
Pasan tantas cosas y me cunde tan poco el tiempo, que tengo tentaciones de escribirlo todo en una misma entrada. Pero hay cosas que merecieran una entrada en exclusiva, y no sabe uno cómo hincar el diente a tanta actualidad desactualizada. Quería haber dicho algo sobre los indignados, aunque fuera por pura indignación solidaria; se me pasó lo de Bildu y sus promesas democráticas y me cuesta resistirme, hablando de demócratas, a decir algo sobre el proceso de primarias del PSOE. Es que, además, escuché el otro día a Manolo Chaves explicándolo y, de verdad, me entran ganas de afiliarme al partido para poder evidenciar el hecho de borrarme. Sólo el grito de la calle Génova de "esto es democracia y no lo de Sol" lo ha superado en grado de estulticia, llegando incluso a rayar la estupidez profunda.
Dadas así las cosas, me decantaré por el remix que parte de la decisión del Tribunal Constitucional de desdecir al Tribunal Supremo para que todos parezcamos imbéciles y que desemboca en las primarias del partido que gobierna este país y que, al parecer, no quiere que parezcamos sino que seamos imbéciles. Así que no crea nadie que de aquí pueda salir algo distinto a una imbecilidad, pero vayamos a por ella, aunque sea por puro divertimento inocuo.
Me perdonarán los que se sientan más implicados, pero a veces me acuerdo de aquellos niños, un poco gallitos, que tenían una pelota de reglamento, que era como un lujazo al lado de las pelotas de plástico que se apepinaban al segundo boleón y que siempre salían rebotadas hacia donde pasaban los coches; pues bien, estos notas, por el mero hecho de ser los dueños del balón, se erigían en árbitros parciales y dictaban las reglas del juego, siempre a su conveniencia o a la de alguno de sus amigos. El resto miraba el balón de reglamento, luego la pelota de plástico, y tragaban con todas las reglas estúpidas de los niñosdueñosdelbalóndelasnarices; evidentemente, no había color entre jugar con un balón profesional, o eso creíamos, que hacerlo con una incontrolable pelota de plástico. Para ser justos hay que reconocer que también había una contrapartida; cuando llegaban los pitufos a confiscar las pelotas, el rostro desencajado de los dueños de las pelotas se arrastraba entre los coches deseando que los hombrecillos de azul fueran tan estúpidos como parecían dentro del 4L con sirena y pegatina fosforita. Pues bien, el balón de reglamento es a veces la paz y sus dueños, parece que son aquellos que tienen capacidad de quebrarla. Y a veces sorprendemos a algunos con los ojos haciéndoles chirivitas por darle unas pataditas a ese balón, casi de estreno, que sostienen bajo el brazo los dictadores de tres al cuarto que te parten una pierna y no pasa nada, pero tú no puedes hacerle una carga legal porque se llevan la pelota. Pues eso, que se lleven su puta pelota, que ya nos la arreglaremos con la de plástico que, además, cuando se la llevan los municipales, jode menos, porque ahora la venden por docenas en los chinos.
Pero no, al final el balón de reglamento es demasiado goloso, sale genial en las fotos y tiene la magia de la exclusividad, vinculada directamente a ser amigo del niñodueño. ¡No es justo!, grita uno. ¡Calla!, dice el otro, que se va a llevar la pelota. Y ahí estamos, haciendo como que estamos contentos, para ser amiguitos del que manda en la pelota. De estúpidos, la verdad.
Por eso a uno le renacen las esperanzas cuando ve a gente en movimiento, que intentan presentar alternativas y los de siempre dicen que es lo de siempre. Pero uno tiene la ilusa esperanza de que no sea así, de que realmente la propuesta de reflexión, sea más profunda que las meras consignas neopseudojipis que se apuntan a todo lo que suene a contraalgo. Aunque da la impresión que la sociedad está bastante oxidada como para moverse hacia algo distinto al sota, caballo y rey de cada día. Aún así, ojalá todo esto llegue a algo, más allá de la manipulación política y el jueguecito sucio de la pesca de votos a cualquier precio. Los perroflautas se han decidido a soplar y muchos tienen miedo a que suene algo. Los de izquierda han dicho que no son representativos, porque hay mucho burgués y mucho niño bien; los de derecha han afirmado que son los rojetes antisistema que dan la murga de vez en cuando... Quién sabe, lo mismo suena y salen sonidos de libertad, de reflexión, de solidaridad en la estructura social, de más participación ciudadana, de salir de este letargo... En Madrid no habrá mossos de cuadra, de los que dan coces a quien se les ponga por delante, pero seguro que están sus primos hermanos que tampoco se van a cortar un pelo. Parece urgente llegar a una vía de solución que organice todo este cúmulo de inquietudes y que no se diluya en la hermosa aventura de tomar la calle y luego contarlo. Hay que hacer que alguien recoja todo esto y sirva como fermento de una nueva masa. Ánimo.
Se me queda en el tintero lo de las primarias que, ahora caigo, será por aquello de considerarnos primos. No quiero alargar más esta entrada, así que intento comentarlo otro día, aunque siga estando desactualizado.
