domingo, 29 de marzo de 2009

Más coherencia


Me temo que voy a seguir con mi batalla particular de reivindicación de la coherencia, a sabiendas de que estamos dando vueltas sobre el mismo punto. Me refiero esta vez a "la liebre" que ha levantado Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, una de las pocas voces, no disidentes, sino divergentes dentro del PSOE. Dice, cargado de sentido común, que no podemos quedarnos tan frescos ante una legislación que permite a una niña de dieciséis años poner fin a un proceso de gestación, al mismo tiempo que le impide comprar una cerveza para irse de botellón. Y aparentemente tiene razón. Al menos, no es demasiado razonable. y precisamente por eso apelaba de nuevo al tema de la coherencia, pues hay mucho de ello implicado en esta reflexión.
En alguna otra ocasión he hecho mención a lo difícil que es mantener posturas de cohrencia, sobre todo cuando nos movemos en temas diversos que normalmente se abordan desde opciones éticas diferentes. Por ejemplo, pretendemos ser garantistas cuando concedemos a un niño de 16 años suficiente capacidad para tomar algún tipo de decisión. Es lo que se llama la "doctrina del menor maduro", que se ha utilizado con frecuencia en el campo de la biomedicina, aunque no sea estrictamente originaria de ella. De ahí que, como ya apuntara la Ley de Autonomía del paciente, un niño con 16 años puede particitar activamente en alguno de los procesos de toma de decisión concernientes a temas de salud. Siguiendo la lógica interna de la doctrina citada, un menor puede estar capacitado aunque legalmente no tenga mayoría de edad. Sería algo así como reconocerle una mayoría de edad "moral" que, y aquí está el gran problema, no habría de suponerse por el hecho de tener 16 años, sino más bien tendría que demostrarse. Esto es, que exepcionalmente un menor puede tener más madurez que aquella que su edad le supone y en ese supuesto, insisto, en ese supuesto, tendría todo el derecho a que se la respetase. De esta misma doctrina participa el derecho a la libertad sexual, que se reconoce a partir de la toma de conciencia del derecho.
Pero resulta curioso ver cómo esta doctrina no está presente de igual modo en todos los supuestos legales. Hay situaciones en las cuales la ley no concibe la capacidad del menor en casos excepcionales. Y este es el caso de la prohibición de venta de alcohol o tabaco a menores de 18 años. En este caso es la sociedad la que reconoce "de facto" el derecho y permite a los menores el acceso al alcohol, al tabaco y demás divertimento. No obstante la ley se mantiene bastante inflexible al respecto. ¿Qué hay de fondo? Una total falta de coherencia. Lo curioso es que desde el mismo gobierno se mantienen con firmeza las posiciones contradictorias. Y lo que es más grave, nadie parece alarmarse por ello.
Si tuviera que definirme, siempre abogaría por un gobierno que no fuese excesivamente paternalista, y no se empeñase en aniñar a los que ya no son tan niños. Porque, ojo, luego viene como consecuencia lógica la legislación en torno al menor, y eso sí que es un problema. Abogaría por un estado que fuese capaz de reconocer la excepciones dignas de excepción, valga la redundancia. Pero me temo que esta postura es la más complicada y, a la larga, la menos práctica, pues somos muy dados a dejarnos llevar por el "efecto dominó" de la excepción y llegaríamos fácilmente a la conclusión de que si un menor con 16 es capaz para tomar una decisión madura, todo menor de 16 tendrá derecho a que se le reconozca esa capacidad. Evidentemente eso es imposible de creer, pero será lo más probable que ocurra. Tiene entonces uno la tentación de ser conservador y pedir el concurso paterno, aunque podría implementarse alguna vía de salida, aunque sea la judicial. Esto contradiría la tendencia a no judicializar este tipo de cuestiones, pero ya nos dice la experiencia que hay mucho psicólogo progre dispuesto a firmar un documento acreditativo de una madurez inexistente en un menor. ¿Acaso no es algo parecido lo que ha ocurrido con la actual ley del aborto? El problema de muchos de esos progres es que no se dan cuenta que con la trivialización de los procesos se le resta credibilidad a sus actos y siguen pagando los de siempre, los más débiles. En este caso, niñas asustadas, o imprudentes, o perdidas, que no serán luego ni consoladas, ni asesoradas, ni apoyadas. Cargarán con un acto que requiere plena madurez, cuando aún no se han enterado de qué va la vida. Eso sí, Pepito grillo puede estar tranquilo, ¡no irán a la cárcel! Como si nuestras cárceles estuvieran repletas de mujeres que han practicado abortos. Demasiado frívolo, y se sigue pasando de puntillas por lo importante y es que el aborto es un delito que, en nuestro país, bajo ciertos supuestos, no se penaliza. No es un derecho de nadie. Requiere madurez y apoyo, y ambas cosas han de estar garantizadas. Si no hay madurez suficiente, estamos cometiendo un tremendo despropósito. No podemos pasar por alto que el aborto es el fracaso de un proyecto de vida y no deja de serlo por mucho maquillaje que se le ponga. Y tranquilo, Pepito grillo, que yo tampoco quiero que las niñas vayan a la cárcel por estas cosas. Ahora, te juro que me encantaría que fueran al colegio durante más tiempo y que lo aprovecharan al máximo, poniendo fin al desastre académico en el que nos vemos sumidos. Puede que solucionasemos mucho más que con una modificación de la dichosa ley del aborto.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Pues sí se puede


En este nuestro país, estamos demasiado acostumbrados a llevar la razón. Tal vez hayan influído los siglos de doctrina única, pero eso nos ha calado bien hondo. De hecho, cuando intento explicar que la bioética tiene una vocación dialogante y que sólo avanza desde el consenso, la gente me mira con incredulidad. No sé si a alguien se le habrá ocurrido hacer una estadística de consenso. Me imagino que no, pues se me antoja imposible. Pero estoy convencido que, de poder hacerse, España se quedaría con el título de país menos proclive al consenso. Cuando había una doctrina única, fuimos capaces de pelearnos con todos los que pensaban distinto a nosotros. Ahora que hay libertad de pensamiento, nos peleamos con todo aquel que no piense como yo.

Como esta doctrina está bien metida bajo la piel, se hace imposible que se establezcan cauces de diálogo en ninguna de nuestras instituciones. De hecho, hemos convertido el Parlamento en un lugar de poder, y no de diálogo. Me imagino que será porque se parte de la base de que el otro no tiene la razón y, lo que es más grave, no puede tenerla, por mucho que se explique.

Facilmente podremos comprender por qué las leyes, aunque sean problemáticas, se terminan aprobando en los juegos de las mayorías y las disciplinas de voto. De vez en cuando, eso sí, se lanza alguna carnaza al circo, y los medios de comunicación se encargan de aventar algunas de las polémicas que se plantean, llevando cada uno el ascua a su sardina, o lo que es lo mismo, animándole la fanfarria al partido político que le es más afín.

Pero mira por donde me he encontrado que en nuestro país vecino y no por ello amigo, en Francia, se ha creado desde la administración una página web para analizar y debatir el estado actual de la bioética en Francia. En esta página se puede consultar legislación, bibliografía, opiniones...; se puede participar de foros de opinión, enviar consultas o posicionamientos personales, hacer sugerencias, etc. Sinceramente, admirable y, desde nuestra perspectiva hispana, increíble. Y es que en algunas de las leyes más polémicas, se ha introducido una "clausula de revisión", por decirlo de algún modo. Es decir, en el cuerpo de la ley se ha fijado un período de años tras el cual la ley deberá revisarse, a la luz de los avances científicos y legislativos. Vamos, nada que ver con la tendencia española de publicar las leyes más polémicas en las fechas... ¿más significativas? Baste como ejemplo dos de las leyes que más han promovido el debate público en nuestro país, la del divorcio, publicada un 7 de julio, cuando la gente está muy metida en la actualidad política; y la del aborto, un 5 de julio. Bueno, vale, también movió mucho al debate social la ley del matrimonio homosexual, y no por ello se aprobó... bueno, ejem, también un día significativo, el 2 de julio. Se ve que nuestras señorías parlamentarias confían en que todos los calentones de los debates se han de sofocar con el agua de nuestras playas.

Pero vuelvo a lo que iba, y es que sí se puede. Se puede promover el debate civilizado, la participación ciudadana y el poner al alcance de cualquier persona interesada los textos más significativos de los diversos temas debatidos, y no sólo la morralla que a veces nos cuelan los medios. ¡Qué coraje me da reconocerlo!, pero son los franceses los que nos han demostrado esta vez que las cosas se pueden hacer de otro modo. ¿Para cuando en España? ¡Quién sabe! Lo que sí parece evidente es que la mejor forma de conseguirlo es encomendándoselo como milagro a San Fermín.

martes, 24 de marzo de 2009

Opción ética


Una de las grandes cuestiones de la ética es, sin duda, su sistema de referencia. Pero ocurre que, en esta sociedad nuestra, tan postmoderna ella, todo se mezcla sin solución de continuidad. Esto hace que las opciones de sistema vayan cambiando en función de nuestras, a veces, simples emociones. Por ejemplo, hace unas semanas hemos vivido el caso del maliciosamente llamado "bebé medicamento". Evidentemente, la forma de llamarlo es casi un eslogan y muy intencionada. Podríamos hablar de esto, pero mejor no nos detenemos ahora. Pues bien, se ha polemizado muchos sobre la postura de rechazo de algunos colectivos, entre los que se encuentra la Iglesia católica, y la aceptación incondicional de otros. Siempre que surge la polémica, se alude a la misma pregunta, muy falsa, por cierto: "¿es que alguien puede oponerse a salvar una vida?". La respuesta, así a bote pronto, es evidente, pero no siempre posible. Pues claro que no se puede uno negar, en principio. Pero nunca son las cosas tan claras.
Hay un caso que me parece revelador, por lo claro que presenta esta diatriba. Imagínense que hablamos de la tortura, ¿de la tortura? No, no admitimos la tortura bajo ningún concepto. Alguno añadiría algo así como, "ya la Inquisición se hartó de utilizarla...", o cualquier otro comentario, claro. Pues bien, imagínense que detienen a un terrorista que colocó una bomba en un edificio sin identificar, de una ciudad sin identificar, pero cuyo resultado será, como confesara el terrorista, la masacre de varios miles de personas. En esta situación, ¿es lícito torturar? Y concluímos que no, pues no admitimos la tortura bajo ninguna circunstacia. Este posicionamiento es lo que se llama la ética de principios, que se sitúa frente a la ética de las consecuencias, la cual justificaría en este caso la tortura, porque salva gran cantidad de vidas. Y claro, ¿quién puede negarse a salvar una vida?
Como vemos la opción por el sistema ético de referencia es muy complicada, pero más aún lo es ser medianamente coherente. Creo que aquí estriba gran parte del problema, pues elegimos un sistema y, en cuanto podemos, a veces casi sin advertirlo, justificamos y argumentamos nuestras posiciones desde otro. Y volvemos entonces al caso del "bebé medicamento". Cuando algunos cuestionan la licitud moral de transferir un embrión previamente seleccionado para salvar la vida del otro, se están situando claramente en una ética de los principios, donde el fin no justifica los medios, donde cada ser humano tiene derecho a ser tratado no sólo como un medio, sino como un fin en sí mismo. Podríamos simplificar diciendo que todos ellos se oponen a que se salve una vida pero, no nos equivoquemos, estaríamos simplificando de un modo muy partidista, tan partidista como el de llamar "bebé medicamento" a un niño nacido de un embrión preseleccionado genéticamente.
Si nos vamos al otro lado, al de las consecuencias, podemos concluir sin sobresaltos que la salud de un niño enfermo, bien vale la preselección genética de un hermano. Y lo más complicado es que ambas posturas pueden mantener una coherencia de planteamiento y que, además, persiguen una idea de bien. Sin embargo serán posturas irreconciliables.
Si os fijáis ocurre lo mismo en las discusiones en torno al aborto. Cuando se opta por la vida como principio fundamental, las consecuencias que el embarazo pueda acarrear son claramente secundarias. Por otro lado, si vamos a la cantidad de bien que produce una decisión moral, las consecuencias se valoran de un modo distinto.
Me imagino que, si muchos fueran conscientes de todo esto, nos evitaríamos gran cantidad de insultos y descalificaciones, pues comprenderíamos que la defensa de posturas contrarias no se basa en una estructura deficitaria de la psique humana, sino más bien en una opción distinta en el referente moral. Vamos, para entendernos, que aquél que piensa distinto a mi, no tiene por qué ser necesariamente estúpido, carca, curato, antediluviano, etc., sino que puede incluso ser inteligente, pero situado en una opción diversa. ¿Qué hacemos entonces? Creo que el terreno a conquistar es la ética de los mínimos que podemos compartir todos y el trabajo, y exigencia a veces, por la coherencia. De eso sí que estamos todos faltitos.

jueves, 19 de marzo de 2009

El Papa y los condones


Sinceramente, no sé qué esperan algunos que diga el Papa, sobre todo este Papa, y en ciertos temas ya algo manidos de la moral oficial de la Iglesia. No, no creo que diga nada que provoque una sorpresa, al menos en la dirección en que la gente lo espera. Me imagino que en esta ocasión un periodista le pregunta algo sobre el SIDA y los condones y el se descuelga con aquello de que, el uso de preservativos, no es la solución del problema y además conlleva otras consecuencias más graves.
En mi modesta opinión, nada de nuevo, ni de sorprendente. El Papa, hoy por hoy, no va a modificar este posicionamiento, pues el efecto dominó que provocaría, sería totalmente incontrolable desde los parámetros de la moral sexual oficial. Si el Papa dijera que es lícito utilizar preservativos, tendría que desdecise de la doctrina que hace inseparable el acto unitivo del acto procreativo, en la relación sexual de pareja. Y eso sin decir que no se admite la relación fuera de pareja y, por lo tanto, tampoco la promiscuidad que tanto ha ayudado y ayuda al VIH. Evidentemente, tampoco va a recular, sin coñas, en lo de las relaciones homosexuales. Y ni por asomo renunciará a dejar la voluntad de Dios revoloteando por todas estas cuestiones. De verdad, supondrían demasiadas renuncias, y Benedicto XVI no se va a poner a ello.
Por otro lado, lo que ha dicho el Papa a un periodista, delante del monitor de llegadas de un aeropuerto, pues vale... bueno, pues eso, lo que cualquier otra declaración, de quien sea, pues no está ejerciendo su magisterio, sino contestanto a las preguntas de un periodista. Pero en este caso considero que este apunte es prácticamente irrelevante.
Si somos finos, y la diplomacia vaticana siempre hila fino, veremos cómo el Papa no dice que el preservativo no salve vidas, ni nada de eso, sino que complica el problema. Y, desde la postura que antes apuntaba, es evidente que lo complica, el problema moral. Dice que el SIDA no se combate, y menos en África, repartiendo condones, sino educando y formando a la gente. Y encima hay que darle la razón. O sea, que su respuesta está descontextualizada por un lado, pues la gente no está en la sintonía que él modula, pero evidencia un problema, no sé si consciente o inconscientemente.
En África el SIDA no se combate con condones, pues se trata de un objeto de lujo en una sociedad que muere de hambre. Otro planteamiento es casi una estupidez. En África se necesita formación, muchísima, para que el problema se entienda en toda su dimensión. Y eso es mucho antes que el uso del preservativo. Hace falta formación para desarrollar la estructura de los países, para que puedan ser dignos competidores en el mercado internacional. Y eso es mucho antes que el uso del preservativo. Hace falta formación para que la riqueza vaya de manos de la justicia, y eso es mucho antes que el uso del preservativo.
Pero claro, queda suelta la pregunta: ¿es lícito utilizar preservativos para evitar el contagio de SIDA? Evidentemente, es lícito. Sobre todo porque a estas alturas de la película, cuando tenemos un control casi absoluto del proceso reproductivo, está perfectamente interiorizado que el control de la natalidad es una conquista social. Ni siquiera los cristianos más recalcitrantes se pegarían demasiadas tortas por defender las posturas inamovibles de la moral sexual clásica. Aquí está una de las asignaturas pendientes de la Iglesia, que no se pondrá al día, creo, con este Papa.
Pero no nos engañemos. No nos montemos en la ola del optimismo políticamente correcto que se conforma con estar de acuerdo con la mayoría rica. El uso del preservativo es un verdadero problema en la mayoría de los países africanos, y la solución no es el envío masivo de unidades, aunque pueda significar una pequeña contribución. En este caso tenemos que ser mucho más ambiciosos y pretender una intervención de mucho más calado. Puesto que, si tomamos el preservativo como única respuesta al problema africano, estaremos dándole la razón al Papa, eso traerá muchas más complicaciones.
Para concluir una pregunta abierta, ¿tiene el Papa que decir "condones no" en África para que a los países occidentales se les abra la vena de la generosidad? A lo mejor sería interesante que el Papa dijera algo así como que la falta de alimentos es voluntad de Dios, a lo mejor así mandaban también comida. No sé, me pierdo a veces con los planteamientos propagandistas del primer mjundo.

martes, 17 de marzo de 2009

Declaración de Madrid


Provenientes de las distitas ramas del saber, unos trescientos científicos e intelectuales se han puesto de acuerdo para firmar la llamada "Declaración de Madrid" que se posiciona frente a la reforma de la ley del aborto. Llama la atención la cuña del diario más difundido de nuestro país que, de un plumazo, los atrinchera a todos junto con la Iglesia Católica. Efectivamente conocen bien los resortes, pues ya hay gente que se ha manifestado en contra de esta declaración, y eso que todavía no se ha hecho pública. A veces siento mucha impotencia frente a estos desmanes. No se debiera permitir que con este juego de palabras se desvirtúe lo que debiera ser un debate serio. Pero en este país, y me refiero a España, no al diario, parece que hay gente dispuesta a que nada se debata de verdad, y ahora sí hablo del diario.
Parece que, a ojos de los intelectuales del País, el diario, toda persona que se posicione junto a la Iglesia ya no es intelectual, pues la Iglesia está sosteniendo el oscurantismo que durante siglos ha sido su bandera y, bla, bla, bla, bla. Pero habría que decir de una vez por todas que el mayor de los oscurantismos lo sostiene una sociedad que se dice democrática, y manipula; que se dice libre y restringe la libertad de expresión y de pensamiento; que se dice progresista, y prefiere erradicar el problema en lugar de evitarlo. Porque al final estamos hablando de esto, de pretender solucionar un problema desde la supuesta progresía, cuando es justo lo contrario. Siempre creí que lo progresista estaba vinculado a la educación, a la provisión de conocimiento y criterio para tomar decisiones en libertad. Sin embargo se ha elegido lo fácil, como ocurre con todo últimamente, pero con una ligera pátina de progresismo. Se ha renunciado a la educación y a complicarse la vida con diatribas éticas y se ha ido directamente al parcheo, ¿que la niña se queda embarazada?, pues que aborte y punto, pues qué sabrán los curas. Reduccionismo antológico ante una cuestión en la que nos jugamos mucho, me temo. Desgraciadamente, me temo que nos quedaremos con el grito helado en la inmensidad del desierto, pues nadie atenderá esta llamada a la cordura, a la sensatez, al uso del intelecto. Tal vez ese planteamiento sea demasiado complejo, cuando es mucho más fácil decir que posicionarse en contra del aborto es ponerse del lado de los obispos. Además, afinando aún un poco, tendríamos que decir que ni siquiera éste es el debate, pues el aborto en nuestro país ya está despenalizado. La cuestión es si cambiamos una ley que no sabemos si va a solucionar algo. Puede que sólo aumente el drama de los de siempre, los más débiles, los que al final no tienen la verdadera libertad de acción porque les falta la agencia, la llamada "libertad interior" que exige cierta madurez. De eso ya veréis cómo no se preocupa nadie en el país, ni en El País, claro.
Seguro que en la lista de los trescientos se cuela algún recalcitrante, de hecho ya he visto el nombre de alguno de ellos, pero seguro que también hay gente que piensa diferente a lo que se mantiene como doctrina oficial en este momento. Sin ir más lejos, hoy he escuchado a una tertuliana que decía algo así como "no se puede consentir a la Iglesia que trate de manipular diciendo que desde la concepción se encuentra todo el mapa genético de la persona futura". Al final resulta que no había sido una opinión de la Iglesia sino de un posicionamiento de un científico que, indignado, se reafirmaba en que no emitía una opinión, sino que estaba constatando un hecho. Y encima tiene razón.
Veremos qué cuenta la declaración. Ojalá aumente la polémica, si ello sirve para promover la reflexión.

jueves, 5 de marzo de 2009

Mezquindad


"Señorita, es usted tan mezquina como la empresa para la que trabaja". Así terminé una conversación el otro día. Utilizaba la palabra mezquina en su tercera acepción del RAE, por si había alguna duda. La sensación que tuve es de ausencia total de nobleza de espíritu en mi interlocutora, que tenía como meritorio el ser capaz de transmitir de un modo preclaro el espíritu de su empresa.
Me pregunto si los entrenan. Es decir, si las grandes empresas que utilizan teleoperadores y oras para todo, invierten en la formación de la mezquindad. O al menos en su fomento. No lo sé, pero hay ocasiones en las que lo parece. Y últimamente he podido comprobar que ya no es coto privado de Telefónica, la gran mezquina donde las haya, sino que el modelo de trato altanero, despectivo y despreciable se está exportando. Así pues, se le han unido las eléctricas, que no os podéis ni imaginar cómo se lo están montando con lo del recibo mensual, como especiales seguidoras. Tú llamas, intentan explicar tu problema y claro, como el Sr. Sebastián les ha dado coto privado, se ríen prácticamente en tu cara.
Pero no nos confundamos, la maestra es la maestra, y Telefónica sigue siendo la reina de la mezquindad. Sus operadores, oras, entrenados de una manera envidiable, son capaces de enviarte a números que no existen, a explicarte que el sistema se ha caído cuando quires formular una reclamación o, lo que es aún más mezquino, hacer como si les afectase tu caso, para después dejarte sin solución. El otro día, sin ir más lejos, un operador me intentaba convencer de que llamar a un teléfono de pago para comunicar una avería era algo irremediable. Pero la gran frase me la sacó aquella que, impasible, me explicaba que no tenía conexión a internet porque había tramitado una migración a otra compañía y entonces yo había terminado mi relación con ellos. Habitualmente te han de dejar algún día para la tramitación, pero Telefónica no te lo va a poner tan fácil, sobre todo si puede cabrearte a costa de la compañía rival.
Desgraciadamente lo del teléfono va a costar un poco más, pero tengo esperanzas de poder dejar de pertenecer a la mezquina compañía antes citada. En el pueblo donde vivo, no tengo demasiadas oportunidades, de lo contrario ya no estaría aquí. No es que crea que las otras son mejores, pero al menos puedo aprovechar el tiempo que tarden en aprender el ingenioso arte que Telefónica ha cultivado con tanto esmero durante años... la mezquindad.

lunes, 2 de marzo de 2009

Las Tentaciones


Ahora que ya estamos en cuaresma, podemos abordar el tema de las tentaciones, para ir haciendo boca. Porque no me negarán ustedes que no hay mayor tentación que la de un buen dulce un viernes de cuaresma, y que por eso se inventó la torrija, que es pan frito, algo nada ostentoso y, sin embargo, delicioso. Sobre todo si se está a régimen. Y parece ser que, visto el panorama, habrá que hacer caso de aquella revenida sabiduría de Boigny que decía algo así como "no mires en la boca de aquél que está envasando cacahuetes". No cabe duda de lo que uno encontraría.
Parece ser que tendríamos que hacer la misma inferencia para entender la situación que vivimos en algunos ámbitos de nuestra vida política. Así vemos como si miramos con un poco de atención las manos del que está gestionando los fondos públicos... Ufff, ahí estamos. Así está Marbella, el alcalde de Alcaucín y el, desde ayer, presidente en funciones de la Xunta. Fíjense que lo primero que ha anunciado el presidente electo es que va a poner fin a los despilfarros de los anteriores gestores, empezando con un símbolo, vender el cochazo que se habían comprado en plena crisis.
Y reflexionando sobre todo eso me doy cuenta que cada día tengo menos claro dónde situarme a nivel político. Lo que sí tengo claro es que el cambio es bueno, aunque solo sea para favorecer el maltrecho mercado de coches usados. No es bueno que nadie se eternice en el poder, al final tendría muy difícil resistirse a la torrija, digo, a la tentación, pues no tendría a nadie a quien rendir cuentas. Al final las cosas se van acumulando, los desvíos se van acentuando y comienzan a aparecer las corrupciones y las comisiones. Y esas sí que tienen poca diferencia de signo.
Aunque también es verdad que, haciendo un análisis muy poco pormenorizado, es bueno que la derecha gobierne de cuando en cuando porque dura poco, sanea y permite otra rachita de bienestar público. Pero claro, si de lo que se trata es que alternen los nacionalistas, entonces da igual quien los desbanque, la derecha, la izquierda o, si hiciera falta, los anarquistas. Porque todo partido nacionalista añade, a lo anteriormente mencionado, el complejo de inferioridad frente a la metrópoli, y al final termina mangando so capa de bien, como si estuviera haciendo efectiva una antigua y enquistada venganza por el sufrimiento recibido en la represión. ¿Qué represión? Pues cuál va a ser, la represión.
Así que estoy contento porque ha ganado la derecha en Galicia y estoy contento porque ha subido la izquierda en Euskadi. Y todo ello, porque propicia el cambio. Otro capítulo serán las negociaciones, pero si por mi fuera, mantendría cierta manga ancha. Total, al César lo que es del César y, frente a los marrulleros, toda fullería es poca. Que no vengan con mandangas de que la lista más votada, de que la ética y otras monsergas de las suyas. Nosotros hablamos con mayúscula. La Ética pertenece a los demócratas y a los constitucionalistas, y luego ya nos las arreglaremos. De momento, nos basta lo esencial: que se vayan con su torrija. Ya veremos cómo nos bandeamos con las otras tentaciones.