martes, 24 de marzo de 2009

Opción ética


Una de las grandes cuestiones de la ética es, sin duda, su sistema de referencia. Pero ocurre que, en esta sociedad nuestra, tan postmoderna ella, todo se mezcla sin solución de continuidad. Esto hace que las opciones de sistema vayan cambiando en función de nuestras, a veces, simples emociones. Por ejemplo, hace unas semanas hemos vivido el caso del maliciosamente llamado "bebé medicamento". Evidentemente, la forma de llamarlo es casi un eslogan y muy intencionada. Podríamos hablar de esto, pero mejor no nos detenemos ahora. Pues bien, se ha polemizado muchos sobre la postura de rechazo de algunos colectivos, entre los que se encuentra la Iglesia católica, y la aceptación incondicional de otros. Siempre que surge la polémica, se alude a la misma pregunta, muy falsa, por cierto: "¿es que alguien puede oponerse a salvar una vida?". La respuesta, así a bote pronto, es evidente, pero no siempre posible. Pues claro que no se puede uno negar, en principio. Pero nunca son las cosas tan claras.
Hay un caso que me parece revelador, por lo claro que presenta esta diatriba. Imagínense que hablamos de la tortura, ¿de la tortura? No, no admitimos la tortura bajo ningún concepto. Alguno añadiría algo así como, "ya la Inquisición se hartó de utilizarla...", o cualquier otro comentario, claro. Pues bien, imagínense que detienen a un terrorista que colocó una bomba en un edificio sin identificar, de una ciudad sin identificar, pero cuyo resultado será, como confesara el terrorista, la masacre de varios miles de personas. En esta situación, ¿es lícito torturar? Y concluímos que no, pues no admitimos la tortura bajo ninguna circunstacia. Este posicionamiento es lo que se llama la ética de principios, que se sitúa frente a la ética de las consecuencias, la cual justificaría en este caso la tortura, porque salva gran cantidad de vidas. Y claro, ¿quién puede negarse a salvar una vida?
Como vemos la opción por el sistema ético de referencia es muy complicada, pero más aún lo es ser medianamente coherente. Creo que aquí estriba gran parte del problema, pues elegimos un sistema y, en cuanto podemos, a veces casi sin advertirlo, justificamos y argumentamos nuestras posiciones desde otro. Y volvemos entonces al caso del "bebé medicamento". Cuando algunos cuestionan la licitud moral de transferir un embrión previamente seleccionado para salvar la vida del otro, se están situando claramente en una ética de los principios, donde el fin no justifica los medios, donde cada ser humano tiene derecho a ser tratado no sólo como un medio, sino como un fin en sí mismo. Podríamos simplificar diciendo que todos ellos se oponen a que se salve una vida pero, no nos equivoquemos, estaríamos simplificando de un modo muy partidista, tan partidista como el de llamar "bebé medicamento" a un niño nacido de un embrión preseleccionado genéticamente.
Si nos vamos al otro lado, al de las consecuencias, podemos concluir sin sobresaltos que la salud de un niño enfermo, bien vale la preselección genética de un hermano. Y lo más complicado es que ambas posturas pueden mantener una coherencia de planteamiento y que, además, persiguen una idea de bien. Sin embargo serán posturas irreconciliables.
Si os fijáis ocurre lo mismo en las discusiones en torno al aborto. Cuando se opta por la vida como principio fundamental, las consecuencias que el embarazo pueda acarrear son claramente secundarias. Por otro lado, si vamos a la cantidad de bien que produce una decisión moral, las consecuencias se valoran de un modo distinto.
Me imagino que, si muchos fueran conscientes de todo esto, nos evitaríamos gran cantidad de insultos y descalificaciones, pues comprenderíamos que la defensa de posturas contrarias no se basa en una estructura deficitaria de la psique humana, sino más bien en una opción distinta en el referente moral. Vamos, para entendernos, que aquél que piensa distinto a mi, no tiene por qué ser necesariamente estúpido, carca, curato, antediluviano, etc., sino que puede incluso ser inteligente, pero situado en una opción diversa. ¿Qué hacemos entonces? Creo que el terreno a conquistar es la ética de los mínimos que podemos compartir todos y el trabajo, y exigencia a veces, por la coherencia. De eso sí que estamos todos faltitos.

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