lunes, 6 de junio de 2011

Pacta sunt servanda

Se me había quedado el otro día en el tintero lo de Manolo Chaves, y ya casi ni importa, porque todo el mundo ha asumido que Alfredo va a salvarnos la vida. Según él mismo cuenta, cree saber lo que España necesita en los próximos cuatro años. Como de lo que se trataba, y recojo la idea del anterior post, es de que parezcamos imbéciles, no vamos a hacer la pregunta fácil de, "majete, si sabes lo que necesita España, ¿por qué no se lo cuentas a tu colega y discípulo Zapatero, a ver si nos arregla un poquito?". E insisto, no vamos a plantear esta cuestión para que nadie piense que nuestra cabeza puede albergar algo de inteligencia; vaya a ser que alguien se cosque y nos prive de las lindezas con las que los políticos suelen trufarnos la anodina realidad.
Y sin más preámbulos, recién cepillada, y me perdonáis el término, nuestra querida Carme Chacón, un periodista le plantea a Manolo que si lo que acababa de ocurrir con las primarias del PSOE no era lo que ellos mismos habían denominado como "dedazo", aquella práctica sólo comprensible en los partidos pseudodemócratas, rancios y obsoletos, cargados con un tufillo reaccionarios y anclados en la derechona de toda la vida. Manolo abre los ojos desmesuradamente, bueno, eso me lo imagino, porque lo estaba escuchando por la radio, pero es su gesto, y contesta aquello de, "mire usté", le faltó decir imbécil; "el partido socialista es un partido democrático, y este punto es irrefutable. Los componentes de esta institución son personas profundamente democráticas, y esto nadie lo puede poner en duda. Así pues -concluye este genio de la lógica deductiva-, la elección de Alfredo como candidato no puede sino ser una elección democrática". ¡Ole, ole, ole! ¡Pero qué tío más resalao! Con este planteamiento podremos fácilmente entender la indignación de los dirigentes socialistas cuando alguien les pregunta sobre los ERE en Andalucía. "Mire usté -siempre empiezan igual-, plantear que eso ha sido posible, ya es un insulto". Pues claro, porque un partido tan demócrata no puede estar robando, sino redistribuyendo la riqueza, que en definitiva es un bien común, de un modo más justo. ¡Ole, ole ole!
El partido que ha pretendido vender la igualdad y la paridad, se ha quitado de enmedio una candidata, porque la consideraban más débil que un candidato. El partido que vende progreso, le ha cortado las alas a una joven promesa de la política para seguir apostando por los diplodocus de siempre. El partido que regala socialdemocracia a espuertas, ha eludido un proceso de elección que, en otros momentos, ha presentado como el sumum de la democracia. Y ahora, ¿qué nos queda?
Reflexiones como las de estos fantoches que dicen representarnos son las que hacen que uno pierda la confianza en la clase política, como ahora gustan llamarse; después de semejante desfachatez, apenas queda espacio político para un sector importante de la sociedad. Los de derechas, están más o menos representados, y ahora que están en horas altas, hasta satisfactoriamente representados; los de la izquierda dura, ya están resignados a no sentirse representados por nadie, pues parece claro que no tienen cabida en el actual sistema tan marcadamente neoliberal; los que nos sentíamos, al menos teóricamente, socialistas, estamos resignados a pasar por imbéciles, o a buscar refugio en partidos que nunca serán mayoritarios. Puestos a elegir, me iré con la minoría, a ver si por allí queda algo de dignidad. De todos modos, tampoco descarto lo del voto útil, por mucho que le cabree a alguno. 
¡Qué lástima! A veces me cuesta pensar que sea tan difícil ver la importancia de la institución, de la representación pública, de trabajar por el bien común. Tenía que acabarse el partidismo estúpido regido por el "y tu más" y la disciplina de voto, para pasar a unas instituciones que discutan, trabajen y voten por el bien de todos, y no del partido; que busquen lo que realmente es bueno para el conjunto de la sociedad y que cada representante del pueblo pueda tener una voz que habla en conciencia, y no en consigna. Mientras esto no ocurra, tendremos esta guerra partidista, sucia y revanchista que seguirá desenterrando muertos para arrojarlos por encima de las trincheras. Y ya es hora de terminar con esto. Todo ciudadano tiene derecho a saber dónde están sus seres queridos y tratar de enterrarlos con dignidad. Eso es indiscutible, sea cual fuere el color que defendieron en una guerra fratricida. Pero también es justo que, los que nunca pegamos un tiro, podamos mirar al futuro con la esperanza de la reconciliación y no con la condena de la separación de bandos.
Pero bueno, estaba prometido y "pacta sunt servanda", así es que me perdonáis el exabrupto e iremos a por otra cosa más alegre otro día.

lunes, 30 de mayo de 2011

Que no llego


Pasan tantas cosas y me cunde tan poco el tiempo, que tengo tentaciones de escribirlo todo en una misma entrada. Pero hay cosas que merecieran una entrada en exclusiva, y no sabe uno cómo hincar el diente a tanta actualidad desactualizada. Quería haber dicho algo sobre los indignados, aunque fuera por pura indignación solidaria; se me pasó lo de Bildu y sus promesas democráticas y me cuesta resistirme, hablando de demócratas, a decir algo sobre el proceso de primarias del PSOE. Es que, además, escuché el otro día a Manolo Chaves explicándolo y, de verdad, me entran ganas de afiliarme al partido para poder evidenciar el hecho de borrarme. Sólo el grito de la calle Génova de "esto es democracia y no lo de Sol" lo ha superado en grado de estulticia, llegando incluso a rayar la estupidez profunda.
Dadas así las cosas, me decantaré por el remix que parte de la decisión del Tribunal Constitucional de desdecir al Tribunal Supremo para que todos parezcamos imbéciles y que desemboca en las primarias del partido que gobierna este país y que, al parecer, no quiere que parezcamos sino que seamos imbéciles. Así que no crea nadie que de aquí pueda salir algo distinto a una imbecilidad, pero vayamos a por ella, aunque sea por puro divertimento inocuo.
Me perdonarán los que se sientan más implicados, pero a veces me acuerdo de aquellos niños, un poco gallitos, que tenían una pelota de reglamento, que era como un lujazo al lado de las pelotas de plástico que se apepinaban al segundo boleón y que siempre salían rebotadas hacia donde pasaban los coches; pues bien, estos notas, por el mero hecho de ser los dueños del balón, se erigían en árbitros parciales y dictaban las reglas del juego, siempre a su conveniencia o a la de alguno de sus amigos. El resto miraba el balón de reglamento, luego la pelota de plástico, y tragaban con todas las reglas estúpidas de los niñosdueñosdelbalóndelasnarices; evidentemente, no había color entre jugar con un balón profesional, o eso creíamos, que hacerlo con una incontrolable pelota de plástico. Para ser justos hay que reconocer que también había una contrapartida; cuando llegaban los pitufos a confiscar las pelotas, el rostro desencajado de los dueños de las pelotas se arrastraba entre los coches deseando que los hombrecillos de azul fueran tan estúpidos como parecían dentro del 4L con sirena y pegatina fosforita. Pues bien, el balón de reglamento es a veces la paz y sus dueños, parece que son aquellos que tienen capacidad de quebrarla. Y a veces sorprendemos a algunos con los ojos haciéndoles chirivitas por darle unas pataditas a ese balón, casi de estreno, que sostienen bajo el brazo los dictadores de tres al cuarto que te parten una pierna y no pasa nada, pero tú no puedes hacerle una carga legal porque se llevan la pelota. Pues eso, que se lleven su puta pelota, que ya nos la arreglaremos con la de plástico que, además, cuando se la llevan los municipales, jode menos, porque ahora la venden por docenas en los chinos.
Pero no, al final el balón de reglamento es demasiado goloso, sale genial en las fotos y tiene la magia de la exclusividad, vinculada directamente a ser amigo del niñodueño. ¡No es justo!, grita uno. ¡Calla!, dice el otro, que se va a llevar la pelota. Y ahí estamos, haciendo como que estamos contentos, para ser amiguitos del que manda en la pelota. De estúpidos, la verdad.
Por eso a uno le renacen las esperanzas cuando ve a gente en movimiento, que intentan presentar alternativas y los de siempre dicen que es lo de siempre. Pero uno tiene la ilusa esperanza de que no sea así, de que realmente la propuesta de reflexión, sea más profunda que las meras consignas neopseudojipis que se apuntan a todo lo que suene a contraalgo. Aunque da la impresión que la sociedad está bastante oxidada como para moverse hacia algo distinto al sota, caballo y rey de cada día. Aún así, ojalá todo esto llegue a algo, más allá de la manipulación política y el jueguecito sucio de la pesca de votos a cualquier precio. Los perroflautas se han decidido a soplar y muchos tienen miedo a que suene algo. Los de izquierda han dicho que no son representativos, porque hay mucho burgués y mucho niño bien; los de derecha han afirmado que son los rojetes antisistema que dan la murga de vez en cuando... Quién sabe, lo mismo suena y salen sonidos de libertad, de reflexión, de solidaridad en la estructura social, de más participación ciudadana, de salir de este letargo... En Madrid no habrá mossos de cuadra, de los que dan coces a quien se les ponga por delante, pero seguro que están sus primos hermanos que tampoco se van a cortar un pelo. Parece urgente llegar a una vía de solución que organice todo este cúmulo de inquietudes y que no se diluya en la hermosa aventura de tomar la calle y luego contarlo. Hay que hacer que alguien recoja todo esto y sirva como fermento de una nueva masa. Ánimo.
Se me queda en el tintero lo de las primarias que, ahora caigo, será por aquello de considerarnos primos. No quiero alargar más esta entrada, así que intento comentarlo otro día, aunque siga estando desactualizado.

martes, 3 de mayo de 2011

Un mundo mejor

Eso es lo que dicen que tenemos desde que le dieron matarile a Ben Laden, un mundo mejor. Yo lo he intentado desde varias vertientes, pero no he logrado alegrarme por la muerte de este tipo, por muy cabestro que fuese. La verdad es que no me produce alegría la muerte de ningún ser humano, aunque también es verdad que no me he visto nunca en la situación de tener que desear la muerte de nadie. A lo mejor está ahí la cuestión, pero me encantaría que, si llegase ese momento, aún para desear la muerte de alguien como resarcimiento de algo, no llegue en verdad a alegrarme con su deceso. Pero no era de esto, concretamente, de lo que quería hablar. Me llama más la atención el vocabulario que se ha manejado en toda esta historia. Entiendo que a Ben Laden le habían declarado la guerra y le habían jurado venganza por creérsele detrás de las acciones terroristas contra los intereses de occidente, en general, y de Estados Unidos, en particular. A nadie se le escapaba que, si tenían la oportunidad, los estadounidenses iban a buscar el fin de este tipo. De hecho hasta montaron una guerra con este objetivo, la de Afganistán. Pero no estoy seguro de que a su, como decirlo, liquidación, se le pueda llamar ajusticiamiento o algo por el estilo.
Está claro que los usamericanos no se la cogen con papel de fumar en estos asuntos. Tenían más que claro que el "vivo o muerto" significa precisamente eso, que tan válido es detenerlo como abatirlo. Aquí no lo tendríamos tan claro. O sí, porque la mayoría de los medios han papagalleado las palabras de Obama sin mayor crítica. Otros, como siempre, se han saltado la valla para calificarlo de asesinato. Pues hombre, tampoco. Creo que no es un ajusticiamiento porque no ha mediado juicio justo y sentencia, y eso concediendo que en Estados Unidos se acepta la pena capital. Claro, que tampoco debiera ser calificado de asesinato porque esta palabra conlleva una serie de connotaciones que no concurren en el caso que nos ocupa. Se trata, claramente, de una acción de guerra, y precisamente es en esta circunstancia cuando la palabra justicia o la palabra asesinato no casan demasiado bien. Acción de guerra pero,... ¿justa? Aquí sí que tendríamos terreno para la polémica. Pero no voy a detenerme, sobre doctrina de guerra justa hay escritos miles de volúmenes y lo mío sería una opinión bastante advenediza. Toda guerra tiene su parte de "sucia" y "fullera", incluso aquellas donde los estrategas se entrevistaban antes de la contienda para desearse caballerosamente buena suerte. Al final uno, inevitablemente, trataba de engañar al otro. Así pues, no creo que haya que darle demasiadas vueltas al asunto. Estados Unidos, habiendo declarado la guerra al terrorismo internacional, y habiendo señalado al señor Ben Laden como su máximo precursor, ha buscado en todo momento descabezar la estructura cargándose a su líder. Y eso ha hecho.
Entiendo que si ahora alguien quisiera ponerse la banderita de justo, ya que la de pacífico se la pusieron en Oslo, hubiera tenido que buscar la detención de este terrorista, para su posterior encarcelamiento y enjuiciamiento. Eso habría sido justo. Pero claro, en su carta de la baraja estaba puesto lo de "dead or alive" después del "wanted", y eso no es fácil de gestionar en situaciones extremas. No había que ser muy avezado para comprender que, cuando las cosas pintan así, tipo "far west" y con recompensa de por medio, es más fácil terminar muerto que vivo. Sobre todo si el tipo iba armado. Y siempre suele estarlo en las crónicas.
Así pues, hoy el mundo debiera ser mejor. Yo, sin embargo, no lo tengo tan claro. A veces me pongo a dudar de que Al Qaeda tenga la infraestructura que dice tener; de que realmente estén detrás de todos los atentados que dicen estar; de que estén interconectados y organizados. Pero tampoco ando yo muy ducho en estas cosas. Me entristezco ante la realidad de un mundo que se vertebra sobre el poder económico, que suele entender muy poco de sentimientos y es poco compasivo con los más débiles. Me indigno ante la incapacidad de las organizaciones internacionales para poner un poco de paz en cada uno de los conflictos que surgen a diario en este mundo. Me sigo sorprendiendo ante la desfachatez de los políticos para pegar eufemismos, aunque sea con loctite, a la cruda realidad.
El ejército de Estados Unidos ha matado a Osama Ben Laden. Pues eso, vamos a dejarnos de pegotes. Podrían haberse dado el lujo de hacerlo mejor y han preferido coger la de enmedio, que no ha contribuido demasiado a que este mundo sea mejor, más justo y no tan cruel.

martes, 19 de abril de 2011

Santa Semana

Mientras escucho los sones de la Semana Santa sevillana, de lejos, como casi siempre, pensaba en la pantomima que querían haber hecho en Madrid para dar un poquito de ambiente a la semana. Me refiero, evidentemente, a la famosa procesión atea que han pretendido organizar los del "observatorio de la laicidad". Aquí pasa lo de siempre, o casi siempre, en este país. La gente confunde sistemáticamente los conceptos y a nadie le da por leer, sino por pegar gritos. ¡Qué cruz!
Alguien sugería que había que hacer alarde de tolerancia permitiendo la celebración del acto en cuestión. Yo, personalmente, me quedo satisfecho con la prohibición. Porque creo que se pueden prohibir cosas, y eso no atenta contra la libertad, sino que más bien, en ocasiones, la protege. Pero aquí seguimos llevando en la camiseta  el prohibido prohibir y nos sentimos con el derecho, siempre el derecho, de hacer lo que nos venga en gana. Y si el de enfrente se cabrea, es que es un intolerante. Evidentemente. Y sin embargo creo que es demasiado facilón, no tendrían que ser así las cosas.
Personalmente abogo por un estado laico, que sea capaz de dar cabida a las diferentes sensibilidades religiosas de los ciudadanos que conforman la sociedad. Ahora bien, no podemos de un plumazo cargarnos siglos de un bagaje cultural que nos configura como somos y que hace que no seamos de otra forma. Que ese legado es judeocristiano, pues mire usted que bien, podía haber sido otro. Creo que no hay que renunciar a nada para dar cabida a otras sensibilidades, aunque los de este observatorio de no se qué pretendan vendernos otra cosa. Por ejemplo que el laicismo consista en darle cera a la Iglesia. Si eso es un alarde de tolerancia, ya les diré yo con qué ojo observan. Así pues, volvemos a lo de siempre; lo fácil es zumbarle siempre al mismo, que tiene mucho aguante. Además, y en eso tienen razón, sus defensas a veces son estrafalarias, como de otro tiempo, de otro mundo... pero sin que nos creamos la mística. ¡Qué le vamos a hacer! Lo que ocurre es que no creo que eso justifique la badana. Un observatorio de la laicidad, que vende eso de la tolerancia, tendría que hacer un esfuerzo por ser, si no más tolerante, al menos más serio.
Señores del observatorio, si ustedes quieren un Estado laico, tendrían que proponerse unas acciones que fueran más al meollo de la cuestión, y no quisieran convertir el laicismo en una especie de religión sustitutoria. No se dan pasos hacia ese estado quitando símbolos, escondiendo actos ni quemando cuadros de santos, de los que los museos españoles están repletos. Antes bien, alguien debiera preocuparse por formar a los niños en el hecho religioso, mostrando las particularidades de las distintas interpretaciones culturales del mismo. A lo mejor entendíamos muchas cosas y aprendíamos a respetarlas. A lo mejor incluso descubríamos que el diálogo es más fructífero que la confrontación del "y tu más". Puede, y sólo puede, que hasta llegásemos a la conclusión de que el laicismo sólo es posible en una cultura de raíz judeocristiana, y valorásemos ese hecho. Aunque claro, para eso habría que leer algo y los del observatorio están más a otras cosas.
Soy consciente de que nadie resiste una hemeroteca, como le escuché una vez decir a Don Julio Anguita, por eso sería interesante tirar de artículos de periódico para comprobar cómo, los mismos que hoy se indignan por la prohibición de la procesión laica, defendían el derecho cultural de las mujeres musulmanas en el uso del burka. Sobre eso hay un debate intensísimo en nuestro país vecino, Francia y que aquí nos daría mucha vergüenza plantear. No sé si por coherencia con nuestro extraño sentido de laicidad, o por simple complejo de lo políticamente correcto.
En estas cuestiones, como en muchas otras, nos seguimos jugando lo que realmente es difícil en este mundo, y es eso de ser coherentes. Mucho hippy con playstation, mucho rafta con GTI, mucho observador sin criterio... así va a ser difícil que hablemos de laicismo serio. Ya se han llevado su minuto de gloria; si se aburren, seguro que alguno se atreve... en Madrid, a hacer alguna que otra provocación. Pues sí, chicos, y chicas, claro, que seguro que son muy igualitarios; pues sí, yo me alegro de que se prohíba una procesión que pretende ser un boicot a la semana santa. También me alegraría que se prohibiera una manifestación de machotes para boicotear el día del orgullo, o una manifestación pro-monárquica el catorce de abril y hasta una de madres contra la droga frente a un club privado de consumo de marihuana. Ahora, si lo que queremos es fastidiar, con jota, pues nada, todos moros o todos cristianos... uffff, con lo bien que iba... todos laicos, quería decir; a montar una semana santa atea y luego nos vamos a quemar estampitas de mahoma vestido de porky a la puerta de la Mezquita de la M-30. Verás tú tolerencia.


sábado, 16 de abril de 2011

Costa de Marfil

Definitivamente, la literatura está reñida con la paternidad. Hace ya varios meses que quería retomar esta bitácora, ya casi abandonada y he terminado desistiendo en todas las ocasiones. Veo en la memoria varios borradores incompletos, que nunca llegaron a ser pulidos para publicarse. Así que me imagino que tendré que intentar, ahora que estoy solo, escribir la entrada del tirón. De lo contrario corre el riesgo de las anteriores, que duermen el sueño de los justos.
Han pasado tantas cosas, que no sabría ni por donde empezar. Reconozco que, últimamente, el tema que más me ha preocupado ha sido el de Costa de Marfil y su situación tras la tremenda crisis post-electoral, como se ha venido en llamar. Yo sigo aún sin entender muchas de las cosas que han ido ocurriendo y, tal vez, como comentaba Désiré, hay cosas que no se entienden completamente si no se ha vivido allí. Yo, evidentemente, no me las doy de entendido. Sin embargo, tal vez por tener en un cajón el libro de familia de la República de Costa de Marfil, me siento interpelado para poder exponer algo de mis reflexiones al respecto.
Después de la guerra civil, iniciada hace ya casi diez años, era urgente la celebración de unas elecciones presidenciales. Pero todo es más complicado de lo que nos pensamos. Para celebrar las elecciones, hay que elaborar un censo... y eso sí que es una ardua empresa. En Costa de Marfil, motor económico de la zona durante años y esperanza para miles de inmigrantes, es muy difícil determinar, sobre todo en la zona rural, cuándo ha nacido cada ciudadano, en qué lugar exacto y todavía queda por aclarar si todo nacido en territorio marfileño tiene derecho a ostentar su nacionalidad. Así las cosas, el proceso de elaboración del censo electoral ha sido interminable y en ocasiones algo muy alejado de la claridad y de la justicia. Pero se realizó, se convocaron las elecciones y en ellas se incluyeron a líderes que anteriormente habían sido descartados por cuestionarse su auténtica nacionalidad. Este es el caso de Alassane Ouattara, actual presidente electo del país y uno de los protagonistas, junto con Laurent Gbagbo, de la citada crisis que, más allá de las cuestiones políticas, se han jugado las cuestiones de simple y llana coherencia. El anterior presidente, el Sr. Gbagbo, ha conocido la represión, la cárcel, ha permanecido firme ante las dificultades y ha sido ampliamente apoyado por el partido socialista francés. Pero llegado el momento de las elecciones, supervisadas por la comunidad internacional, no ha sabido hacer alarde de sus supuestos valores democráticos y ha dicho que no se iba y que, además, todo esto no era sino un empeño de Francia por dar un golpe de Estado a su gobierno. Con esa cantinela se ha cerrado en banda y, desde noviembre, el país ha estado dividido en dos y ha degenerado en una especie de guerra civil, de todos contra todos, de musulmanes contra cristianos, de sur contra norte..., que ha escindido el país y los corazones de su gente.
Al final ha ganado Ouattara, apoyado por la comunidad internacional y Francia. Se ha dicho de todo, que es una intromisión extranjera, que ha sido un golpe de estado, que una irresponsabilidad. Ya no importa demasiado nada de eso, sino reconstruir un país que cuenta con muchos enteros para volver a ser motor económico de la región. El discurso de ADO, como es conocido entre sus seguidores, ha sido de reconciliación y deseos de paz. También ha prometido justicia. Esperemos que así sea. Ahora le toca comenzar a trabajar por lo más difícil, hacer creíble su propuesta. Ojalá todo se resuelva cuanto antes, para permitir un desarrollo que posibilite la reconstrucción del país. Su costa es ahora más de petroleo y cacao que de marfil, pero sigue siendo una costa esplendorosa. Todavía tengo pendiente un regreso a la playa infinita de Grand-Bassam y espero que, cuando tenga la oportunidad de volver, lo pueda hacer a un país que ha sabido renacer de sus propias cenizas.