
Ahora que ya estamos en cuaresma, podemos abordar el tema de las tentaciones, para ir haciendo boca. Porque no me negarán ustedes que no hay mayor tentación que la de un buen dulce un viernes de cuaresma, y que por eso se inventó la torrija, que es pan frito, algo nada ostentoso y, sin embargo, delicioso. Sobre todo si se está a régimen. Y parece ser que, visto el panorama, habrá que hacer caso de aquella revenida sabiduría de Boigny que decía algo así como "no mires en la boca de aquél que está envasando cacahuetes". No cabe duda de lo que uno encontraría.
Parece ser que tendríamos que hacer la misma inferencia para entender la situación que vivimos en algunos ámbitos de nuestra vida política. Así vemos como si miramos con un poco de atención las manos del que está gestionando los fondos públicos... Ufff, ahí estamos. Así está Marbella, el alcalde de Alcaucín y el, desde ayer, presidente en funciones de la Xunta. Fíjense que lo primero que ha anunciado el presidente electo es que va a poner fin a los despilfarros de los anteriores gestores, empezando con un símbolo, vender el cochazo que se habían comprado en plena crisis.
Y reflexionando sobre todo eso me doy cuenta que cada día tengo menos claro dónde situarme a nivel político. Lo que sí tengo claro es que el cambio es bueno, aunque solo sea para favorecer el maltrecho mercado de coches usados. No es bueno que nadie se eternice en el poder, al final tendría muy difícil resistirse a la torrija, digo, a la tentación, pues no tendría a nadie a quien rendir cuentas. Al final las cosas se van acumulando, los desvíos se van acentuando y comienzan a aparecer las corrupciones y las comisiones. Y esas sí que tienen poca diferencia de signo.
Aunque también es verdad que, haciendo un análisis muy poco pormenorizado, es bueno que la derecha gobierne de cuando en cuando porque dura poco, sanea y permite otra rachita de bienestar público. Pero claro, si de lo que se trata es que alternen los nacionalistas, entonces da igual quien los desbanque, la derecha, la izquierda o, si hiciera falta, los anarquistas. Porque todo partido nacionalista añade, a lo anteriormente mencionado, el complejo de inferioridad frente a la metrópoli, y al final termina mangando so capa de bien, como si estuviera haciendo efectiva una antigua y enquistada venganza por el sufrimiento recibido en la represión. ¿Qué represión? Pues cuál va a ser, la represión.
Así que estoy contento porque ha ganado la derecha en Galicia y estoy contento porque ha subido la izquierda en Euskadi. Y todo ello, porque propicia el cambio. Otro capítulo serán las negociaciones, pero si por mi fuera, mantendría cierta manga ancha. Total, al César lo que es del César y, frente a los marrulleros, toda fullería es poca. Que no vengan con mandangas de que la lista más votada, de que la ética y otras monsergas de las suyas. Nosotros hablamos con mayúscula. La Ética pertenece a los demócratas y a los constitucionalistas, y luego ya nos las arreglaremos. De momento, nos basta lo esencial: que se vayan con su torrija. Ya veremos cómo nos bandeamos con las otras tentaciones.
Parece ser que tendríamos que hacer la misma inferencia para entender la situación que vivimos en algunos ámbitos de nuestra vida política. Así vemos como si miramos con un poco de atención las manos del que está gestionando los fondos públicos... Ufff, ahí estamos. Así está Marbella, el alcalde de Alcaucín y el, desde ayer, presidente en funciones de la Xunta. Fíjense que lo primero que ha anunciado el presidente electo es que va a poner fin a los despilfarros de los anteriores gestores, empezando con un símbolo, vender el cochazo que se habían comprado en plena crisis.
Y reflexionando sobre todo eso me doy cuenta que cada día tengo menos claro dónde situarme a nivel político. Lo que sí tengo claro es que el cambio es bueno, aunque solo sea para favorecer el maltrecho mercado de coches usados. No es bueno que nadie se eternice en el poder, al final tendría muy difícil resistirse a la torrija, digo, a la tentación, pues no tendría a nadie a quien rendir cuentas. Al final las cosas se van acumulando, los desvíos se van acentuando y comienzan a aparecer las corrupciones y las comisiones. Y esas sí que tienen poca diferencia de signo.
Aunque también es verdad que, haciendo un análisis muy poco pormenorizado, es bueno que la derecha gobierne de cuando en cuando porque dura poco, sanea y permite otra rachita de bienestar público. Pero claro, si de lo que se trata es que alternen los nacionalistas, entonces da igual quien los desbanque, la derecha, la izquierda o, si hiciera falta, los anarquistas. Porque todo partido nacionalista añade, a lo anteriormente mencionado, el complejo de inferioridad frente a la metrópoli, y al final termina mangando so capa de bien, como si estuviera haciendo efectiva una antigua y enquistada venganza por el sufrimiento recibido en la represión. ¿Qué represión? Pues cuál va a ser, la represión.
Así que estoy contento porque ha ganado la derecha en Galicia y estoy contento porque ha subido la izquierda en Euskadi. Y todo ello, porque propicia el cambio. Otro capítulo serán las negociaciones, pero si por mi fuera, mantendría cierta manga ancha. Total, al César lo que es del César y, frente a los marrulleros, toda fullería es poca. Que no vengan con mandangas de que la lista más votada, de que la ética y otras monsergas de las suyas. Nosotros hablamos con mayúscula. La Ética pertenece a los demócratas y a los constitucionalistas, y luego ya nos las arreglaremos. De momento, nos basta lo esencial: que se vayan con su torrija. Ya veremos cómo nos bandeamos con las otras tentaciones.
1 comentario:
Respecto a los despilfarros del presidente, en funciones, de la Xunta de Galicia, te recomendaría echar un vistazo al siguiente enlace: http://www.publico.es/espana/209116/fraga/compro/coches/iguales/audi/tourino
Sobretodo, después de haberlo comparado con Marbella y Alcaucín. Dicen que las comparaciones son odiosas, y esta, sin duda, me lo parece con mayúsculas.
Y en cuanto a que es buena la alternancia en el poder...totalmente de acuerdo. Sin embargo, no puedo alegrarme del cambio en Galicia, teniendo en cuenta que los que han ganado, han gobernado Galicia desde los años 80 hasta el 2005. Alternancia por supuesto...pero, ¿20 años unos y 4 años otros? Me parece poco equilibrada esa alternancia. En cualquier caso, las urnas nunca se equivocan, y le deseo toda la suerte al Señor Feijoó para mejorar la calidad de vida de los gallegos. Eso sí, desde su citroën fabricado en Francia.
Saludos.
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