sábado, 27 de marzo de 2010

Primavera


A estas alturas del siglo, a nadie se le escapa que las cosas han cambiado mucho, bastante más de lo que muchos quisieran. Contra ese cambio, no cabe la oposición, que es inútil, sino más bien la aceptación y un cierto "aggiornamento". Este cambio nos ha llevado en ocasiones al abordaje de los temas de un modo televisivo, esto es, un poco de mucho, sin llegar a profundizar demasiado en nada. Pero así son las cosas y no podemos pretender ahora llevarnos todo al foro de lo racional. No, los temas se plantean de un modo mediático y vale siempre más una imágen, si es macabra mejor, que cien palabras, por muy eruditas que sean. Así pues, ¿para qué seguir remando con galeotes esclavos? Evidentemente no sería justificable, ni de lejos.
Con este escenario, que es como se dice ahora esta cosa del planteamiento, tocamos un tema y recogemos al mismo tiempo todos aquellos que le atañen de un modo transversal o incluso tangencial. Ejemplo de ello es lo que en estos días estamos recibiendo a través de los medios de comunicación. Sale un escándalo de pederastia en la Iglesia, otro, y enseguida hablamos de la pedofilia, la homosexualidad, la trata de blancas, el celibato de los curas, la impudicia de los obispos, la aberración de las religiones y otros muchos temas más. Echo de menos alguno de monjas, que todavía no ha salido, pero ya llegará. Ante todo esto se siente uno abrumado, porque ya no sirven los intentos de explicación, ni las justificaciones a toro pasado. Nada de eso es válido, por inútil. En estos momentos a la opinión pública, que es como se llama a los grupos de comunicación más poderosos, no está interesada por escuchar posibles explicaciones, sino por ver reacciones que sean realmente sólidas y contundentes. Carnaza para las fieras. De paso, podríamos dejar clara una serie de cosas. En primer lugar, la pederastia no puede vincularse a la homosexualidad. Esto se ha discutido en otros foros y ya parecía superado. Pero los mismos que decían que lo habían entendido, ahora acusan de modo indiscriminado considerando que un cura, luego un homosexual, luego un pederasta... Y creo que esto no es de recibo. Hay curas homosexuales y curas heterosexuales; del mismo modo, hay pederastas homosexuales y pederastas heterosexuales, y no por ello curas. Habría que ser serios, porque estamos hablando de cosas delicadas. Me imagino que las víctimas de algún delito de pederastia tendrán deseos de arramblar con todo, pero no es la injusticia la que tiene que hacer justicia.
En segundo lugar, la pederastia es un delito condenable, perseguible y, por ende, denunciable. Los responsables de la Iglesia tienen la obligación de denunciar ante las autoridades, y nunca ocultar. Tampoco creo que el camino sea la expulsión, pues tampoco es justo que se rechace a aquél que ha prestado un servicio a la institución. Denuncia, sí, pero luego hay que apoyar al reo en su proceso de posible arrepentimiento o restitución. En su posible proceso de rehabilitación, también. Los obispos han hecho un flaco favor a la Iglesia en ambas actitudes, en la ocultación y en el abandono. No vamos ahora a ir de santos, monseñores, que ya se dijo aquello de tirar la primera piedra, y no creo que ninguno de ustedes esté tentado ni de mirar al suelo, a ver si tienen una piedra cerca. Al menos yo no me lo creo, en esta nuestra Iglesia hispana. Es dura la vergüenza, sin duda, pero la víctima es el niño violado, y no el cura mancillado. ¡Por favor!
Y, en tercer lugar, haciendo uso de las técnicas mediáticas, vamos a aprovechar para sacar unos cuantos temas así, del tirón. Podemos hablar del celibato de los clérigos que, como dice Juanma, no debe ser muy normalizador algo que no es normal; también podemos hablar del testimonio de la Iglesia, que restaura templos y no actitudes, que proclama la decencia y no el amor; también podemos sacar el tema de las relaciones políticas, que siempre se tiñen de derechas y abandonan a los hijos del pueblo; podemos hablar también de moral, que tira de mandamientos en lugar de bienaventuranzas. Total, que sacamos todos estos temas, aunque no los desarrollemos. Para qué, no hace falta, tan sólo con mencionarlos bastaría. El resumen viene siendo muy fácil de hacer, en esta Iglesia eurocéntrica, que no cristocéntrica, cada vez se cuida más lo externo, mientras en el interior huele a podrido, como los sepulcros. Los gusanos no son nuevos, son los de siempre: el dinero, el poder, la soberbia, la hipocresía, la cobardía y la falta de entrega. Pareciera que queda poco espacio para la Esperanza, pero todavía algunos creemos en el Espíritu, que se las ha visto en épocas peores. No es la peor Iglesia de la historia, pero sí una de las más ramplonas. Menos mal que mientras más fuerte es la mierda, más fuerte nacen las flores. ¿Es primavera, no?