jueves, 18 de septiembre de 2008

De la tierra


Hoy he estado acariciando la felicidad en sueño. Con un sencillo procedimiento, más sencillo de lo que cabría esperar, he estado presenciando y participando en la fabricación de bloques de tierra compactada. La tierra se tritura, se mezcla en seco con cemento blanco, posteriormente se humedece y se compacta en la prensa para hacer los bloques. Sencillo y genial.
El consumo energético es minimo, algo que representa una gran ventaja para los países donde la energía es cara, y un buen tanto para los países donde está de moda, y que así siga muchos años, consumir poco. Soñaba con Burkina, con Bobo-Dioulasso, y la posibilidad de llevar allí una unidad de producción de estos sencillísimos bloques. Como ventajas adicionales estarían el hecho de que allí la energía es muy cara y esta es una buena solución, aparte del aprovechamiento de la tierra de la excavación de cimentación y su gran capacidad para el aislamiento térmico.
Cuando estuve por esas tierras, sufrí al ver la grosería de la construcción en cemento, al tiempo que padecí sus calurosas consecuencias. Las paredes chupaban calor durante el día y lo escupían durante la noche. Con este sistema de construcción estaríamos igualando la ventaja de los bloques de laterita, en cuando a aislamiento, y evitando la necesaria fabricación de bloques de cemento. ¡Lo que yo hubiera dado por una máquina así en aquél momento! Ahora sólo sueño con tener algún día los medios económicos necesarios para adquirir y enviar una unidad de producción.
Juan me preguntaba sobre la contrapartida, y me temo que, hasta donde yo se, es cultural. Es decir, no se utilizan masivamente porque no hay cultura de su utilización y nadie se ha puesto a fabricarlos en plan industrial. Lamentable. Pero así funciona, desgraciadamente, el mundo.
No estaría de más que, en estos tiempos de crisis, nos diera por investigar un poco sobre las nuevas ancestrales tecnologías de construcción.

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