jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Solsticio


Me espetaron el otro día con aquello de "feliz solsticio de invierno", para evitar decir Feliz Navidad. Viniendo de quien venía, me pareció coherente y hasta oportuno, convirtiéndose en imágen de lo que somos. Curioso, todo un símbolo para proclamar la muerte de lo simbólico. Ahora queremos que todo sea tangible, inmediato, sencillo..., y por ello huímos de lo que pueda llevar a evocar otras realidades que se esconden detrás de cada cosa. Por otro lado, visto lo manoseada que está la Navidad, casi mejor quedarse con aquello del solsticio, que por lo menos es una palabra con sonoridad casi arcaica, de esas que sólo se dicen de vez en cuando.

Estamos ahora precisamente este tiempo del "sol quieto", donde la luz consigue detener el avance de las tinieblas amenazantes que desde la primavera no hacían sino engullir la luz. Ahora es como si el sol hubiese ya previsto el próximo paso del ejercito de las tinieblas y lo esperara bien dispuesto en el terreno de batalla. Las tinieblas otean el horizonte, miden sus fuerzas y comprenden que no tienen nada que hacer, sino retranquearse, volver sobre sus pasos en espera de una nueva oportunidad. Ha llegado el tiempo del sol y, aunque aparece quieto, todos saben que mañana mismo comenzará su feroz e inexorable ataque.

Parece imposible resistirse a dotar de simbolismo un acontecimiento que otrora, cuando se estaba más pendiente del cielo que en nuestros días, se manifestaba con tanta rotundidad. De ahí que se hubiese escogido este acontecimiento para celebrar el nacimiento del astro rey, en lucha eterna con sus enemigos.

En algún momento se entendió que el verdadero Sol de occidente, aquél que vencía a las tinieblas del mal y que las diluía con su sola presencia, aquél que despuntaba en el horizonte contagiando al día de luminosa esperanza era en realidad el Mesías. ¡Quién lo diría!, un bebé arrullado entre harapos y pajas, destinado a ser el Rey del Universo. La genialidad del símbolo es grandiosa. Dejando aparte las creencias de cada uno, no puede caber duda de que la metáfora es deliciosa. La Navidad es la fiesta de la esperanza humana, la esperanza no sólo en un mundo mejor, sino en un mundo preñado de dinamismos más luminosos, más tocados por lo agapéico, con aquello que se da o se recibe sin moneda de cambio.

En estos días hay que hacer un verdadero esfuerzo para vislumbrar siquiera algún gesto. Todo es bulla, gente que corre sin mirar al lado, dinero que cambia de manos de modo anodino y gestos cargados, más bien sobrecargados, de intencionalidad. Pero fíjense ustedes, uno mira hacia arriba, evocado por un saludo, y contempla al sol quieto, dispuesto a ir ganando poco a poco su terreno. Y como que renace la esperanza. Así pues, a pesar de la lluvia y el resfriado, ¡Feliz Solsticio de Invierno!

domingo, 13 de diciembre de 2009

De eunucos y masturbadores

Se acercan las fechas entrañables de la Navidad y entre anuncios de esperanza se nos cuela la realidad, sorda, ramplona, como con falta de aliño. Una mujer está gritando justicia desde su decisión a no someterse a los grandes, de no permitir que un pueblo sea abandonado en el desierto del olvido mediático, y las comparsas mueven sus banderitas para que no se vea su rostro de sufrimiento, que no queda bien con los anuncios del corteinglés. Pero ella sigue clamando justicia, incluso rechazando la injusticia de las dádivas facilonas de los poderosos y entonces son los sindicatos, aquellos que debieran defender las conquistas sociales logradas con la sangre de los pobres, de los trabajadores, y le piden que le haga el juego al gobierno y así estará viva para otras batallas menos comprometidas. Es lo que nos faltaba por oír. Qué hubiera sido de nuestro estado de bienestar si los sindicatos hubieran estado en las manos de quienes están hoy, paniaguados por los gobiernos y montando manifestaciones reivindicativas en lugar de huelgas generales, que estéticamente quedan peor frente al señor Rubalcaba. Pero claro está, que no toquen a los liberados, que esos sí que tienen que mantener impolutos sus derechos, sobre todo aquél que le asiste para que sus camaradas realicen su trabajo. Pero, ¿qué trabajo? Epero que no sea el de pedir a una señora que decide poner su vida en juego en favor de la justicia, que se vaya a casita con sus hijos, que así estará vivita y coleando para otros menesteres. No hay derecho a esto, no se puede insultar a la gente valiente de esta forma tan cruel. Estos sindicatos no merecen llevar las siglas representativas de aquellos que se jugaron la vida por sus compañeros. Esta gente es incapaz de jugarse absolutamente nada, y menos aún el prestigio de un gobierno al que le hacen el juego y ante el que sonríen mientras hacen amago de morder a la patronal. Que la patronal esté tranquila, al final solamente roerán el hueso que les regala su amo dadivoso.

¡Qué lástima de sociedad! ¿Quién velará por ella? En otras sociedades, allí donde los sindicatos, los de verdad, no han podido instaurarse, ha sido la Iglesia la que se ha hecho valedora de la defensa de los derechos de los más débiles. Pero aquí, por muy cerca que esté la llegada del Mesías, el panorama es de lo más ramplón. Aquellos que dicen representarla, están más ocupados por salir peinados en la foto que por siquiera interesarse en la justicia y la paz de este mundo. Afortunadamente son multitud los que se están partiendo la cara por esto, muchos de ellos gente de Iglesia, muchos otros gente de mundo, todos ellos codo con codo, jugándose la vida en miles de situaciones complicadas. Pero los que portan la palabra oficial, sólo miran de frente al objetivo de la cámara que tienen delante, preocupados de si la luz de los focos no dejará entrever la calva incipiente que lucha por sobrepasar los límites del solideo. Hay tantas cosas por las que clamar, que uno no deja de sorprenderse por lo limitado de su discurso. Ahora, eso sí, les encanta la polémica, les encanta que arremetan contra ellos para poder salir de nuevo a aclarar, a desmentir o a lo que sea... pero salir. A la falta de reaños de los sindicatos se une el excesivo autoerotismo de alguno de los prelados, extasiados en su autocomplacencia.

Parece evidente que el mundo sigue en tinieblas y ni siquiera se atreve a pedir un poco de esperanza. No nos la traerán los eunucos sindicalistas ni los portavoces masturbadores, sino aquél cuya presencia pasa casi inadvertida, incapaz de quebrar la caña tronchada o apagar el pábilo vacilante, y al mismo tiempo con fuerza suficiente para transformar el mundo. Ánimo, Aminatu, de testimonios como el tuyo brota la esperanza de los pobres. Feliz Adviento a todos, con el deseo de que seamos portadores de esperanza, antesala de la justicia que nos lleva a la paz.

martes, 29 de septiembre de 2009

¡No todo vale!


Ya era hora, ya... Bueno, después de este paréntesis, viene pasando de todo en este mundo, que cada vez se parece más a un pañuelo. Tenemos ya las píldoras mal llamadas "abortivas" sin receta en las farmacias, tenemos una promesa de subida de impuestos, una reforma dura de la ley de extranjería y las perspectivas de otro invierno duro. Como paliativo a tanto revuelo, las financiaciones ilegales, las cajas "b", el transfuguismo progresista y otras tantas lindezas para entretenernos. Pero intuyo que nada de todo esto, ni de todo aquello, nos aportará un ápice de felicidad, salvo a los amantes del frío invierno, claro.

A veces estoy tentado de secundar a los obispos cuando se desesperan ante la perspectiva del "todo vale". Antes tendía a sonreir un poco, con mueca irónica, claro; ahora más valdría acercarse a decirles que, en cierto modo, tienen razón, este lema tan liberal nos va a terminar esclavizando. Pero no, que nadie se asuste. No he decidido dar un paso atrás en mi pensamiento, tan sólo me uno a un argumento que tiene algo de verdad y que nos da una pista para entender un cierto "antes" y un claro "después". Antiguamente, cuando no había moral más clara que la que imperaba, estaba muy claro lo que era bueno y lo que era malo. Había un criterio único para el análisis y pocos detalles se escapaban sin poder ser correctamente clasificados. Pero pasó el tiempo, llegaron las crisis, de pensamiento, me refiero, y nos encontramos con la necesidad de buscar criterios más amplios, o simplemente diferentes. Los aferrados a lo clásico, empezaron a gritar horrorizados. Los amantes de lo nuevo, por el contrario, esperaban por fin un cambio de rumbo. Pero parece que algo se escapó. Nadie pensó, o más bien, nadie que tuviera poder de decisión cayó en la cuenta de que habría que proporcionar un poquito más de formación en la base de la educación. Unos se apresuraron a proteger a toda costa las clases de religión, mientras otros daban pasos agigantados hacia la supresión de todo lo trascendente. Mientras tanto, la educación se empobreció y la ética se convirtió en una "maría" que encima era optativa. ¡Qué desastre!

El resultado es una sociedad muy variopinta, con grandes dosis de libertad, con un buen elenco de conquistas sociales y con muy poca idea de lo que es un criterio ético, por no hablar de un sistema. Así te encuentras a gente preocupada por la ética, pero van continuamente saltando de posiciones deontológicas a posiciones teleológicas, según conveniencia, y sin demasiada conciencia de lo que se está haciendo. Y a lo mejor tenemos aquí el problema, en lo poquito que hemos estudiado la ética y en las veces que los políticos intentan metérnosla por la puerta de atrás.

Por eso me parece que al final los obispos tienen razón, pero claro, no de la forma que ellos quisieran. No todo vale, es evidente. Pero eso habría que situarlo, decidiendo en qué tipo de ética nos vamos a mover y poder así exigir un poco de coherencia. No es lo mismo una ética de principios que una ética de consecuencias, y eso debiéramos sabérnoslo todos, porque si no es muy fácil mezclar las cosas y enarbolar argumentos mezquinos, que cada mañana mojamos en nuestros cafés o colacaos según qué casos. Así pues, me uno a ellos, ¡no todo vale!, aceptando que alguien considerase que, por coherencia, tampoco lo que aquí escribo.

martes, 23 de junio de 2009

¿Qué pasaría?



Me pregunto, ¿qué pasaría si alguien en España dijera lo del burka? Entiendo que no pasarían cinco segundos sin que le llovieran las críticas desde todos los sitios. Los primeros en criticar, los que promovieron que desaparecieran los crucifijos de los lugares públicos. Eso, seguro. De nuevo es una cuestión de coherencia, pero las cosas se ven más claras en los problemas ajenos. Así pues el burka, criticado de una forma muy aparatosa por el presidente de la República Francesa, pasando por lo alto de la cámara, como quien dice, tendrá que definirse si se trata de un signo de esclavitud, como un elemento religioso o como una reivindicación cultural. A priori, no parece fácil la cuestión.
Dentro de la tradición laical francesa, se entiende mucho mejor que aquí la cuestión. La defensa de la laicidad de la República es algo nada baladí en Francia. De hecho, el presidente Sarkosy ha irrumpido en el tema de un modo poco ortodoxo, pero decidido a que se hable, y mucho, de este tema. La oposición al burka es frontal desde la defensa de la laicidad republicana y en contra de la concesión a lo que para ellos pudiera suponer una amenaza de futuro.
Evidentemente el planteamiento es discutible. Está por ver que el uso del burka signifique un peligro para las libertades republicanas, o que pueda ser considerado un insulto a las mismas. Alguno incluso podría aducir que esta misma vehemencia no se muestra con otro tipo de manifestaciones que pudieran ser consideradas paralelas. Por ejemplo, que una religiosa francesa pudiera vestir su hábito, como de hecho hace. En cualquier caso, la concesión no se quiere hacer a un grupo determinado, representativo en Francia, y que se sigue considerando enemigo de occidente, aunque sólo se diga con la boquita pequeña.
Si esto hubiera ocurrido en España, como decía al principio, hubieran llovido críticas. Como se trata de un tema muy discutible, todas ellas podrían ser aceptadas, pero me sigue haciendo gracia la incoherencia de fondo que subyace en este tipo de planteamientos. Tal vez burka sí, ¿crucifijos en sitios públicos también? ¡No, eso no! ¡Es insultivo! Puede que lo sea para algunos, por eso se ha aceptado su retirada en la mayoría de los casos. Entonces el burka también es insultivos. ¡No, el burka no! ¡Se trata de un elemento cultural! Ah, como el crucifijo. ¡No, no es lo mismo! Bueno, no es lo mismo... ¿por qué? La respuesta vendría iluminada desde el más puro estilo libertario, haciendo referencia a lo importante que es el respeto a los elementos culturales dentro de la alianza de civilizaciones. En fin, si seguimos por aquí terminaríamos en un diálogo de besugos.
Me da la impresión que la cuestión tendrá que plantearse tarde o temprano. Estamos pasando todos muy de puntillas sobre este tema, el de la inculturación y el respeto a la cultura acogedora, y al final terminaremos lamentado algunas cosas. No creo que haya que tener miedo al cambio que pueda suponer el advenimiento de ciudadanos extranjeros, pues siempre será enriquecedor. Pero de igual manera no podemos considerar que haya que plegarse a todas las "imposiciones" de las culturas externas. Si así lo hiciéramos, estaríamos incurriendo en un error gravísimo, que se basa en una especie de complejo de culpa que mantenemos frente a los inmigrantes y que nos impide ser críticos con cualquier planteamiento que interfiera en la convivencia armónica o que ponga en peligro las conquistas sociales firmadas con las sangre de nuestros mayores. Así pues, no podemos conceder que un conflicto se pueda arreglar "a tiros", o que pueda cortar la lengua de un delator, o que pueda pegar impunemente a una mujer, ¿o que esté obligada a ocultar su rostro? Uff, a lo mejor hay un salto, pero no deben andar muy lejos. La asignatura de la integración sigue quedando pendiente para septiembre, y algún día tendremos problemas graves como consecuencia de ello. Todo no es respetable, me temo. Tendríamos que tomárnoslo en serio.

miércoles, 10 de junio de 2009

El buen morir


Decía el poeta que: "un golpe de ataúd en la tierra es algo perfectamente serio". Y es que la muerte siempre nos inquieta y no deja de cubrirse, a pesar de los adelantos científicos, de su inquietante halo de misterio. Tal vez por esa misma razón todo lo referente a la reflexión en torno a la muerte nos inquieta, o nos provoca cierta hilaridad. A veces nos defendemos de ello recurriendo a la broma, a la anécdota o incluso a una cierta "pornografía" de la muerte, apareciendo sin tapujos en las primeras páginas de los periódicos e informativos.

El diario de la mañana nos habla hoy de uno de los aspectos que de vez en cuando se asoman al foro público, el posible derecho a controlar el momento de la muerte, sobre todo en caso de enfermedades crónicas. Se trata de la propuesta de ley del Parlamento de Andalucía sobre la retirada de tratamiento de soporte vital y la sedación terapéutica. Es lo que habitualmente se confunde, no sé si intencionadamente, con la eutanasia. Tiene poco que ver, sin embargo.

La propuesta del parlamento andaluz viene a completar lo ya iniciado en su estatuto y recoge la voluntad de conceder un marco legal a las situaciones más controvertidas del proceso de muerte. Con la medicalización de la medicina, morir en el hospital se ha convertido en habitual y, en ciertos casos, en una experiencia indeseable. Cierto es que ha habido una voluntad de desmedicalizar el proceso, pero parece que no marcha al ritmo deseable. Se han dado casos concretos y al mismo tiempo muy aireados por los medios de comunicación, lo cual da a veces una sensación de relevancia extrema. Esta relevancia no está marcada por el número de casos, afortunadamente, sino por lo delicado y sangrante de los mismos.

Sin entender demasiado de legislación, me da la sensación de que la propuesta de la Junta de Andalucía es muy mediática, está cargada de buenas intenciones, pero no aporta nada que no estuviese ya legislado. Creo que podía deducir un cierto control para rechazar tratamientos y medidas de soporte vital en la Ley de Autonomía del Paciente, pero también es verdad que no se ha otorgado la necesaria información para que se actúe con la conciencia de estar "dentro de la ley". Sobre todo, por lo que se refiere a la sedación, que hasta ahora ha sido más un criterio médico que una medida disponible a la voluntad del paciente.

Si escarbamos un poco, nos daríamos de bruces con la realidad indigesta de la muerte. Tan laicistas somos, que hemos tirado a la basura todas las herramientas de que disponíamos para enfrentarnos a ella. De ahí que no deba sorprendernos el hecho de que exista tanto miedo a gestionar los elementos que circundan el morir. Porque al final se trata de eso, de un proceso cargado de momentos y símbolos. Sigue siendo demasiado duro para algunos reconocer que lo natural es morirse y no permanecer vivo a cualquier precio. Que el sufrimiento acompaña al ser humano, pero no se puede convertir en un fin en sí mismo, por lo que es lícito combatirlo con eficacia, sin que ello signifique nada más que paliar dicho sufrimiento. Hay que reconocer de una vez que se puede rechazar un tratamiento, sin que ello signifique una renuncia a nada ni un deseo descabellado. Hay que lograr que la sedación sea terapéutica, sin tener que pensar que sea al mismo tiempo homicida, sino dirigida a evitar situaciones realmente insoportables. Pero del mismo modo tendríamos que reconocer que es lícito pensar que el sufrimiento nos acerca a la trascendencia, sin que ello signifique convertirse en un mártir o en un estúpido. Que se debe tener libertad para solicitar que se mantenga un tratamiento, siempre y cuando no sea fútil. Que es posible solicitar estar consciente en los últimos momentos de nuestra vida.

Comprendo que nada de esto está demasiado claro, por lo que se hace necesario seguir profundizando en este tema con rigor y prescindiendo de alarmismos. Puede que tan solo por esta razón pueda ser bienvenida la ley andaluza, aunque ya alguno ha afirmado con cierta maliciosidad que se trata de "abrir la puerta a la eutanasia". Sinceramente, no creo que sea así, pues la reivindicación del buen morir deberá ir por otros derroteros. Pero también es cierto que se sigue echando de menos algo parecido al antiguo "ars moriendi", el arte de morir, que permitía a todo ciudadano morir en paz con Dios y con los hombres. Cada uno es libre de elegir con quién quiere reconciliarse o arreglarse, pero es deseable que todos podamos morir en paz, en la mejor de las paces posibles.

jueves, 28 de mayo de 2009

El "ser" humano


Con unas cosas y otras va uno dejando pasar el tiempo y luego cuesta encontrarlo para hacer un pequeño comentario. Así ocurre, que se desactualiza la actualidad y tiene uno la sensación de estar hablando de cosas viejas. Pero claro, también se resiste uno a dejar pasar las cosas así como así.
Nuestra ínclita ministra, y al final va a parecer que mi ideología política camina por derroteros que no le son afines, se empeña en hablar de cosas que, según parece, por mucha igualdad que se reparta en su ministerio, no termina de dominar. Hace ya unas semanas se dejó caer con aquello de que el embrión humano no es un ser humano. Luego todos hacemos leña del árbol caído, es cierto, pero nuestra Bibiana nos lo pone mascadito.
Efectivamente la discusión del estatus ontológico del embrión humano es delicada. Tal vez lo sea demasiado como para tratarlo en una rueda de prensa, donde se pueden decir cosas más o menos de pasada, sin demasiado criterio y con muchas posibilidades de salir en los zapping de todas las televisiones. Como por ejemplo esa insistencia en que el embrión es un ser... pero no humano. Lo cual es muy diferente, creedme, de decir que el embrión no es un ser humano. La cuestión es muy shakespiriana, de ser o no ser. Si fuésemos capaces de ponernos de acuerdo en eso, nos sobraría el 90% de todas las discusiones. Pero no hemos sido capaces, sobre todo porque no nos hemos puesto en serio.
Si le reconocemos el estatus de "ser", se ponga como se ponga la ministra, es humano. Y lo es, porque no puede ser de otro modo. El embrión en gestación tiene un cariotipo humano, un mapa genético humano, una estructura humana, aunque pueda no llegar a considerarse un "ser" como tal. Luego la discusión no está en si es o no humano, sino en si es o no un "ser". Y eso sí es discutible, porque no es evidente.
Pero a veces embrollamos demasiado las discusiones, tal vez porque nos empeñamos en confundir términos. No podemos mezclar la discusión del estatus ontológico, es decir, el ver si se considera o no un ser, con la discusión del estatus jurídico de persona, que ese seguro que no lo tiene. Y a eso me imagino que se refería nuestra ministra al negar la categoría de humano, cuando lo que quería negar es la categoría de persona. Es decir, que a todos nos debe quedar claro que cuando se practica una interrupción del embarazo no se está matando a una persona. Pero eso no dice nada del estatus ontológico del embrión humano. Es más, no se opone a la posibilidad de estar matando a un ser humano. Por eso es importante la discusión profunda sobre el tema.
Está claro que, según nos posicionemos en una u otra postura, cargaremos más las tintas en depende qué dirección. Esta práctica es la que, con frecuencia, impide un intercambio pacífico de argumentos y abre las puertas a las acaloradas discusiones descalificativas. Pero eso no ayuda nada al debate de ideas y solo alimenta la confusión, que es el terreno abonado para la toma de decisiones antidemocráticas.
Parece evidente que muchos se negarían a conceder un estatus por consenso, pero al menos sería interesante fijar unos mínimos. Luego estaría la conciencia de cada uno, la opción ética ante la cual responder, pero que al menos hubiera una exposición clara de la cuestión. Entonces no tendríamos que escuchar la burrada de algún que otro secretario de la Conferencia Episcopal decir que se están matando personas, ni la de nuestra ministra afirmando que se está poniendo fin a la vida de seres, pero que no son humanos. No sería necesario sentir vergüenza ante ciertas campañas de algunos grupos eclesiales, ni ante la lectura de algún artículo de ramalazo feminista. Pero me temo que, a estas alturas, ya estoy de nuevo soñando. No sé a quién no le interesa que pensemos un poco pero, mientras tanto, me sigo sintiendo impotente ante la grosería de cuestiones tan hondas.

miércoles, 29 de abril de 2009

La reconquista


Algo así piensan algunos que ha sido lo del Sr. Sarkozy; llegó levantando la ceja, como esperando la reacción de nuestro presidente, por aquello de haber sido tildado de poco inteligente y ha regresado entre las aclamaciones de los que deja aquí y de los que le acogen allá. Así es el nuevo Napoleón, tan bajito, pero con ese caracter y determinación que caracterizaron a ambos. Si hubiera sido al revés, si se hubiera producido una supuesta ofensa del Sr. Zapatero hacia el presidente francés pocos días antes de una visita oficial, seguro que se hubiera ido allí con las orejas gachas, midiendo cada sílaba y aguantando el aluvión de alusiones por parte de los periodistas franceses. Pero Sarko sabe lo que quiere y no se va a permitir un gesto de debilidad ni ante Zapatero, ni ante Obama o quien se le ponga por delante. Tenía claro que iba a poner a Francia en el centro de la política internacional y todo está siguiendo el guión previsto.
Creo que a nadie le podría caber ninguna duda de que uno de los escollos de Francia en su relación internacional era España, con su complicada relación de vecindad. Sarkozy sabía que cualquier gesto iba a tener siempre una lectura interesada y con cierto tufo antigabacho. Pero él saca pecho y se trae de la mano, en su avión, a los españoles secuestrados en Chad; o vocea claramente su determinación a colaborar con las fuerzas de seguridad españolas para perseguir a ETA; o se marca, como el otro día, un discurso quasi electoral en el parlamento español. Francamente, salvando las diferencias de pensamiento, me parece admirable. Tenía todos los papeles para ser la mofa de todos y sin embargo está logrando con creces su objetivo. El bajito, cursi, casado con la Bruni, y con aires de grandeza, se muestra firme, correcto y en definitiva, grande, delante de todos los foros. Incluso ha vuelto a la OTAN, tirando de historia y saltándose a la piola los famosos desplantes de sus predecesores. Habrá que ver en qué queda lo de Obama, con el que se lleva bastante bien, a pesar de la cera que le está dando a la política norteamericana. No sabemos hasta cuando el león se dejará acariciar, antes de lanzar su primera dentellada. Será entonces cuando Sarko pase la prueba definitiva, o tenga que batirse en retirada. En cualquier caso, la política internacional se vuelve interesante por minutos, mucho más interesante que la nacional, donde siguen más o menos a lo mismo. Verás tú si al final no tenemos que asistir al resurgir de una nueva corriente de afrancesados... espero que esta vez sin pelucas.

domingo, 26 de abril de 2009

Rosas y claveles


Nadie puede negar que lo de Rosa Aguilar ha sido un auténtico bombazo. Otros se apuntarán al clásico "se veía venir", con lo que te aseguras un pleno acierto. Luego es cuestión de argumentar que yo vi tal, que escuché cual y, unas conversaciones más allá, parecerá que tú mismo lo habías pronosticado. Pero bueno, para nadie era nueva la crisis en el seno de Izquierda Unida, desde hace ya mucho tiempo. Demasiado, sin que nadie se haya decidido a poner un poco de sentido a todo. Unos optaron por irse, otros por arrimarse a algún jardín cercano, otros por tirarse al monte... Es decir, todo un signo de desunión. Por eso no era de extrañar que ocurriera lo de Rosa, por mucho que le haya sorprendido a alguno.
Pero me llama la atención, al margen de la decisión de la Sra. alcaldesa de Córdoba, la falta de madurez democrática que sigue habiendo en nuestras instituciones. No entiendo por qué, a priori, debe ser tan trágico que un militante de un partido de izquierdas nombre consejero de su gobierno a un miembro de otro partido de izquierdas. Claro que yo voy más allá; no entiendo por qué un gobernante cualquiera no puede elegir como consejero a alguien de valía de un partido de tendencia diferente. Lejos de complicar el gobierno, sería una manera de enriquecer la reflexión, buscar representatividad, aprovechar a personas de valía y, lo que es más grave, derribar las tapias del cortijo. Y ahí entiendo que está la clave, pues si no confieso que no entiendo nada. Pensamos que esto es la lucha de unos contra otros, y somos incapaces de admitir un matiz diferente a nuestro lado. Pero la tarea de gobierno tendría que ser otra cosa, una tarea más propensa a integrar a todos y menos tendente a defender el tesoro de la mayoría como un fin en sí mismo. Si no admitimos esto, yo sigo pensando que es mucho más barato el que haya un solo representante de cada partido porque, si no se va a debatir, para qué tanta gente. Que cada uno tenga un valor en su voto, y nos ahorramos millones en sueldos y dietas.
Pero claro, cabe otra posibilidad. La de dotar a los parlamentos de sentido promoviendo el debate y los posicionamientos de cada uno, sean del partido que sean. Aunque me temo que para eso falta todavía mucha, pero mucha, madurez.
En este escenario, como se dice ahora, a nadie le extraña lo que para mí ha sido más sorprendente, los comentarios mezquinos de los antiguos compañeros de Rosa Aguilar. A lo mejor es la solidaridad del disidente, pero me parece vergonzoso que se diga lo que se ha dicho de alguien que ha hecho lo que ha hecho la nueva consejera por su partido. Yo me hubiera alegrado, la hubiera incluso animado a no abandonar su militancia, para dar signo de pluralidad a un gobierno. Pero claro pican las disidencias, porque dicen mucho de lo que se deja atrás. Así pues, antes de que alguien pueda pensar que la actitud de salir a por nuevos horizontes es heroica, hay que denostar al disidente, tratándole de traidor y, si es posible, también de cobarde. Los buenos siempre se quedan dentro, bien sea amasando la fortuna o los detritus.
Pues miren, me cae bien Rosa. Así que me alegro del nombramiento y espero que signifique una visión diferente a un gobierno que se alarga demasiado en el tiempo. Un gobierno que parte de cierta deslegitimación por su inmovilismo y por su "apaño" de gobierno tras la salida de Chaves. Lo mejor serían unas elecciones, y espero que cuenten con Rosa, no vaya a ser que luego tenga encima que sentirse utilizada como un simple golpe de efecto.
No sé si vendrán otras rosas u otros claveles, como pronosticaba el del monte. Yo tengo mis dudas. Creo que de Izquierda Unida no queda casi nada y se nos va otra esperanza. Claro que a lo mejor Cayo estaba en lo cierto y el renacer de la esperanza viene de manos de la otra Rosa, la que puede arrebatarle a la coalición del izquierdas el puesto de tercera fuerza política del país. Pronto quizá, pero a lo mejor por ahí se mueve el renacer de las rosas. Al menos sería algo diferente a este bipartidismo insulso.

domingo, 19 de abril de 2009

Diego Gracia


Aparecen aquí a la derecha de la página, unos flujos de información escogida, que por cierto no escojo yo, sobre tres temas: Bioética, Burkina Faso y Osuna. La verdad es que sale un poco de todo y a veces, cosas que no tienen nada que ver. Pero fíjate tú que de vez en cuando aparecen noticias que, al menos para mi, tienen algún interés. Hoy me he encontrado con una referencia a la entrevista publicada en un diario gallego a un profesor y maestro, Diego Gracia. Se trata del médico que "heredó" la cátedra de Historia de la Medicina en la Complutense que en otro tiempo contara con la titularidad de Laín Entralgo. Se trata de uno de los grandes maestros de la Bioética en todo el mundo y que, como suele ocurrir, es poco conocido en nuestro país. Sus estudios de fundamentación de la Bioética son los que la han consolidado como materia científica en nuestro país y prácticamente todos los que se dedican a este mundo, salvo las excepciones de siempre, lo tienen como una referencia obligada. Los que además hemos tenido la fortuna de ser sus alumnos, recordamos con arrobo la calidez de su discurso que, con un exquisito castellano, desgranaba las ideas de modo que eran presentadas con una sencillez de vértigo. Recuerdo la exclamación de un compañero que tras escuchar una conferencia suya no pudo sino decir: "he aprendido más filosofía en cuarenta y cinco minutos que en tres años de carrera". Creo que esa es la auténtica genialidad de Diego Gracia, su capacidad de transmitir con sencillez algo de su enorme sabiduría. Porque luego lo sondeas y parece un hombre del Renacimiento, pues toca todos los palos.

Pero no pretendía extenderme en la presentación del insigne maestro, sino más bien situarlo para saber a quién se escucha y acto seguido, invitaros a leer la entrevista. En ella habla de varios temas sobre los cuales en preguntado: el aborto, la eutanasia, el estatus del embrión. Nada novedoso y nada escandaloso, evidentemente. Tan sólo una presentación sencilla, accesible de lo que él piensa sobre esos temas. Toca dos temas antes los cuales soy muy sensible y a partir de los cuales desarrolla su discurso: la educación, como verdadero instrumento para afrontar todos estos problemas y, como no podía ser de otro modo, la responsabilidad. Pues ya veis, lo que os decía, nada nuevo. Pero me temo que algo sobre lo que hay que seguir trabajando necesariamente. Apunta además una tendencia que ha estado siempre presente en la Bioética, y es la de no intentar solucionar los problemas étios desde lo jurídico y viceversa. La ética está para una cosa, que es la reflexión, y el mundo jurídico para otra, que es la organización de la vida. Lo que importa para la Bioética no es qué diga la ley, sino los principios en los que se sostiene y la necesidad de argumentarlos con seriedad. Mucho más se podría de cir, pero sólo quería invitaros a la lectura. Ahí va el link: http://elprogreso.galiciae.com/nova/29386.html

lunes, 6 de abril de 2009

Fobias


Tenía ya medio escrito un post sobre el G20 pero, en dos días, se me ha quedado obsoleto, así que lo mismo lo dejo durmiendo el sueño de los justos, a no ser que a nuestro presidente, entre mirada arrobada y babeo indisimulado ante la esfigie de Obama, nos de pie a ello. Me quedo así con las ganas de indagar un poco en esa polémica que tenían entre manos los países más ricos del mundo, a la hora de hacer la lista de paraísos fiscales. Miraron a China con un poquito de cosa y le dijeron... a que te ponemos. Y claro, China, la que empezó con el carrerón económico el año pasado, la que amenazaba a occidente con comerse el mercado, con sus leyes y todo, la que quería todo el petroleo para ella..., pue eso, devolvió la mirada y dijo que n0, que China no era, ni mucho menos, un paraíso y menos aún fiscal. Y claro, eso se negocia, que aquí las palabras ya no valen nada, a no ser que estén escritas en un cheque cruzado.
Pero bueno, se nos ha quedado atrás el tema. Y así, casi con la cabeza metida ya en la bulla mágica de la semana santa de mi tierra, se me descuelga Gloria Tomás con su intervención, en favor de una mayor honra de la bioética. La pobre... Hablo de la bioética. Pues eso, que Doña Gloria, que es profesora, en un programa de televisión se ha soltado la melena y ha dicho algunas cosas que no se pueden decir, por inexactas, y otras que no se deben decir, por inoportunas. En suma, parece que Gloria estaba loca por contar cosas y decidió contarlo todo, de corazón y, como dijera Pascal, "corazón tiene razones que razón no entiende". Y aquí a mandado el corazón y se han dicho cosas poco razonables, encima. Todo ello añadido a que se ha atrevido a tocar uno de los tabúes de nuestro siglo, que es la homosexualidad. Ha comenzado diciendo que genéticamente no existe. Y claro, eso no se debe decir, pues al parecer hiere muchas sensibilidades. Aunque sea verdad, que lo es. Otra cosa sería lo que Gloria concluye de ahí, y es que entonces es una especie de "enfermedad" que encima se puede curar. Bueno, aquí ya está Gloria completamente desmelenada, con la guitarra incluída y pegando saltos como una loca. Y entonces comienzan los gritos y las voces en contra de esa señora tan homófoba que está diciendo esas cosas tan feas y, como ocurre generalmente, todo se mezcla, se remezcla y se hace la identificación fatal de bioética y moral tradicional. Ya estamos.
Señora Tomás, Gloria, tiene usted razón cuando dice que la homosexualidad no tiene un origen determinado, pues sigue habiendo poca claridad al respecto. Pero de ahí no puede concluirse, por muy informal que sea la conferencia en la que usted participa, que la homosexualidad sea una enfermedad. Y menos aún que, aunque sea complicado, puede curarse. Creo que es meterse en un terreno excesivamente pantanoso, por lo incierto y lo delicado del mismo. El origen de la homosexualidad parece que no es unívoco, y por eso no se pueden, a estas alturas, hacer afirmaciones de ese tipo. Sobre todo porque lo hace ostentando el nombre de la Bioética, que ya es bastante denostada de por sí, para meter con calzador una convicción bastante rancia. Ni lleva a ningún sitio, ni busca entender nada, ni soluciona absolutamente nada. Sólo sirve para encender una polémica que le da mucha cancha mediática, Gloria, y pone en una situación difícil a una disciplina que se tiene que buscar su sitio a codazos. Más aún cuando se intenta "bautizar" a toda costa, incluso utilizando malas artes.
Es también cierto que, si no fuéramos como somos, las asociaciones de gays y lesbianas, en lugar de aprovechar cosas de estas para abrirse un hueco en los papeles, se hubieran limitado a obviar tamaña estupidez. Pero las oportunidades no hay que dejarlas pasar, y menos aún cuando Gloria representa a la universidad "católica" de Murcia. Pues eso, más madera.
No quiero trivializar nada, pero me estoy haciendo un poco fobifóbico, valga la contradicción. Me dan fobia todas las fobias, desde la homofobia a la clerifobia, desde la claustrofobia a la agorafobia. Creo que hay que buscar un poco más los términos medios, reconocer lo que se desconoce y abrirse a la aportación enriquecedora del otro, que no piensa precisamente como yo. Pero en mal país estamos para estas cosas, en mala época para buscar consensos reflexionados... Esperemos que lleguen mejores tiempos, aunque no podamos verlos. Entre tanto, seguiremos enganchados a www.pasionensevilla.tv, donde el debate se establece entre las cofradías de barrio y las de centro. Dos filosofías, dos maneras radicalmente diferentes de entenderlo todo, y ambas haciendo exactamente el mismo recorrido, el del encuentro.

domingo, 29 de marzo de 2009

Más coherencia


Me temo que voy a seguir con mi batalla particular de reivindicación de la coherencia, a sabiendas de que estamos dando vueltas sobre el mismo punto. Me refiero esta vez a "la liebre" que ha levantado Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, una de las pocas voces, no disidentes, sino divergentes dentro del PSOE. Dice, cargado de sentido común, que no podemos quedarnos tan frescos ante una legislación que permite a una niña de dieciséis años poner fin a un proceso de gestación, al mismo tiempo que le impide comprar una cerveza para irse de botellón. Y aparentemente tiene razón. Al menos, no es demasiado razonable. y precisamente por eso apelaba de nuevo al tema de la coherencia, pues hay mucho de ello implicado en esta reflexión.
En alguna otra ocasión he hecho mención a lo difícil que es mantener posturas de cohrencia, sobre todo cuando nos movemos en temas diversos que normalmente se abordan desde opciones éticas diferentes. Por ejemplo, pretendemos ser garantistas cuando concedemos a un niño de 16 años suficiente capacidad para tomar algún tipo de decisión. Es lo que se llama la "doctrina del menor maduro", que se ha utilizado con frecuencia en el campo de la biomedicina, aunque no sea estrictamente originaria de ella. De ahí que, como ya apuntara la Ley de Autonomía del paciente, un niño con 16 años puede particitar activamente en alguno de los procesos de toma de decisión concernientes a temas de salud. Siguiendo la lógica interna de la doctrina citada, un menor puede estar capacitado aunque legalmente no tenga mayoría de edad. Sería algo así como reconocerle una mayoría de edad "moral" que, y aquí está el gran problema, no habría de suponerse por el hecho de tener 16 años, sino más bien tendría que demostrarse. Esto es, que exepcionalmente un menor puede tener más madurez que aquella que su edad le supone y en ese supuesto, insisto, en ese supuesto, tendría todo el derecho a que se la respetase. De esta misma doctrina participa el derecho a la libertad sexual, que se reconoce a partir de la toma de conciencia del derecho.
Pero resulta curioso ver cómo esta doctrina no está presente de igual modo en todos los supuestos legales. Hay situaciones en las cuales la ley no concibe la capacidad del menor en casos excepcionales. Y este es el caso de la prohibición de venta de alcohol o tabaco a menores de 18 años. En este caso es la sociedad la que reconoce "de facto" el derecho y permite a los menores el acceso al alcohol, al tabaco y demás divertimento. No obstante la ley se mantiene bastante inflexible al respecto. ¿Qué hay de fondo? Una total falta de coherencia. Lo curioso es que desde el mismo gobierno se mantienen con firmeza las posiciones contradictorias. Y lo que es más grave, nadie parece alarmarse por ello.
Si tuviera que definirme, siempre abogaría por un gobierno que no fuese excesivamente paternalista, y no se empeñase en aniñar a los que ya no son tan niños. Porque, ojo, luego viene como consecuencia lógica la legislación en torno al menor, y eso sí que es un problema. Abogaría por un estado que fuese capaz de reconocer la excepciones dignas de excepción, valga la redundancia. Pero me temo que esta postura es la más complicada y, a la larga, la menos práctica, pues somos muy dados a dejarnos llevar por el "efecto dominó" de la excepción y llegaríamos fácilmente a la conclusión de que si un menor con 16 es capaz para tomar una decisión madura, todo menor de 16 tendrá derecho a que se le reconozca esa capacidad. Evidentemente eso es imposible de creer, pero será lo más probable que ocurra. Tiene entonces uno la tentación de ser conservador y pedir el concurso paterno, aunque podría implementarse alguna vía de salida, aunque sea la judicial. Esto contradiría la tendencia a no judicializar este tipo de cuestiones, pero ya nos dice la experiencia que hay mucho psicólogo progre dispuesto a firmar un documento acreditativo de una madurez inexistente en un menor. ¿Acaso no es algo parecido lo que ha ocurrido con la actual ley del aborto? El problema de muchos de esos progres es que no se dan cuenta que con la trivialización de los procesos se le resta credibilidad a sus actos y siguen pagando los de siempre, los más débiles. En este caso, niñas asustadas, o imprudentes, o perdidas, que no serán luego ni consoladas, ni asesoradas, ni apoyadas. Cargarán con un acto que requiere plena madurez, cuando aún no se han enterado de qué va la vida. Eso sí, Pepito grillo puede estar tranquilo, ¡no irán a la cárcel! Como si nuestras cárceles estuvieran repletas de mujeres que han practicado abortos. Demasiado frívolo, y se sigue pasando de puntillas por lo importante y es que el aborto es un delito que, en nuestro país, bajo ciertos supuestos, no se penaliza. No es un derecho de nadie. Requiere madurez y apoyo, y ambas cosas han de estar garantizadas. Si no hay madurez suficiente, estamos cometiendo un tremendo despropósito. No podemos pasar por alto que el aborto es el fracaso de un proyecto de vida y no deja de serlo por mucho maquillaje que se le ponga. Y tranquilo, Pepito grillo, que yo tampoco quiero que las niñas vayan a la cárcel por estas cosas. Ahora, te juro que me encantaría que fueran al colegio durante más tiempo y que lo aprovecharan al máximo, poniendo fin al desastre académico en el que nos vemos sumidos. Puede que solucionasemos mucho más que con una modificación de la dichosa ley del aborto.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Pues sí se puede


En este nuestro país, estamos demasiado acostumbrados a llevar la razón. Tal vez hayan influído los siglos de doctrina única, pero eso nos ha calado bien hondo. De hecho, cuando intento explicar que la bioética tiene una vocación dialogante y que sólo avanza desde el consenso, la gente me mira con incredulidad. No sé si a alguien se le habrá ocurrido hacer una estadística de consenso. Me imagino que no, pues se me antoja imposible. Pero estoy convencido que, de poder hacerse, España se quedaría con el título de país menos proclive al consenso. Cuando había una doctrina única, fuimos capaces de pelearnos con todos los que pensaban distinto a nosotros. Ahora que hay libertad de pensamiento, nos peleamos con todo aquel que no piense como yo.

Como esta doctrina está bien metida bajo la piel, se hace imposible que se establezcan cauces de diálogo en ninguna de nuestras instituciones. De hecho, hemos convertido el Parlamento en un lugar de poder, y no de diálogo. Me imagino que será porque se parte de la base de que el otro no tiene la razón y, lo que es más grave, no puede tenerla, por mucho que se explique.

Facilmente podremos comprender por qué las leyes, aunque sean problemáticas, se terminan aprobando en los juegos de las mayorías y las disciplinas de voto. De vez en cuando, eso sí, se lanza alguna carnaza al circo, y los medios de comunicación se encargan de aventar algunas de las polémicas que se plantean, llevando cada uno el ascua a su sardina, o lo que es lo mismo, animándole la fanfarria al partido político que le es más afín.

Pero mira por donde me he encontrado que en nuestro país vecino y no por ello amigo, en Francia, se ha creado desde la administración una página web para analizar y debatir el estado actual de la bioética en Francia. En esta página se puede consultar legislación, bibliografía, opiniones...; se puede participar de foros de opinión, enviar consultas o posicionamientos personales, hacer sugerencias, etc. Sinceramente, admirable y, desde nuestra perspectiva hispana, increíble. Y es que en algunas de las leyes más polémicas, se ha introducido una "clausula de revisión", por decirlo de algún modo. Es decir, en el cuerpo de la ley se ha fijado un período de años tras el cual la ley deberá revisarse, a la luz de los avances científicos y legislativos. Vamos, nada que ver con la tendencia española de publicar las leyes más polémicas en las fechas... ¿más significativas? Baste como ejemplo dos de las leyes que más han promovido el debate público en nuestro país, la del divorcio, publicada un 7 de julio, cuando la gente está muy metida en la actualidad política; y la del aborto, un 5 de julio. Bueno, vale, también movió mucho al debate social la ley del matrimonio homosexual, y no por ello se aprobó... bueno, ejem, también un día significativo, el 2 de julio. Se ve que nuestras señorías parlamentarias confían en que todos los calentones de los debates se han de sofocar con el agua de nuestras playas.

Pero vuelvo a lo que iba, y es que sí se puede. Se puede promover el debate civilizado, la participación ciudadana y el poner al alcance de cualquier persona interesada los textos más significativos de los diversos temas debatidos, y no sólo la morralla que a veces nos cuelan los medios. ¡Qué coraje me da reconocerlo!, pero son los franceses los que nos han demostrado esta vez que las cosas se pueden hacer de otro modo. ¿Para cuando en España? ¡Quién sabe! Lo que sí parece evidente es que la mejor forma de conseguirlo es encomendándoselo como milagro a San Fermín.

martes, 24 de marzo de 2009

Opción ética


Una de las grandes cuestiones de la ética es, sin duda, su sistema de referencia. Pero ocurre que, en esta sociedad nuestra, tan postmoderna ella, todo se mezcla sin solución de continuidad. Esto hace que las opciones de sistema vayan cambiando en función de nuestras, a veces, simples emociones. Por ejemplo, hace unas semanas hemos vivido el caso del maliciosamente llamado "bebé medicamento". Evidentemente, la forma de llamarlo es casi un eslogan y muy intencionada. Podríamos hablar de esto, pero mejor no nos detenemos ahora. Pues bien, se ha polemizado muchos sobre la postura de rechazo de algunos colectivos, entre los que se encuentra la Iglesia católica, y la aceptación incondicional de otros. Siempre que surge la polémica, se alude a la misma pregunta, muy falsa, por cierto: "¿es que alguien puede oponerse a salvar una vida?". La respuesta, así a bote pronto, es evidente, pero no siempre posible. Pues claro que no se puede uno negar, en principio. Pero nunca son las cosas tan claras.
Hay un caso que me parece revelador, por lo claro que presenta esta diatriba. Imagínense que hablamos de la tortura, ¿de la tortura? No, no admitimos la tortura bajo ningún concepto. Alguno añadiría algo así como, "ya la Inquisición se hartó de utilizarla...", o cualquier otro comentario, claro. Pues bien, imagínense que detienen a un terrorista que colocó una bomba en un edificio sin identificar, de una ciudad sin identificar, pero cuyo resultado será, como confesara el terrorista, la masacre de varios miles de personas. En esta situación, ¿es lícito torturar? Y concluímos que no, pues no admitimos la tortura bajo ninguna circunstacia. Este posicionamiento es lo que se llama la ética de principios, que se sitúa frente a la ética de las consecuencias, la cual justificaría en este caso la tortura, porque salva gran cantidad de vidas. Y claro, ¿quién puede negarse a salvar una vida?
Como vemos la opción por el sistema ético de referencia es muy complicada, pero más aún lo es ser medianamente coherente. Creo que aquí estriba gran parte del problema, pues elegimos un sistema y, en cuanto podemos, a veces casi sin advertirlo, justificamos y argumentamos nuestras posiciones desde otro. Y volvemos entonces al caso del "bebé medicamento". Cuando algunos cuestionan la licitud moral de transferir un embrión previamente seleccionado para salvar la vida del otro, se están situando claramente en una ética de los principios, donde el fin no justifica los medios, donde cada ser humano tiene derecho a ser tratado no sólo como un medio, sino como un fin en sí mismo. Podríamos simplificar diciendo que todos ellos se oponen a que se salve una vida pero, no nos equivoquemos, estaríamos simplificando de un modo muy partidista, tan partidista como el de llamar "bebé medicamento" a un niño nacido de un embrión preseleccionado genéticamente.
Si nos vamos al otro lado, al de las consecuencias, podemos concluir sin sobresaltos que la salud de un niño enfermo, bien vale la preselección genética de un hermano. Y lo más complicado es que ambas posturas pueden mantener una coherencia de planteamiento y que, además, persiguen una idea de bien. Sin embargo serán posturas irreconciliables.
Si os fijáis ocurre lo mismo en las discusiones en torno al aborto. Cuando se opta por la vida como principio fundamental, las consecuencias que el embarazo pueda acarrear son claramente secundarias. Por otro lado, si vamos a la cantidad de bien que produce una decisión moral, las consecuencias se valoran de un modo distinto.
Me imagino que, si muchos fueran conscientes de todo esto, nos evitaríamos gran cantidad de insultos y descalificaciones, pues comprenderíamos que la defensa de posturas contrarias no se basa en una estructura deficitaria de la psique humana, sino más bien en una opción distinta en el referente moral. Vamos, para entendernos, que aquél que piensa distinto a mi, no tiene por qué ser necesariamente estúpido, carca, curato, antediluviano, etc., sino que puede incluso ser inteligente, pero situado en una opción diversa. ¿Qué hacemos entonces? Creo que el terreno a conquistar es la ética de los mínimos que podemos compartir todos y el trabajo, y exigencia a veces, por la coherencia. De eso sí que estamos todos faltitos.

jueves, 19 de marzo de 2009

El Papa y los condones


Sinceramente, no sé qué esperan algunos que diga el Papa, sobre todo este Papa, y en ciertos temas ya algo manidos de la moral oficial de la Iglesia. No, no creo que diga nada que provoque una sorpresa, al menos en la dirección en que la gente lo espera. Me imagino que en esta ocasión un periodista le pregunta algo sobre el SIDA y los condones y el se descuelga con aquello de que, el uso de preservativos, no es la solución del problema y además conlleva otras consecuencias más graves.
En mi modesta opinión, nada de nuevo, ni de sorprendente. El Papa, hoy por hoy, no va a modificar este posicionamiento, pues el efecto dominó que provocaría, sería totalmente incontrolable desde los parámetros de la moral sexual oficial. Si el Papa dijera que es lícito utilizar preservativos, tendría que desdecise de la doctrina que hace inseparable el acto unitivo del acto procreativo, en la relación sexual de pareja. Y eso sin decir que no se admite la relación fuera de pareja y, por lo tanto, tampoco la promiscuidad que tanto ha ayudado y ayuda al VIH. Evidentemente, tampoco va a recular, sin coñas, en lo de las relaciones homosexuales. Y ni por asomo renunciará a dejar la voluntad de Dios revoloteando por todas estas cuestiones. De verdad, supondrían demasiadas renuncias, y Benedicto XVI no se va a poner a ello.
Por otro lado, lo que ha dicho el Papa a un periodista, delante del monitor de llegadas de un aeropuerto, pues vale... bueno, pues eso, lo que cualquier otra declaración, de quien sea, pues no está ejerciendo su magisterio, sino contestanto a las preguntas de un periodista. Pero en este caso considero que este apunte es prácticamente irrelevante.
Si somos finos, y la diplomacia vaticana siempre hila fino, veremos cómo el Papa no dice que el preservativo no salve vidas, ni nada de eso, sino que complica el problema. Y, desde la postura que antes apuntaba, es evidente que lo complica, el problema moral. Dice que el SIDA no se combate, y menos en África, repartiendo condones, sino educando y formando a la gente. Y encima hay que darle la razón. O sea, que su respuesta está descontextualizada por un lado, pues la gente no está en la sintonía que él modula, pero evidencia un problema, no sé si consciente o inconscientemente.
En África el SIDA no se combate con condones, pues se trata de un objeto de lujo en una sociedad que muere de hambre. Otro planteamiento es casi una estupidez. En África se necesita formación, muchísima, para que el problema se entienda en toda su dimensión. Y eso es mucho antes que el uso del preservativo. Hace falta formación para desarrollar la estructura de los países, para que puedan ser dignos competidores en el mercado internacional. Y eso es mucho antes que el uso del preservativo. Hace falta formación para que la riqueza vaya de manos de la justicia, y eso es mucho antes que el uso del preservativo.
Pero claro, queda suelta la pregunta: ¿es lícito utilizar preservativos para evitar el contagio de SIDA? Evidentemente, es lícito. Sobre todo porque a estas alturas de la película, cuando tenemos un control casi absoluto del proceso reproductivo, está perfectamente interiorizado que el control de la natalidad es una conquista social. Ni siquiera los cristianos más recalcitrantes se pegarían demasiadas tortas por defender las posturas inamovibles de la moral sexual clásica. Aquí está una de las asignaturas pendientes de la Iglesia, que no se pondrá al día, creo, con este Papa.
Pero no nos engañemos. No nos montemos en la ola del optimismo políticamente correcto que se conforma con estar de acuerdo con la mayoría rica. El uso del preservativo es un verdadero problema en la mayoría de los países africanos, y la solución no es el envío masivo de unidades, aunque pueda significar una pequeña contribución. En este caso tenemos que ser mucho más ambiciosos y pretender una intervención de mucho más calado. Puesto que, si tomamos el preservativo como única respuesta al problema africano, estaremos dándole la razón al Papa, eso traerá muchas más complicaciones.
Para concluir una pregunta abierta, ¿tiene el Papa que decir "condones no" en África para que a los países occidentales se les abra la vena de la generosidad? A lo mejor sería interesante que el Papa dijera algo así como que la falta de alimentos es voluntad de Dios, a lo mejor así mandaban también comida. No sé, me pierdo a veces con los planteamientos propagandistas del primer mjundo.

martes, 17 de marzo de 2009

Declaración de Madrid


Provenientes de las distitas ramas del saber, unos trescientos científicos e intelectuales se han puesto de acuerdo para firmar la llamada "Declaración de Madrid" que se posiciona frente a la reforma de la ley del aborto. Llama la atención la cuña del diario más difundido de nuestro país que, de un plumazo, los atrinchera a todos junto con la Iglesia Católica. Efectivamente conocen bien los resortes, pues ya hay gente que se ha manifestado en contra de esta declaración, y eso que todavía no se ha hecho pública. A veces siento mucha impotencia frente a estos desmanes. No se debiera permitir que con este juego de palabras se desvirtúe lo que debiera ser un debate serio. Pero en este país, y me refiero a España, no al diario, parece que hay gente dispuesta a que nada se debata de verdad, y ahora sí hablo del diario.
Parece que, a ojos de los intelectuales del País, el diario, toda persona que se posicione junto a la Iglesia ya no es intelectual, pues la Iglesia está sosteniendo el oscurantismo que durante siglos ha sido su bandera y, bla, bla, bla, bla. Pero habría que decir de una vez por todas que el mayor de los oscurantismos lo sostiene una sociedad que se dice democrática, y manipula; que se dice libre y restringe la libertad de expresión y de pensamiento; que se dice progresista, y prefiere erradicar el problema en lugar de evitarlo. Porque al final estamos hablando de esto, de pretender solucionar un problema desde la supuesta progresía, cuando es justo lo contrario. Siempre creí que lo progresista estaba vinculado a la educación, a la provisión de conocimiento y criterio para tomar decisiones en libertad. Sin embargo se ha elegido lo fácil, como ocurre con todo últimamente, pero con una ligera pátina de progresismo. Se ha renunciado a la educación y a complicarse la vida con diatribas éticas y se ha ido directamente al parcheo, ¿que la niña se queda embarazada?, pues que aborte y punto, pues qué sabrán los curas. Reduccionismo antológico ante una cuestión en la que nos jugamos mucho, me temo. Desgraciadamente, me temo que nos quedaremos con el grito helado en la inmensidad del desierto, pues nadie atenderá esta llamada a la cordura, a la sensatez, al uso del intelecto. Tal vez ese planteamiento sea demasiado complejo, cuando es mucho más fácil decir que posicionarse en contra del aborto es ponerse del lado de los obispos. Además, afinando aún un poco, tendríamos que decir que ni siquiera éste es el debate, pues el aborto en nuestro país ya está despenalizado. La cuestión es si cambiamos una ley que no sabemos si va a solucionar algo. Puede que sólo aumente el drama de los de siempre, los más débiles, los que al final no tienen la verdadera libertad de acción porque les falta la agencia, la llamada "libertad interior" que exige cierta madurez. De eso ya veréis cómo no se preocupa nadie en el país, ni en El País, claro.
Seguro que en la lista de los trescientos se cuela algún recalcitrante, de hecho ya he visto el nombre de alguno de ellos, pero seguro que también hay gente que piensa diferente a lo que se mantiene como doctrina oficial en este momento. Sin ir más lejos, hoy he escuchado a una tertuliana que decía algo así como "no se puede consentir a la Iglesia que trate de manipular diciendo que desde la concepción se encuentra todo el mapa genético de la persona futura". Al final resulta que no había sido una opinión de la Iglesia sino de un posicionamiento de un científico que, indignado, se reafirmaba en que no emitía una opinión, sino que estaba constatando un hecho. Y encima tiene razón.
Veremos qué cuenta la declaración. Ojalá aumente la polémica, si ello sirve para promover la reflexión.

jueves, 5 de marzo de 2009

Mezquindad


"Señorita, es usted tan mezquina como la empresa para la que trabaja". Así terminé una conversación el otro día. Utilizaba la palabra mezquina en su tercera acepción del RAE, por si había alguna duda. La sensación que tuve es de ausencia total de nobleza de espíritu en mi interlocutora, que tenía como meritorio el ser capaz de transmitir de un modo preclaro el espíritu de su empresa.
Me pregunto si los entrenan. Es decir, si las grandes empresas que utilizan teleoperadores y oras para todo, invierten en la formación de la mezquindad. O al menos en su fomento. No lo sé, pero hay ocasiones en las que lo parece. Y últimamente he podido comprobar que ya no es coto privado de Telefónica, la gran mezquina donde las haya, sino que el modelo de trato altanero, despectivo y despreciable se está exportando. Así pues, se le han unido las eléctricas, que no os podéis ni imaginar cómo se lo están montando con lo del recibo mensual, como especiales seguidoras. Tú llamas, intentan explicar tu problema y claro, como el Sr. Sebastián les ha dado coto privado, se ríen prácticamente en tu cara.
Pero no nos confundamos, la maestra es la maestra, y Telefónica sigue siendo la reina de la mezquindad. Sus operadores, oras, entrenados de una manera envidiable, son capaces de enviarte a números que no existen, a explicarte que el sistema se ha caído cuando quires formular una reclamación o, lo que es aún más mezquino, hacer como si les afectase tu caso, para después dejarte sin solución. El otro día, sin ir más lejos, un operador me intentaba convencer de que llamar a un teléfono de pago para comunicar una avería era algo irremediable. Pero la gran frase me la sacó aquella que, impasible, me explicaba que no tenía conexión a internet porque había tramitado una migración a otra compañía y entonces yo había terminado mi relación con ellos. Habitualmente te han de dejar algún día para la tramitación, pero Telefónica no te lo va a poner tan fácil, sobre todo si puede cabrearte a costa de la compañía rival.
Desgraciadamente lo del teléfono va a costar un poco más, pero tengo esperanzas de poder dejar de pertenecer a la mezquina compañía antes citada. En el pueblo donde vivo, no tengo demasiadas oportunidades, de lo contrario ya no estaría aquí. No es que crea que las otras son mejores, pero al menos puedo aprovechar el tiempo que tarden en aprender el ingenioso arte que Telefónica ha cultivado con tanto esmero durante años... la mezquindad.

lunes, 2 de marzo de 2009

Las Tentaciones


Ahora que ya estamos en cuaresma, podemos abordar el tema de las tentaciones, para ir haciendo boca. Porque no me negarán ustedes que no hay mayor tentación que la de un buen dulce un viernes de cuaresma, y que por eso se inventó la torrija, que es pan frito, algo nada ostentoso y, sin embargo, delicioso. Sobre todo si se está a régimen. Y parece ser que, visto el panorama, habrá que hacer caso de aquella revenida sabiduría de Boigny que decía algo así como "no mires en la boca de aquél que está envasando cacahuetes". No cabe duda de lo que uno encontraría.
Parece ser que tendríamos que hacer la misma inferencia para entender la situación que vivimos en algunos ámbitos de nuestra vida política. Así vemos como si miramos con un poco de atención las manos del que está gestionando los fondos públicos... Ufff, ahí estamos. Así está Marbella, el alcalde de Alcaucín y el, desde ayer, presidente en funciones de la Xunta. Fíjense que lo primero que ha anunciado el presidente electo es que va a poner fin a los despilfarros de los anteriores gestores, empezando con un símbolo, vender el cochazo que se habían comprado en plena crisis.
Y reflexionando sobre todo eso me doy cuenta que cada día tengo menos claro dónde situarme a nivel político. Lo que sí tengo claro es que el cambio es bueno, aunque solo sea para favorecer el maltrecho mercado de coches usados. No es bueno que nadie se eternice en el poder, al final tendría muy difícil resistirse a la torrija, digo, a la tentación, pues no tendría a nadie a quien rendir cuentas. Al final las cosas se van acumulando, los desvíos se van acentuando y comienzan a aparecer las corrupciones y las comisiones. Y esas sí que tienen poca diferencia de signo.
Aunque también es verdad que, haciendo un análisis muy poco pormenorizado, es bueno que la derecha gobierne de cuando en cuando porque dura poco, sanea y permite otra rachita de bienestar público. Pero claro, si de lo que se trata es que alternen los nacionalistas, entonces da igual quien los desbanque, la derecha, la izquierda o, si hiciera falta, los anarquistas. Porque todo partido nacionalista añade, a lo anteriormente mencionado, el complejo de inferioridad frente a la metrópoli, y al final termina mangando so capa de bien, como si estuviera haciendo efectiva una antigua y enquistada venganza por el sufrimiento recibido en la represión. ¿Qué represión? Pues cuál va a ser, la represión.
Así que estoy contento porque ha ganado la derecha en Galicia y estoy contento porque ha subido la izquierda en Euskadi. Y todo ello, porque propicia el cambio. Otro capítulo serán las negociaciones, pero si por mi fuera, mantendría cierta manga ancha. Total, al César lo que es del César y, frente a los marrulleros, toda fullería es poca. Que no vengan con mandangas de que la lista más votada, de que la ética y otras monsergas de las suyas. Nosotros hablamos con mayúscula. La Ética pertenece a los demócratas y a los constitucionalistas, y luego ya nos las arreglaremos. De momento, nos basta lo esencial: que se vayan con su torrija. Ya veremos cómo nos bandeamos con las otras tentaciones.

jueves, 26 de febrero de 2009

La coherencia

Hace tiempo que estoy convencido de que, si hay algo complicado en este mundo, es ser coherente. Me hace gracia, por ejemplo, el planteamiento que se hace con la violencia en los "territorios ocupados". Pero claro, una de esas gracias hilarantes de las que ríes por no llorar. Y me explico. Resulta que, al parecer, poner una bomba en la sede social de un partido político, es un acto reivindicativo de la libertad. Sin embargo, liarte a mazazos con los cristales de la sede social de otro partido político, es un acto fascista. Y ahora viene la risa.
No entiendo como, a estas alturas, sinceramente, se sigue dando cancha al papanatismo estúpido de los proetarras, que se creen sus propias imbecilidades. Lo malo es que el resto de la gente se apunta sin demasiada crítica. Señores, no. No se puede admitir jugar sin seguir las reglas. Aquí no me vale el "en mi casa se juega así" o "yo me lo sé de otra manera". Las reivindicaciones políticas se han de pelear con la palabra, y no con la pistola. Y si no es así, no se puede jugar. Sencillamente es imposible.
Pero los energúmenos de siempre, que desgraciadamente son más de cuatro, se plantan y hacen una manifestación "pacífica" de protesta, después de haber inundado las calles de carteles amanazadores. Resultado, si eres de los que pones bombas, sales a que te saquen en la tele; si eres de la tele, vas a sacar a los subnormales que ponen bombas; si rompes cristales, aunque te hayan reventado la casa de rebote, te tienes que ir para siempre de tu país.
Creo que ya está bien. Hay que pasar ya de esa idea políticamente correcta de responder a la violencia con resignación. No, hay que ser más valientes y más demócratas. La violencia hay que responderla no con condescendencia sino con denuncia. Por eso digo, vamos a ser coherentes, basta ya, más intervención policial y más protección a los derechos de los ciudadanos. Más rigurosidad en la justicia y trabajos para la comunidad. Que de una vez por toda el hacha caiga sobre la serpiente y la degüelle. Lo demás, serán pañitos calientes. Viva Euskadi libre de ETA. Vamos, que pueda vivir de una vez por todas.

martes, 24 de febrero de 2009

FESPACO

Ouagadougou bulle en
la preparación de la vigesimo primera edición de su famoso festival de cine panafricano, la FESPACO. Se congregan gentes llegadas de toda la región y gran número de europeos, que son los que verdaderamente interesan, por la repercusión económica que eso tiene. Evidentemente, y
a pesar de lo dicho, no se trata de un festival de masas, sino más bien de un acontecimiento pintoresco que Burkina Faso trata de rentabilizar de la mejor manera posible. Todo beneficio es bienvenido, eso es innegable en un país que anda siempre debatiéndose los últimos puestos de las listas de índice de desarrollo humano.
Y tal vez por ello sorprenda tanto que sea precisamente aquí, en Burkina, donde tenga lugar dicho acontecimieto. Esta circunstancia dice mucho en favor de los cuatro locos cineastas que han creído en su proyecto, a pesar de las circunstancias adversas, tales como Idrissa Ouedraogo, Pierre Yameogo o Gaston Kaboré, entre
otros. Locos en una ciudad que vibra por y con el cine, aunque generalmente en locales clandestinos y con producciones norteamericanas, indias o chinas. Eso es lo que hay, y sobre todo porque los 1500 francos CFA de la entrada oficial dejan en la calle a la gran mayoría.
Podríamos elaborar una sesuda teoría de los daños de la piratería en la industria cinematográfica, pero aquí se llega a lo que se llega, y resulta bastante snob pagar más, pudiendo pagar menos. Quizá aquí se vea claro que la salida no es la persecución de cánones, sino el abaratamiento del proceso. Si las películas autóctonas lograran tener la distribución de las americanas o las indias, sin duda estarían entre las más vistas, porque el cine autóctono tiene el marchamo indiscutible de África, y eso lo hace enganchar enseguida con sus gentes.
Pero me temo que eso queda lejos. Algún productor sueña con esta posibilidad, basándose en las nuevas tecnologías digitales, que hacen abaratar enormemente el precio de la producción. Pero igualmente coincide en que todavía deben pasar muchos años para que el cine esté realmente al alcance de todos. Es una pena, sobre todo porque se allí se apañan con casi nada, pero queda camino por recorrer.
Mientras tanto, siguen organizando la FESPACO, que cumple ya cuarenta años. Desgraciadamente la repercusión sigue siendo limitada y el apelativo de famoso del principio llevaba algún ramalazo de ironía, aunque suene algo de vez en cuando. Sólo confío en que el proyecto siga y pueda visitarla en su próxima edición, pues para la de este año lo tengo más complicado. ¿Quién se llevará este año el Ethalon de oro?

miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Qué plazo?


Me preguntan, y con razón, de qué plazo estamos hablando. Es cierto que nunca podemos establecer un criterio univesalizable, por lo que siempre podremos encontrar a alguien que tenga un criterio diferente al nuestro, basado en algo razonable, por supuesto. Pero bueno, yo tengo el mío. Como comentaba en el anterior post, prefiero una ley de plazos, pero escogiendo el mal menor, pues estoy convencido de que el aborto es un fracaso de la educación en la inmensa mayoría de los casos. Es decir, puestos a elegir, elegiría una reestructuración seria de la política educativa en materia de sexualidad y procreación para evitar lo de siempre, que las niñas paguen el papanatismo de los adultos.
Pero bueno, como vamos a los plazos, intento exponer mi parecer. Creo que hay una diferencia importante entre que se produce la concepción y posteriormente la anidación del embrión. Cierto es qeu podríamos hacer mucha filosofía con lo genético, pero no voy a extenderme en ello. La concepción implica la creación de un "banco genético" en absoluto desdeñable, pero que tiene muchas posibilidades de no llegar a término. Una vez que se produce la anidación de la mórula en el endometrio, estamos hablando de otro estadío, donde se reducen las posibilidades de fracaso y consiguientemente aumentan las de éxito. En esta situación creo que hay que hacer una valoración ética diferente, aunque sea por el mero hecho cuantitativo. Pero creo que puede establecerse otro límite claro entre este hecho y el nacimiento, y es el de la aparición de la "cresta neuronal", lo que llegará a ser con el tiempo el cerebro. Desde una perspectiva estructuralista, podríamos hacer hincapié en lo significativo de este momento, que configurará aquello que asentará la base de la característica más propia del ser humano, su capacidad pensante. Por eso en el momento que surge el surco neural, podríamos decir que se establece la base estructural de un ser humano y que merece una consideración ética apropiada a su condición. Estamos hablando de las tres o cuatro semanas, tiempo hasta el que debiera extenderse esa libertad para tomar la decisión en el foro privado. A partir de este momento, tiene que ser el foro público el que regule las decisiones, y aquí habría que empezar a ser estrictos con los supuestos.
Algunos dirán que es muy poco tiempo, pero si nos estamos jugando el estatus ontológico del ser humano, es decir, a punto a partir del cual a un ser humano lo consideramos humano, ningún tiempo es corto, pues nos jugamos muchísimo. Además, siempre trato de dar una visión que sea compatible con la realidad del creyente. Es decir, frente al fixismo de algunas posturas que a veces lo único que buscan es eludir el diálogo, presento aquí una postura que, aunque mantiene su dosis de inquietud y de polémica, permite al menos una apertura al diálogo con la sensación de mantenerse en un contexto de cierta realidad, sin el penoso olor a sacristía poco iluminada. Tenemos que reivindicar un rol en el foro público, pero hay que desarrollarlo con dignidad y con cierta credibilidad. Por eso, me apunto a la ley de plazos, pero ojito con los plazos.

viernes, 13 de febrero de 2009

Lo del aborto


Tal vez alguno se sorpredería con lo que pudiera leer a continuación, por no esperable. Ya he comentado alguna vez lo que supone la ley del aborto, frente a una buena política de educación, que es en verdad de lo que adolecemos. Pero como las cosas siguen su curso, sería absurdo esperar una rectificación al respecto por parte del gobierno. Casi doy por sentado que no se va a promover un debate público más amplio que aquel que ha sido ya planteado, así que tendremos que dar por supuesta una ley le plazos para el aborto. Y dadas así las circunstancias, yo casi la apoyo. Eso sí, a cambio de un planteamiento realmente honesto de la puesta en acción. Y es que casi estoy de acuerdo con que haya un período de tiempo donde la decisión del aborto esté restringida al foro de lo privado, aún con lo que ello supone. Pero claro, todo a cambio de que se respete escrupulosamente el terreno de lo público, y en ese terreno la decisión no es exclusiva del interesado, ni exclusiva del proveedor de servicio, sino que han de cumplirse realmente los protocolos que el gobierno haya estimado oportunos.

Cualquiera que no sepa muy bien de qué se trata todo esto, pensará que no me expreso con claridad meridiana, pero a poco que conozcas el modo de proceder actual, sabría a qué me estoy refiriendo. En la actualidad son muchos los casos en los que alguien acude a realizar una interrupción del embarazo y, si no se cumplen los requisitos exigidos, se falsean. Posteriormente nadie se encarga de verificar si la persona estaba o no preparada psicológicamente para afrontar, no un embarazo no deseado, sino un aborto no aceptado. El resultado es que miles de adolescentes siguen llorando con miedo y desesperación una pérdida ni siquiera comprendida. Pero claro, las madres tienen mucha prisa, las clínicas mucha demanda y los políticos, en muchos casos, muy poco sentido de la responsabilidad.

Así pues, aceptaría una ley de plazos, en lugar de una de supuestos. Pero velemos porque los plazos se cumplan y no se sacrifiquen estos a los supuestos. De lo contrario, tendría que decir que me da igual qué ley pongan, porque sigue siendo una verdadera chapuza. Si decidimos separar las dos esferas, de lo privado y de lo público, respetemos el marco en el cual ambas actúan.

Entiendo que mucha gente no secundará mi opinión, pero creo que a veces no merece la pena oponerse a algo que sabemos que va a isntaurarse por esa estúpida costumbre de la disciplina de voto en el parlamento. Así que mejor trabajar por conseguir la mejor opción posible, dentro de lo que se va a dar por hecho. Lo contrario sería exigir que empezáramos por el principio, que sería lo deseable, pero que a estas alturas se me antoja imposible. No me veo a sus señorías enfrascadas en la sesuda tarea de debatir sobre el status ontológico del embrión humano. Hasta ahí podríamos llegar.

sábado, 7 de febrero de 2009

El caso de Eluana


En las últimas semanas hemos tenido la oportunidad de seguir en al prense el caso de Eluana Englaro, una joven italiana que, tras el accidente de tráfico que sufrió en enero de 1992, quedó en Estado Vegetativo Persistente (EVP). Aquellos que hemos tenido la oportunida de seguir estos temas, sabemos que no se trata de un caso novedoso y, si me apuran, ni siquiera merecedor del tirón mediático. El caso de Eluana es muy similar al de Nancy Cruzan, caso estrella en las cortes judiciales de los años ochenta estadounidenses, muy vinculado a su precedente compatriota de Karen Ann Quinlan. Después hubo más y, desgraciadamente, tendremos otros tantos que habrán quedado en el anonimato. Pero lo que no deja de sorprenderme es que, a estas alturas, se siga vinculando este tipo de casos al tema de la eutanasia. Desde mi entender, no hay nada más absurdo.
Tras años de debate tendría que haber quedado claro que, cuando hablamos de eutanasia nos estamos refiriendo a aquella práctica en la que alguien, generalmente un médico, pone fin a la vida de otro, con un acto positivo, previa petición del interesado. Y si no media la petición expresa, no puede ser considerado un acto eutanásico, sino más bien homicida. Pero lo que se está discutiendo en el caso de Eluana, es algo totalmente diferente, que no tiene nada que ver con esta situación. Y ello por varias razones.
En primer lugar, aunque los periodistas se empeñen en llamarlo así hasta la saciedad, la paciente no está en coma irreversible, sino más bien en un EVP, lo cual quiere decir que el deterioro de su cerebro a nivel superior le impide sentir, sufrir, querer, interactuar, etc. Sólo sus funciones vegetativas han quedado intactas, pero nada queda de sus funciones cognitivas. Es decir, Eluana no puede solicitar la eutanasia. En segundo lugar, por muy periodístico que suene, no podemos hablar de sensaciones como el hambre, la sed o cualquier otra percepcción. Su cerebro la incapacita para ello. Así pues, Eluana no está sufriendo. En tercer lugar, lo que se está pidiendo es que se suspenda una medida de soporte vital artificial que permita que la naturaleza siga su curso, y no que se ponga un acto positivo para matarla.
Por todo ello, y conste que es un mero apunte, no podemos establecer un vínculo con la eutanasia, pues sólo confunde y vende periódicos. Así que se equivocan los periodistas, cuando hablan de manera sesgada e incompleta; se equivoca el gobierno italiano, que hace bien en ir con cautela, pero que haría mejor si se asesorase y pusiera fin a los equívocos reconociendo que tan solo es un caso de retirada de medidas de soporte vital; se equivoca la Iglesia en dos cosas, la primera cuando no se deja hablar a los moralistas y se pretende hacer creer que la teología dogmática llega a todo, la segunda cuando invocan la santidad de la vida a cualquier precio, cuando tendrían que defender lo que es coherente con su planteamiento, el cursum natura que nos reconcilia con el ciclo de la vida y la muerte.
Por detrás de todas estas confusiones se obvia lo más importante, el deseo de Eluana. Y efectivamente, me diréis que ella no puede desear, y es correcto sólo hasta cierto punto. Eluana tiene un tutor, puesto ahí por la sociedad para garantizar su autonomía, para que, en el caso en que ella quedase incapacitada para ello, pudiera tomar decisiones en su nombre, eligiendo aquello que supone el mayor bien del paciente. Desgraciadamente Eluana no puede decir nada al respecto; es posible, incluso, que nunca dijera nada al respecto. Pero lo que es indiscutible es que si el juez otorga validez a su tutor, respetar su opinión equivale a respetar el deseo de Eluana, y eso es lo verdaderamente importante. Esta postura se puede defender desde la democracia, el estado de derecho, la fe cristiana y la conciencia ciudadana. Con ninguna de estas tendencias entra en conflicto sino con la de siempre, la más difícil de solucionar, la pertinaz falta de sentido común en todos los estamentos de nuestra sociedad.

jueves, 5 de febrero de 2009

¡Qué pelazo!


Con esta expresión se refirió un conocido al ex presidente de gobierno español José María Aznar. Y es verdad, ¡qué pelazo! No sé si tenderá a moverse entre estilistas y asesores de imagen, pero qué quieren que les diga, y no es por envidia, debiera hacerse un arreglito. Y digo lo del arreglito, sobre todo, porque me da la impresión de que tanto pelo le está sobrecalentando la cabeza y las ideas se le vuelven calenturientas, como esa de justificar abiertamente la respuesta de Israel a las provocaciones palestinas. Como ya dijo Píndaro Dulce bellum inexpertis, o lo que viene a ser lo mismo, que la guerra es dulce para el que no la conoce.
Me da la impresión que esta es una fea costumbre que tenemos en nuestro occidente ombliguista, pensar que nuestra sabiduría está por encima de la realidad. Por eso nos atrevemos a pensar, desde lejos, que la guerra es una solución plausible, cuando siempre podemos encontrar otros caminos alternativos. Sí, siempre, si hay voluntad. Más aún si se trata de la discusión que va más allá de lo ideológico, donde siempre encontraremos talibanes dispuestos a inmolarse, y se centra en lo que viene a ser el verdadero corazón del problema, la eterna controversia entre ricos y pobres. Desde esta perspectiva, mucho más real en el caso que nos ocupa, los derechos de Israel serán siempre más preclaros que los de Palestina y, dicho sea de paso, lejos yo de defender a los chalados que se dedican a tirar cohetes como otrora apaleaban una colmena al salir del colegio. Lo que ocurre es que la realidad es poliédrica, y se hace imposible hacer una aproximación real desde todas sus caras, cayendo en la fácil tentación de interpretar el mundo con nuestra mirada, sin contar con otras muchas, y menos aún con la de los tuertos.
En cualquier caso, la pregunta tiene truco. ¿Se quedaría vd. quieto si sus vecinos le bombardean su territorio poniendo en peligro a su familia, su estabilidad y su proyecto de futuro? Pues seguramente no, como tampoco me quedaría quieto si me expropiaran mi campo, donde mis ovejas vienen pastando desde que David se dedicaba a cortar los prepucios de los tatarabuelos, y se lo dieran por la cara a un montón de centroeuropeos que entienden de oriente lo que Bush de energías renovables. O sea, que para ser serios tenemos que ir al origen del problema y ese origen estriba en la propiedad de la tierra que, por mucho que Yahvé se empeñara, fue de los palestinos antes que de los judíos; que de aquellos judíos, que si hablamos de los que luego vinieron... pues eso, no tenían de esa tierra ni el color de los cabellos. Al menos eso sí lo tiene Aznar. ¡Qué pelazo! (Por cierto, la foto se la he cazado al diario Público, que al final se la ha pagado a EFE. Gracias a los dos por su desinteresada colaboración)

domingo, 1 de febrero de 2009

Las rachas


Efectivamente, son rachas. No sabríamos muy bien cómo explicarlo, ni científica ni esotéricamente, pero son rachas. La mía se va alargando demasiado, pues no puedo enganchar más de un mes tranquilo, con cierto ritmo y, hasta con ganas de escribir. Pero como no sabemos quién controla esto, tampoco vamos a detenernos a darle más vueltas. Que se acabe la racha, y punto.
Aunque, hablando de rachas, a ver cuánto nos dura la mala racha de la crisis... o lo que sea. Recuerdo que antes estábamos todos preocupados porque los precios había subido una barbaridad, y claro, nos acosaba eso que los economistas llaman inflacción, que es como la sensación de que no llegas nunca a final de mes, pero en plan global, como tienen que ser los grandes problemas. Pero mira tú por donde, justo cuando estábamos intentando reajustar los presupuestos domésticos, cuando caíamos en la cuenta de que el gasoil había bajado y que nos estábamos gastando unas docenas de euros menos por llenar el depósito del coche, nos encienden la lucecita de alerta de la deflacción. No sabría muy bien cómo explicar esto pero, parece ser, que no debiéramos ponernos contentos porque los precios bajen, porque al final es peor... ¿Peor para quién?, digo yo. Pues para todos, también en sentido global, oye, que se trata de un gran problema.
Así que, sin saber muy bien por qué, se me ha borrado la media sonrisa que últimamente se me venía dibujando frente al surtidor de gasoil. Me obligo a ponerme serio y hasta me entran ganas de comprarme un ambientador, de esos que en la gasolinera cuestan seis veces más que en el Mercadona, para compensar el gasto. Porque me han explicado que lo importante es consumir, cuanto más mejor, a ser posible.
Y quizá sea en este momento cuando me encuentro con el verdadero problema de conciencia, pues yo llevo bastante mal eso del consumo. Me imagino que habrá sido por deformación acumulada en los años de juventud, pero a mí eso de comprar por comprar, no termina de salirme. Y a veces me pongo, de verdad, pero no soy capaz de bordarlo. Tengo que reconocer que antes me tranquilizaba, porque era algo así como un punto de resistencia frente a esta sociedad moldeada por y para el consumo... pero claro, ahora estamos hablando de un gesto solidario. O sea, gasta más de lo que tienes, porque así el consumo funcionará y, aunque parezca que no llegas a fin de mes, ya saldrá una ayuda para... ¡los bancos!, que te prestarán dinero a un interés mucho más algo que el del mercado, y así no pararás de depender de ellos. ¿No será que a quien perjudica la deflacción es a los bancos? No tendríamos que descartar del todo esa cuestión. Claramente están siendo los grandes protagonistas de esta crisis, en parte generada y mantenida por ellos.
Y es que a poco que echemos un vistazo a las nuevas "catedrales" de nuestras ciudades, nos daremos cuenta de quién es el verdadero dios de la sociedad. Sus "templos" destacan en medio de los hogares de la gente, como antaño lo hcían las catedrales en los burgos. Sí, sí, salvemos las distancias, pero que Dios nos pille confesados.