
Bueno, bueno,bueno... tantos temas dejados pasar, que no sabe uno por dónde empezar. En este año largo de silencio bloguero, podemos decir que ha pasado de todo, pero lo que sobre todo ha pasado, y además como un rodillo, ha sido esta crisis que nos agobia a todos menos a los de siempre.
Tengo que reconocer que en varias ocasiones he comenzado a escribir, pero nunca me parecía que era lo suficientemente importante como para recomenzar con esta historia medio literaria, tan reñida con la paternidad. Así que debo tener el buzón de borradores hasta arriba. Pero no voy a recuperar nada, sino que voy a salir al paso de lo que se viene diciendo por ahí. Eso sí, ya que empezamos con un toque de bioética, vamos a recomenzar también por ahí.
Se ha puesto pesadito "El País", el periódico, me refiero, en su twitter, con la carta de Javier Esparza al ministro Gallardón. No cabe duda que el tema promete, aunque se saque, como es habitual en estos temas, arropado por los cálidos vientos de las vacaciones estivales. Gallardón ha prometido tocar la ley del aborto, y las reacciones no se han hecho esperar. Un prestigioso neurocirujano ha enviado una carta abierta a través del diario anteriormente citado para indicar aquello que, a su juicio, ha de considerarse antes de tocar la ley del aborto en nuestro país. El Dr. Esparza esgrime una serie de argumentos, la mayor parte de ellos estadísticos y económicos, y concluye diciendo que "ninguna sociedad tenga el derecho, y menos pudiendo evitarlo, de cargar a ningún ser humano con sufrimientos más allá de lo imaginable". Y efectivamente, quizá ninguna sociedad pueda arrogarse justamente este derecho. El problema es que el Dr. Esparza no explica por qué, pues su argumentación iba por otro sitio.
Y precisamente ha sido esta pequeña incoherencia lógica la que me ha hecho saltar hacia el teclado y retomar esta tarea de reflexión. Me da la impresión que cada vez no las "cuelan" con mayor facilidad, aquellos que siempre han criticado la pontificación, lo hacen por encima de leyes, valores y respetos mutuos, y los enunciados de su credo increyente, según parece, no han de ser acompañados por ningún tipo de razonamiento o argumentación. Así pues, si alguien dice "yo estoy a favor del aborto", hay que respetar su postura, por progresista, entiendo. No obstante, si algún otro se aventura a decir: "pues yo estoy en contra del aborto en tal supuesto", entonces te piden explicaciones. Y a todo el mundo le parece lógico. A mi no.
La ley condena el aborto, pero lo despenaliza en algunos supuestos, que deben ser convenientemente justificados. De no ser así, seguiría siendo algo penado, por mucho que le rechine al personal. Y luego, se pueden discutir la conveniencia o no de los supuestos, si son más o menos adecuados, si recogen la problemática que se presenta en al sociedad, etc. Así pues, en esta línea de reflexión, habría que justificar convenientemente cada uno de los supuestos que se presentan en la ley que, en realidad, es el debate sobre muchas cosas, el estatuto ontológico del embrión humano, la conjugación de las leyes y los credos presentes en la sociedad, la distinción entre lo privado y lo público, la obligación de protección del estado frente a la libertad individual del ciudadano... Muchas cosas, y muy pocas de ellas han sido realmente discutidas en el foro público. Todo se suele hacer por mayorías absolutas, con poco consenso y, a ser posible, en julio.
Parece que los supuestos que otorgan a la madre la posibilidad de interrumpir el embarazo por razones que a ella le afectan, están comúnmente aceptados y difícilmente serán propuestos para revisión. Pero el ministro Gallardón sí se ha tirado al monte con aquel supuesto que se basa, no en lo que pudiera afectar al progenitor en un primer momento, sino en lo que afecta directamente al feto. Cierto es que, ya en un segundo momento, también afecta al progenitor pues engendra, he aquí la clave, sufrimiento.
A veces pareciera que este sufrimiento es el auténtico "coco" de nuestra sociedad. El sufrimiento es tan importante, que a veces pesa más que la vida. Por no "condenar" a nadie con el sufrimiento, estamos haciendo una especie de eugenesia, donde se impide el nacimiento de aquellos niños que pueden generar mucha carga, tanto de sufrimiento como de medios para paliarlo. Además ellos también iban a sufrir mucho. O no.
Nunca me he situado del lado de los movimientos pro-vida, por parecerme demasiado radicales y poco reflexivos. Pero por esa misma razón, tampoco me quiero situar al lado de los que nos defienden del sufrimiento. Nadie, efectivamente, tiene derecho a cargar a otro con sufrimiento. Sobre todo si es evitable. Pero tampoco puede arrogarse nadie el derecho a salvarnos a todos del sufrimiento, a vendernos la moto de que el sufrimiento no es consustancial al ser humano, o a hacernos creer que existe un modo de vida donde no cabe el sufrimiento, o a que todo sufrimiento se puede evitar. Aquí hay que ponerse serios, porque con el argumento de querer evitar el sufrimiento, a cualquier precio, se ha puesto fin a muchas vidas humanas que no tenían la sensación de estar sufriendo demasiado. O que habían decidido aferrarse a la vida, a pesar del sufrimiento.
A pesar de todo ello, me precio de tener una elevada concepción de la sociedad democrática, por lo que suelo aceptar con buen talante las opiniones mayoritarias, aunque sean radicalmente diversas a la mía. Pero a veces se está haciendo mucha fullería con esto y se presentan como cerrados temas que ni siquiera han estado discutidos, y eso me hace saltar. No quiero que se señale a nadie por haber interrumpido un embarazo, pero tampoco quiero que me griten consignas cuando pretendo razonar. Y porque pretendo razonar, me aventuro a decir que tengo razones que me hacen pensar que el nacimiento de un niño no debiera decidirse en función de su correcta, o no, formación en el útero materno; tengo razones que me hacen sospechar de la cosificación a la que se ven sometidos los no-nacidos, que parecen ser "propiedad" de quien los gesta, y que siempre los quieren sanos, bueno y listos; razones para pensar que la selección racial está más cercana al nazismo que al progresismo; razones que me llevarían a concluir que, siguiendo una lógica sólida, si aceptamos una serie de supuestos, podemos llegar a la conclusión de que nos sobra mucha gente en este mundo y que habría que hacer algo al respecto; razones para que esto último me genere un miedo irracional, aunque razonable porque, como dijo el otro, "ya nos conocemos". De todas mis razones, ninguna es dogmática, son susceptibles de estar equivocadas y por ello se encuentran abiertas al diálogo.
Mientras tanto, ya sabéis, no os mostréis muy sufrientes, que corren tiempos difíciles y todavía no están hechos todos los recortes.