martes, 23 de septiembre de 2008

Las cosas públicas


Habiendo ya cubierto los preámbulos, vamos a dedicarnos a las cosas enjundiosas, pues veo que eso de expresar sentimientos puede llegar a ser incluso tedioso. Mejor es ponerse manos a la obra y empezar a expresar las ideas, ya que tenemos un buen foro para ello, aquí, que no me escucha nadie.
El otro día, hablando con Juan, surgió el tema de la República y su vinculación política. Yo hace tiempo que acaricio la idea de su necesidad, no por conveniencia, sino más bien por pura lógica. Seamos serios, desde la Revolución Francesa no tiene sentido un Estado monárquico, pues queda probado que el Gobierno no radica en una familia elegida por los dioses, cualesquiera sean, sino en el pueblo.
Partiendo de esta premisa, la monarquía es imposible de concebir desde un punto de vista racional que pretenda alejarse de la tradición. Es decir, que si prescindimos del "así se ha hecho siempre", que además es falso, no podemos concluir sino diciendo que la monarquía, como sistema de gobierno, es absurda. ¿Qué nos queda? Hombre, si queremos no perder de vista la estructura democrática del gobierno, sólo queda la República para conservar la lógica... y tal vez la monarquía de figurín para conservar la estabilidad.
Pero no quería ceñirme a ese pensamiento, que podemos desarrollar otro día, sino a otro que es más sutil, la absurda vinculación que se establece en España entre República y pensamiento de izquierdas. Y lo más sorprendente es que está tan asumido, que apenas se pone en entredicho. Y, vamos a ser serios, no tiene por qué establecerse un vínculo necesario entre ambas cosas. Es decir, la República no es patrimonio de la izquierda, aunque la monarquía se sienta más cómoda en un pensamiento de derechas. Pero, ¿y si fuera por aquello del estado mínimo?
Como podemos ver de aquí se puden desprender todo un abanico de posibles debates, pero todo está diluido en el bipartidismo con pátina de inocente en el que estamos sumidos en este país. No existe el verdadero debate político, ni la mínima reflexión sobre el estado de nuestras instituciones. Parece que es mejor callar, y eso sólo propicia el empobrecimiento de las cosas públicas, que han de ser del pueblo, y no de la élite pseudopensadora.
Así que, deseoso de abrir debates... ¿para cuando una república... aunque sea de derechas?

jueves, 18 de septiembre de 2008

De la tierra


Hoy he estado acariciando la felicidad en sueño. Con un sencillo procedimiento, más sencillo de lo que cabría esperar, he estado presenciando y participando en la fabricación de bloques de tierra compactada. La tierra se tritura, se mezcla en seco con cemento blanco, posteriormente se humedece y se compacta en la prensa para hacer los bloques. Sencillo y genial.
El consumo energético es minimo, algo que representa una gran ventaja para los países donde la energía es cara, y un buen tanto para los países donde está de moda, y que así siga muchos años, consumir poco. Soñaba con Burkina, con Bobo-Dioulasso, y la posibilidad de llevar allí una unidad de producción de estos sencillísimos bloques. Como ventajas adicionales estarían el hecho de que allí la energía es muy cara y esta es una buena solución, aparte del aprovechamiento de la tierra de la excavación de cimentación y su gran capacidad para el aislamiento térmico.
Cuando estuve por esas tierras, sufrí al ver la grosería de la construcción en cemento, al tiempo que padecí sus calurosas consecuencias. Las paredes chupaban calor durante el día y lo escupían durante la noche. Con este sistema de construcción estaríamos igualando la ventaja de los bloques de laterita, en cuando a aislamiento, y evitando la necesaria fabricación de bloques de cemento. ¡Lo que yo hubiera dado por una máquina así en aquél momento! Ahora sólo sueño con tener algún día los medios económicos necesarios para adquirir y enviar una unidad de producción.
Juan me preguntaba sobre la contrapartida, y me temo que, hasta donde yo se, es cultural. Es decir, no se utilizan masivamente porque no hay cultura de su utilización y nadie se ha puesto a fabricarlos en plan industrial. Lamentable. Pero así funciona, desgraciadamente, el mundo.
No estaría de más que, en estos tiempos de crisis, nos diera por investigar un poco sobre las nuevas ancestrales tecnologías de construcción.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La esperanza se resiste

Comprendo que la esperanza se lleva muy mal con su eterna contraria, la realidad pragmática. Pero ella insiste en agarrarse a lo más insospechado, aunque sea un clavo ardiente. Yo veo el clavo, casi tengo la seguridad de que no quema, pero me resisto a cogerlo. Se me hace inútil hasta el arnés que me lanzan desde arriba. Extraña actitud ésta, que vive aferrada en la negación a toda posibilidad de salir adelante.
A veces pienso que es más fácil hacerse fuerte en el victimismo, pero también me doy cuenta de que no es totalmente cierto, que hay una buena dosis de hastío e insatisfacción.
Por eso me he decidido a dar pasos hacia la felicidad y hacia la autorealización personal, aunque hasta el momento hayan sido imperceptibles. Ya vale de grandes gestos, de grandes símbolos, es evidente que no sirven para nada. Empezaremos a dar pasitos pequeños pero seguros, que nos vayan encaminando hacia la meta.
En plena crisis económica, cuando los ricos se tiran de los pelos, los de clase media se dedican al ahorro y los pobres se siguen muriendo de hambre, yo me dedicaré a buscar la felicidad.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La molesta presencia


Hace una infinidad de tiempo que no me siento a escribir. Parece como si las palabras, que antaño venían a visitarme a la hora del café, se hubieran definitivamente olvidado del camino a recorrer. ¡Hasta las palabras me habían abandonado! Así he vivido los últimos meses de mi vida, en la soledad y en la inexpresividad.
Es cierto que la soledad no ha estado sola, pues ha sido acompañada, pero tal vez por otras soledades, de ahí la imposibilidad para establecer vínculos verdaderos. De ahí la imposibilidad de escribir una sola página.
Pero hoy las tripas me arden, me impiden permanecer en silencio y escribo, de nuevo, por no gritar. Pienso que ha sido Artemisa, que tenía ganas de pasear por delante de casa, con su ya conocidad actitud provocadora. Me mira, con sonrisa irónica, y continúa su camino. Pero, ¿por qué? ¿Acaso no puede dejarme tranquilo? ¿Acaso no puede entender que ya renuncié a ella en el pasado? Pero ella insiste, se contonea en mis narices y deduzco que lo hará durante un largo tiempo. Esta vez no lo tiene tan fácil, o quizá lo tenga más fácil que nunca, pues vuelvo a sentir el fuego en mis tripas.
Lo fácil es seguirle el juego, entrar en sus artes, vestir de nuevo el casco y la coraza y comenzar a lanzar mandobles a diestro y siniestro. Pero ya renuncié a ello en el pasado, aunque el sabor ferruginoso de la sangre vuelva a pasearse por mi paladar.
Me imagino que hay cosas que nunca pasan definitivamente, y supongo que el flirteo de Artemisa es una de ellas. Según vuelve calle abajo, pareciera que no quedan muchas opciones. Pero esta vez no puede engañarme, pues ya conozco sus artes, sus malas artes, y recuerdo el escozor de las heridas que provoca. Pero también siento la fuerza violenta de su frenesí. Controlo, controlo... y ya casi no puedo más.
Esta vez será distinto. Esta vez tomaré yo la iniciativa y serás tú la que llores, aunque sea de rabia y despecho, en lugar de desamor. Ahora te demostraré que yo también puedo ser Sila y urdir mi escalada con los instrumentos que encuentro a mi paso. Yo también sé seducir, aunque no me contornee. Yo también conozco el juego, aunque haya escondido el tablero hace años.
Acepto tu reto.