Comprendo que la esperanza se lleva muy mal con su eterna contraria, la realidad pragmática. Pero ella insiste en agarrarse a lo más insospechado, aunque sea un clavo ardiente. Yo veo el clavo, casi tengo la seguridad de que no quema, pero me resisto a cogerlo. Se me hace inútil hasta el arnés que me lanzan desde arriba. Extraña actitud ésta, que vive aferrada en la negación a toda posibilidad de salir adelante.
A veces pienso que es más fácil hacerse fuerte en el victimismo, pero también me doy cuenta de que no es totalmente cierto, que hay una buena dosis de hastío e insatisfacción.
Por eso me he decidido a dar pasos hacia la felicidad y hacia la autorealización personal, aunque hasta el momento hayan sido imperceptibles. Ya vale de grandes gestos, de grandes símbolos, es evidente que no sirven para nada. Empezaremos a dar pasitos pequeños pero seguros, que nos vayan encaminando hacia la meta.
En plena crisis económica, cuando los ricos se tiran de los pelos, los de clase media se dedican al ahorro y los pobres se siguen muriendo de hambre, yo me dedicaré a buscar la felicidad.
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