes como otrora apaleaban una colmena al salir del colegio. Lo que ocurre es que la realidad es poliédrica, y se hace imposible hacer una aproximación real desde todas sus caras, cayendo en la fácil tentación de interpretar el mundo con nuestra mirada, sin contar con otras muchas, y menos aún con la de los tuertos.
En cualquier caso, la pregunta tiene truco. ¿Se quedaría vd. quieto si sus vecinos le bombardean su territorio poniendo en peligro a su familia, su estabilidad y su proyecto de futuro? Pues seguramente no, como tampoco me quedaría quieto si me expropiaran mi campo, donde mis ovejas vienen pastando desde que David se dedicaba a cortar los prepucios de los tatarabuelos, y se lo dieran por la cara a un montón de centroeuropeos que entienden de oriente lo que Bush de energías renovables. O sea, que para ser serios tenemos que ir al origen del problema y ese origen estriba en la propiedad de la tierra que, por mucho que Yahvé se empeñara, fue de los palestinos antes que de los judíos; que de aquellos judíos, que si hablamos de los que luego vinieron... pues eso, no tenían de esa tierra ni el color de los cabellos. Al menos eso sí lo tiene Aznar. ¡Qué pelazo! (Por cierto, la foto se la he cazado al diario Público, que al final se la ha pagado a EFE. Gracias a los dos por su desinteresada colaboración)

domingo, 1 de febrero de 2009

Las rachas


Efectivamente, son rachas. No sabríamos muy bien cómo explicarlo, ni científica ni esotéricamente, pero son rachas. La mía se va alargando demasiado, pues no puedo enganchar más de un mes tranquilo, con cierto ritmo y, hasta con ganas de escribir. Pero como no sabemos quién controla esto, tampoco vamos a detenernos a darle más vueltas. Que se acabe la racha, y punto.
Aunque, hablando de rachas, a ver cuánto nos dura la mala racha de la crisis... o lo que sea. Recuerdo que antes estábamos todos preocupados porque los precios había subido una barbaridad, y claro, nos acosaba eso que los economistas llaman inflacción, que es como la sensación de que no llegas nunca a final de mes, pero en plan global, como tienen que ser los grandes problemas. Pero mira tú por donde, justo cuando estábamos intentando reajustar los presupuestos domésticos, cuando caíamos en la cuenta de que el gasoil había bajado y que nos estábamos gastando unas docenas de euros menos por llenar el depósito del coche, nos encienden la lucecita de alerta de la deflacción. No sabría muy bien cómo explicar esto pero, parece ser, que no debiéramos ponernos contentos porque los precios bajen, porque al final es peor... ¿Peor para quién?, digo yo. Pues para todos, también en sentido global, oye, que se trata de un gran problema.
Así que, sin saber muy bien por qué, se me ha borrado la media sonrisa que últimamente se me venía dibujando frente al surtidor de gasoil. Me obligo a ponerme serio y hasta me entran ganas de comprarme un ambientador, de esos que en la gasolinera cuestan seis veces más que en el Mercadona, para compensar el gasto. Porque me han explicado que lo importante es consumir, cuanto más mejor, a ser posible.
Y quizá sea en este momento cuando me encuentro con el verdadero problema de conciencia, pues yo llevo bastante mal eso del consumo. Me imagino que habrá sido por deformación acumulada en los años de juventud, pero a mí eso de comprar por comprar, no termina de salirme. Y a veces me pongo, de verdad, pero no soy capaz de bordarlo. Tengo que reconocer que antes me tranquilizaba, porque era algo así como un punto de resistencia frente a esta sociedad moldeada por y para el consumo... pero claro, ahora estamos hablando de un gesto solidario. O sea, gasta más de lo que tienes, porque así el consumo funcionará y, aunque parezca que no llegas a fin de mes, ya saldrá una ayuda para... ¡los bancos!, que te prestarán dinero a un interés mucho más algo que el del mercado, y así no pararás de depender de ellos. ¿No será que a quien perjudica la deflacción es a los bancos? No tendríamos que descartar del todo esa cuestión. Claramente están siendo los grandes protagonistas de esta crisis, en parte generada y mantenida por ellos.
Y es que a poco que echemos un vistazo a las nuevas "catedrales" de nuestras ciudades, nos daremos cuenta de quién es el verdadero dios de la sociedad. Sus "templos" destacan en medio de los hogares de la gente, como antaño lo hcían las catedrales en los burgos. Sí, sí, salvemos las distancias, pero que Dios nos pille confesados.