miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Qué plazo?


Me preguntan, y con razón, de qué plazo estamos hablando. Es cierto que nunca podemos establecer un criterio univesalizable, por lo que siempre podremos encontrar a alguien que tenga un criterio diferente al nuestro, basado en algo razonable, por supuesto. Pero bueno, yo tengo el mío. Como comentaba en el anterior post, prefiero una ley de plazos, pero escogiendo el mal menor, pues estoy convencido de que el aborto es un fracaso de la educación en la inmensa mayoría de los casos. Es decir, puestos a elegir, elegiría una reestructuración seria de la política educativa en materia de sexualidad y procreación para evitar lo de siempre, que las niñas paguen el papanatismo de los adultos.
Pero bueno, como vamos a los plazos, intento exponer mi parecer. Creo que hay una diferencia importante entre que se produce la concepción y posteriormente la anidación del embrión. Cierto es qeu podríamos hacer mucha filosofía con lo genético, pero no voy a extenderme en ello. La concepción implica la creación de un "banco genético" en absoluto desdeñable, pero que tiene muchas posibilidades de no llegar a término. Una vez que se produce la anidación de la mórula en el endometrio, estamos hablando de otro estadío, donde se reducen las posibilidades de fracaso y consiguientemente aumentan las de éxito. En esta situación creo que hay que hacer una valoración ética diferente, aunque sea por el mero hecho cuantitativo. Pero creo que puede establecerse otro límite claro entre este hecho y el nacimiento, y es el de la aparición de la "cresta neuronal", lo que llegará a ser con el tiempo el cerebro. Desde una perspectiva estructuralista, podríamos hacer hincapié en lo significativo de este momento, que configurará aquello que asentará la base de la característica más propia del ser humano, su capacidad pensante. Por eso en el momento que surge el surco neural, podríamos decir que se establece la base estructural de un ser humano y que merece una consideración ética apropiada a su condición. Estamos hablando de las tres o cuatro semanas, tiempo hasta el que debiera extenderse esa libertad para tomar la decisión en el foro privado. A partir de este momento, tiene que ser el foro público el que regule las decisiones, y aquí habría que empezar a ser estrictos con los supuestos.
Algunos dirán que es muy poco tiempo, pero si nos estamos jugando el estatus ontológico del ser humano, es decir, a punto a partir del cual a un ser humano lo consideramos humano, ningún tiempo es corto, pues nos jugamos muchísimo. Además, siempre trato de dar una visión que sea compatible con la realidad del creyente. Es decir, frente al fixismo de algunas posturas que a veces lo único que buscan es eludir el diálogo, presento aquí una postura que, aunque mantiene su dosis de inquietud y de polémica, permite al menos una apertura al diálogo con la sensación de mantenerse en un contexto de cierta realidad, sin el penoso olor a sacristía poco iluminada. Tenemos que reivindicar un rol en el foro público, pero hay que desarrollarlo con dignidad y con cierta credibilidad. Por eso, me apunto a la ley de plazos, pero ojito con los plazos.

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