viernes, 24 de octubre de 2008

Mientras tanto


Se me ocurre que estamos en un ambiente más que propicio para las leyes complicadas. Me imagino que no tarderemos en enterarnos que se han colado alguna de las pendientes en materia de aborto o de eutanasia. Todo el mundo habla de la crisis y eso significa tener una buena oportunidad para que no se hable de otras cosas. Si la situación se agrava, sin embargo, me imagino que la cosa rulará hacia el otro sitio; es decir, se hablará de aborto o eutanasia para no hablar de la crisis.

A lo mejor lo que se hace es sacrificar una de las dos leyes, lanzándola al foro público para calentar a las masas. Es una pena, porque cualquiera de las dos merece un debate pormenorizado y razonado, aun cuando esta circunstancia sea ya imposible en nuestra sociedad de pensamiento fullero. No sé qué foros van a utilizarse, pues estoy un poco alejado del tema, pero me temo que serán de nuevo las tertulias de radio y los programas oportunistas. Qué pena. Podríamos organizar un buen debate de ideas pero los hay que lo tienen todo claro, otros que se apuntan a todo y otros que no están de acuerdo con nada. Algo complicado será.

viernes, 17 de octubre de 2008

Cosas pendientes


Suele ocurrir que, cuando tienes muchas ganas de empezar algo, el día a día termina comiéndote y disipando los fervores del primer día. Pero no me olvido de esto, sólo cuento con poco tiempo. Así que hoy retomo, sin promesa de que dure mucho la racha.
Se me había quedado pendiente otro de los temas estrella de las tertulias de amigos y radio. Se trata de la bandera, tan traída y tan llevada. El otro día participé de refilón en un foro y me echaba las manos a la cabeza al leer el sentir de la gente. Pero claro, es lo que hay. Tenemos un lastre enorme con este tema, sin duda deuda de una mala planificación educativa, que alenta el resentimiento y la cultura del "corta y pega".
Recuerdo que cuando participaba en el foro lo hacía apelando a la necesidad de viaje. No podemos pretender juzgarlo todo desde nuestra posición, pues es estremadamente limitada. Se hace necesrio viajar, con todo lo que ello implica. Es decir, hay que cruzar fronteras, contrastar pareceres y caer en la cuenta de que no todo el mundo opina como mi entorno. Saludable ejercicio éste. Si lo practicásemos más, tendríamos otra percepción bien distinta de lo que significa una bandera, una nacionalidad y una referencia cultural. Mientras esto no sea posible, seguiremos anclados en estúpidos planteamientos que clasifican las banderas por ideologías políticas. Bandera del Estado español, facha; tenga o no tenga pato. Bandera de la Comunidad Autónoma del País Vasco, independentista; esté o no de acuerdo con la separación de dicho territorio de su actual filiación estatal. Si nos alejamos un poco, si tomamos como ejemplo otros países, encontramos otros sentires con respecto a la significación de la bandera. Es exagerada, por ejemplo, la posición de Estados Unidos y su todopoderosa bandera, llorada, defendida y anhelada por negros, blancos, chicanos o indígenas. Pero tenemos otros ejemplos por todo el mundo. La bandera nos identifica como pertenecientes a algo que nos vincula, más allá de ideologías políticas, aunque más acá del cosmopolitismo. Sin embargo, los posicionamientos de algunos agentes políticos de nuestra sociedad están tergiversando el verdadero sentido. Por ejemplo, igual que nadie se plantea concebir un estado republicano de derechas, tampoco se plantea que un republicano pueda aceptar la actual bandera como válida, sabiendo que al tricolor es tan antecostitucional como la del régimen anterior.
A mi, fuera de consideraciones políticas, me gustaría poder exhibir la bandera de mi país sin complejos ni miedos pero, hoy por hoy, me parece imposible. Tendré que seguir apoyando la publicidad de mundoviaje.com, que relaciona viajar con culturizar. No es mala intención, viendo el panorama. Puede que tengan que pasar todavía unos años, pero me temo que poco se está hacendo para que algo cambie a este respecto. Así que me veré condenado a sentir cierta vergüenza por mostrar mi bandera y me tendré que conformar con ver cómo se pasean tantos niñatos con la bandera de Brasil en las camisetas, la de Cuba en las carteras, curiosa paradoja, o la de Jamaica en los llaveros. Esos sí, todo orgullosos de no representar ni a los niños desnudos de Brasil, ni a los cubanos de Miami ni, por supuesto, a los medallistas olímpicos jamaicanos. Pero así de absurda es la racionalidad de nuestra sociedad. ¡Qué le vamos a hacer!