viernes, 13 de febrero de 2009

Lo del aborto


Tal vez alguno se sorpredería con lo que pudiera leer a continuación, por no esperable. Ya he comentado alguna vez lo que supone la ley del aborto, frente a una buena política de educación, que es en verdad de lo que adolecemos. Pero como las cosas siguen su curso, sería absurdo esperar una rectificación al respecto por parte del gobierno. Casi doy por sentado que no se va a promover un debate público más amplio que aquel que ha sido ya planteado, así que tendremos que dar por supuesta una ley le plazos para el aborto. Y dadas así las circunstancias, yo casi la apoyo. Eso sí, a cambio de un planteamiento realmente honesto de la puesta en acción. Y es que casi estoy de acuerdo con que haya un período de tiempo donde la decisión del aborto esté restringida al foro de lo privado, aún con lo que ello supone. Pero claro, todo a cambio de que se respete escrupulosamente el terreno de lo público, y en ese terreno la decisión no es exclusiva del interesado, ni exclusiva del proveedor de servicio, sino que han de cumplirse realmente los protocolos que el gobierno haya estimado oportunos.

Cualquiera que no sepa muy bien de qué se trata todo esto, pensará que no me expreso con claridad meridiana, pero a poco que conozcas el modo de proceder actual, sabría a qué me estoy refiriendo. En la actualidad son muchos los casos en los que alguien acude a realizar una interrupción del embarazo y, si no se cumplen los requisitos exigidos, se falsean. Posteriormente nadie se encarga de verificar si la persona estaba o no preparada psicológicamente para afrontar, no un embarazo no deseado, sino un aborto no aceptado. El resultado es que miles de adolescentes siguen llorando con miedo y desesperación una pérdida ni siquiera comprendida. Pero claro, las madres tienen mucha prisa, las clínicas mucha demanda y los políticos, en muchos casos, muy poco sentido de la responsabilidad.

Así pues, aceptaría una ley de plazos, en lugar de una de supuestos. Pero velemos porque los plazos se cumplan y no se sacrifiquen estos a los supuestos. De lo contrario, tendría que decir que me da igual qué ley pongan, porque sigue siendo una verdadera chapuza. Si decidimos separar las dos esferas, de lo privado y de lo público, respetemos el marco en el cual ambas actúan.

Entiendo que mucha gente no secundará mi opinión, pero creo que a veces no merece la pena oponerse a algo que sabemos que va a isntaurarse por esa estúpida costumbre de la disciplina de voto en el parlamento. Así que mejor trabajar por conseguir la mejor opción posible, dentro de lo que se va a dar por hecho. Lo contrario sería exigir que empezáramos por el principio, que sería lo deseable, pero que a estas alturas se me antoja imposible. No me veo a sus señorías enfrascadas en la sesuda tarea de debatir sobre el status ontológico del embrión humano. Hasta ahí podríamos llegar.

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