
Con esta expresión se refirió un conocido al ex presidente de gobierno español José María Aznar. Y es verdad, ¡qué pelazo! No sé si tenderá a moverse entre estilistas y asesores de imagen, pero qué quieren que les diga, y no es por envidia, debiera hacerse un arreglito. Y digo lo del arreglito, sobre todo, porque me da la impresión de que tanto pelo le está sobrecalentando la cabeza y las ideas se le vuelven calenturientas, como esa de justificar abiertamente la respuesta de Israel a las provocaciones palestinas. Como ya dijo Píndaro Dulce bellum inexpertis, o lo que viene a ser lo mismo, que la guerra es dulce para el que no la conoce.
Me da la impresión que esta es una fea costumbre que tenemos en nuestro occidente ombliguista, pensar que nuestra sabiduría está por encima de la realidad. Por eso nos atrevemos a pensar, desde lejos, que la guerra es una solución plausible, cuando siempre podemos encontrar otros caminos alternativos. Sí, siempre, si hay voluntad. Más aún si se trata de la discusión que va más allá de lo ideológico, donde siempre encontraremos talibanes dispuestos a inmolarse, y se centra en lo que viene a ser el verdadero corazón del problema, la eterna controversia entre ricos y pobres. Desde esta perspectiva, mucho más real en el caso que nos ocupa, los derechos de Israel serán siempre más preclaros que los de Palestina y, dicho sea de paso, lejos yo de defender a los chalados que se dedican a tirar cohetes como otrora apaleaban una colmena al salir del colegio. Lo que ocurre es que la realidad es poliédrica, y se hace imposible hacer una aproximación real desde todas sus caras, cayendo en la fácil tentación de interpretar el mundo con nuestra mirada, sin contar con otras muchas, y menos aún con la de los tuertos.
En cualquier caso, la pregunta tiene truco. ¿Se quedaría vd. quieto si sus vecinos le bombardean su territorio poniendo en peligro a su familia, su estabilidad y su proyecto de futuro? Pues seguramente no, como tampoco me quedaría quieto si me expropiaran mi campo, donde mis ovejas vienen pastando desde que David se dedicaba a cortar los prepucios de los tatarabuelos, y se lo dieran por la cara a un montón de centroeuropeos que entienden de oriente lo que Bush de energías renovables. O sea, que para ser serios tenemos que ir al origen del problema y ese origen estriba en la propiedad de la tierra que, por mucho que Yahvé se empeñara, fue de los palestinos antes que de los judíos; que de aquellos judíos, que si hablamos de los que luego vinieron... pues eso, no tenían de esa tierra ni el color de los cabellos. Al menos eso sí lo tiene Aznar. ¡Qué pelazo! (Por cierto, la foto se la he cazado al diario Público, que al final se la ha pagado a EFE. Gracias a los dos por su desinteresada colaboración)
En cualquier caso, la pregunta tiene truco. ¿Se quedaría vd. quieto si sus vecinos le bombardean su territorio poniendo en peligro a su familia, su estabilidad y su proyecto de futuro? Pues seguramente no, como tampoco me quedaría quieto si me expropiaran mi campo, donde mis ovejas vienen pastando desde que David se dedicaba a cortar los prepucios de los tatarabuelos, y se lo dieran por la cara a un montón de centroeuropeos que entienden de oriente lo que Bush de energías renovables. O sea, que para ser serios tenemos que ir al origen del problema y ese origen estriba en la propiedad de la tierra que, por mucho que Yahvé se empeñara, fue de los palestinos antes que de los judíos; que de aquellos judíos, que si hablamos de los que luego vinieron... pues eso, no tenían de esa tierra ni el color de los cabellos. Al menos eso sí lo tiene Aznar. ¡Qué pelazo! (Por cierto, la foto se la he cazado al diario Público, que al final se la ha pagado a EFE. Gracias a los dos por su desinteresada colaboración)
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