lunes, 30 de mayo de 2011

Que no llego


Pasan tantas cosas y me cunde tan poco el tiempo, que tengo tentaciones de escribirlo todo en una misma entrada. Pero hay cosas que merecieran una entrada en exclusiva, y no sabe uno cómo hincar el diente a tanta actualidad desactualizada. Quería haber dicho algo sobre los indignados, aunque fuera por pura indignación solidaria; se me pasó lo de Bildu y sus promesas democráticas y me cuesta resistirme, hablando de demócratas, a decir algo sobre el proceso de primarias del PSOE. Es que, además, escuché el otro día a Manolo Chaves explicándolo y, de verdad, me entran ganas de afiliarme al partido para poder evidenciar el hecho de borrarme. Sólo el grito de la calle Génova de "esto es democracia y no lo de Sol" lo ha superado en grado de estulticia, llegando incluso a rayar la estupidez profunda.
Dadas así las cosas, me decantaré por el remix que parte de la decisión del Tribunal Constitucional de desdecir al Tribunal Supremo para que todos parezcamos imbéciles y que desemboca en las primarias del partido que gobierna este país y que, al parecer, no quiere que parezcamos sino que seamos imbéciles. Así que no crea nadie que de aquí pueda salir algo distinto a una imbecilidad, pero vayamos a por ella, aunque sea por puro divertimento inocuo.
Me perdonarán los que se sientan más implicados, pero a veces me acuerdo de aquellos niños, un poco gallitos, que tenían una pelota de reglamento, que era como un lujazo al lado de las pelotas de plástico que se apepinaban al segundo boleón y que siempre salían rebotadas hacia donde pasaban los coches; pues bien, estos notas, por el mero hecho de ser los dueños del balón, se erigían en árbitros parciales y dictaban las reglas del juego, siempre a su conveniencia o a la de alguno de sus amigos. El resto miraba el balón de reglamento, luego la pelota de plástico, y tragaban con todas las reglas estúpidas de los niñosdueñosdelbalóndelasnarices; evidentemente, no había color entre jugar con un balón profesional, o eso creíamos, que hacerlo con una incontrolable pelota de plástico. Para ser justos hay que reconocer que también había una contrapartida; cuando llegaban los pitufos a confiscar las pelotas, el rostro desencajado de los dueños de las pelotas se arrastraba entre los coches deseando que los hombrecillos de azul fueran tan estúpidos como parecían dentro del 4L con sirena y pegatina fosforita. Pues bien, el balón de reglamento es a veces la paz y sus dueños, parece que son aquellos que tienen capacidad de quebrarla. Y a veces sorprendemos a algunos con los ojos haciéndoles chirivitas por darle unas pataditas a ese balón, casi de estreno, que sostienen bajo el brazo los dictadores de tres al cuarto que te parten una pierna y no pasa nada, pero tú no puedes hacerle una carga legal porque se llevan la pelota. Pues eso, que se lleven su puta pelota, que ya nos la arreglaremos con la de plástico que, además, cuando se la llevan los municipales, jode menos, porque ahora la venden por docenas en los chinos.
Pero no, al final el balón de reglamento es demasiado goloso, sale genial en las fotos y tiene la magia de la exclusividad, vinculada directamente a ser amigo del niñodueño. ¡No es justo!, grita uno. ¡Calla!, dice el otro, que se va a llevar la pelota. Y ahí estamos, haciendo como que estamos contentos, para ser amiguitos del que manda en la pelota. De estúpidos, la verdad.
Por eso a uno le renacen las esperanzas cuando ve a gente en movimiento, que intentan presentar alternativas y los de siempre dicen que es lo de siempre. Pero uno tiene la ilusa esperanza de que no sea así, de que realmente la propuesta de reflexión, sea más profunda que las meras consignas neopseudojipis que se apuntan a todo lo que suene a contraalgo. Aunque da la impresión que la sociedad está bastante oxidada como para moverse hacia algo distinto al sota, caballo y rey de cada día. Aún así, ojalá todo esto llegue a algo, más allá de la manipulación política y el jueguecito sucio de la pesca de votos a cualquier precio. Los perroflautas se han decidido a soplar y muchos tienen miedo a que suene algo. Los de izquierda han dicho que no son representativos, porque hay mucho burgués y mucho niño bien; los de derecha han afirmado que son los rojetes antisistema que dan la murga de vez en cuando... Quién sabe, lo mismo suena y salen sonidos de libertad, de reflexión, de solidaridad en la estructura social, de más participación ciudadana, de salir de este letargo... En Madrid no habrá mossos de cuadra, de los que dan coces a quien se les ponga por delante, pero seguro que están sus primos hermanos que tampoco se van a cortar un pelo. Parece urgente llegar a una vía de solución que organice todo este cúmulo de inquietudes y que no se diluya en la hermosa aventura de tomar la calle y luego contarlo. Hay que hacer que alguien recoja todo esto y sirva como fermento de una nueva masa. Ánimo.
Se me queda en el tintero lo de las primarias que, ahora caigo, será por aquello de considerarnos primos. No quiero alargar más esta entrada, así que intento comentarlo otro día, aunque siga estando desactualizado.

martes, 3 de mayo de 2011

Un mundo mejor

Eso es lo que dicen que tenemos desde que le dieron matarile a Ben Laden, un mundo mejor. Yo lo he intentado desde varias vertientes, pero no he logrado alegrarme por la muerte de este tipo, por muy cabestro que fuese. La verdad es que no me produce alegría la muerte de ningún ser humano, aunque también es verdad que no me he visto nunca en la situación de tener que desear la muerte de nadie. A lo mejor está ahí la cuestión, pero me encantaría que, si llegase ese momento, aún para desear la muerte de alguien como resarcimiento de algo, no llegue en verdad a alegrarme con su deceso. Pero no era de esto, concretamente, de lo que quería hablar. Me llama más la atención el vocabulario que se ha manejado en toda esta historia. Entiendo que a Ben Laden le habían declarado la guerra y le habían jurado venganza por creérsele detrás de las acciones terroristas contra los intereses de occidente, en general, y de Estados Unidos, en particular. A nadie se le escapaba que, si tenían la oportunidad, los estadounidenses iban a buscar el fin de este tipo. De hecho hasta montaron una guerra con este objetivo, la de Afganistán. Pero no estoy seguro de que a su, como decirlo, liquidación, se le pueda llamar ajusticiamiento o algo por el estilo.
Está claro que los usamericanos no se la cogen con papel de fumar en estos asuntos. Tenían más que claro que el "vivo o muerto" significa precisamente eso, que tan válido es detenerlo como abatirlo. Aquí no lo tendríamos tan claro. O sí, porque la mayoría de los medios han papagalleado las palabras de Obama sin mayor crítica. Otros, como siempre, se han saltado la valla para calificarlo de asesinato. Pues hombre, tampoco. Creo que no es un ajusticiamiento porque no ha mediado juicio justo y sentencia, y eso concediendo que en Estados Unidos se acepta la pena capital. Claro, que tampoco debiera ser calificado de asesinato porque esta palabra conlleva una serie de connotaciones que no concurren en el caso que nos ocupa. Se trata, claramente, de una acción de guerra, y precisamente es en esta circunstancia cuando la palabra justicia o la palabra asesinato no casan demasiado bien. Acción de guerra pero,... ¿justa? Aquí sí que tendríamos terreno para la polémica. Pero no voy a detenerme, sobre doctrina de guerra justa hay escritos miles de volúmenes y lo mío sería una opinión bastante advenediza. Toda guerra tiene su parte de "sucia" y "fullera", incluso aquellas donde los estrategas se entrevistaban antes de la contienda para desearse caballerosamente buena suerte. Al final uno, inevitablemente, trataba de engañar al otro. Así pues, no creo que haya que darle demasiadas vueltas al asunto. Estados Unidos, habiendo declarado la guerra al terrorismo internacional, y habiendo señalado al señor Ben Laden como su máximo precursor, ha buscado en todo momento descabezar la estructura cargándose a su líder. Y eso ha hecho.
Entiendo que si ahora alguien quisiera ponerse la banderita de justo, ya que la de pacífico se la pusieron en Oslo, hubiera tenido que buscar la detención de este terrorista, para su posterior encarcelamiento y enjuiciamiento. Eso habría sido justo. Pero claro, en su carta de la baraja estaba puesto lo de "dead or alive" después del "wanted", y eso no es fácil de gestionar en situaciones extremas. No había que ser muy avezado para comprender que, cuando las cosas pintan así, tipo "far west" y con recompensa de por medio, es más fácil terminar muerto que vivo. Sobre todo si el tipo iba armado. Y siempre suele estarlo en las crónicas.
Así pues, hoy el mundo debiera ser mejor. Yo, sin embargo, no lo tengo tan claro. A veces me pongo a dudar de que Al Qaeda tenga la infraestructura que dice tener; de que realmente estén detrás de todos los atentados que dicen estar; de que estén interconectados y organizados. Pero tampoco ando yo muy ducho en estas cosas. Me entristezco ante la realidad de un mundo que se vertebra sobre el poder económico, que suele entender muy poco de sentimientos y es poco compasivo con los más débiles. Me indigno ante la incapacidad de las organizaciones internacionales para poner un poco de paz en cada uno de los conflictos que surgen a diario en este mundo. Me sigo sorprendiendo ante la desfachatez de los políticos para pegar eufemismos, aunque sea con loctite, a la cruda realidad.
El ejército de Estados Unidos ha matado a Osama Ben Laden. Pues eso, vamos a dejarnos de pegotes. Podrían haberse dado el lujo de hacerlo mejor y han preferido coger la de enmedio, que no ha contribuido demasiado a que este mundo sea mejor, más justo y no tan cruel.