
Efectivamente, son rachas. No sabríamos muy bien cómo explicarlo, ni científica ni esotéricamente, pero son rachas. La mía se va alargando demasiado, pues no puedo enganchar más de un mes tranquilo, con cierto ritmo y, hasta con ganas de escribir. Pero como no sabemos quién controla esto, tampoco vamos a detenernos a darle más vueltas. Que se acabe la racha, y punto.
Aunque, hablando de rachas, a ver cuánto nos dura la mala racha de la crisis... o lo que sea. Recuerdo que antes estábamos todos preocupados porque los precios había subido una barbaridad, y claro, nos acosaba eso que los economistas llaman inflacción, que es como la sensación de que no llegas nunca a final de mes, pero en plan global, como tienen que ser los grandes problemas. Pero mira tú por donde, justo cuando estábamos intentando reajustar los presupuestos domésticos, cuando caíamos en la cuenta de que el gasoil había bajado y que nos estábamos gastando unas docenas de euros menos por llenar el depósito del coche, nos encienden la lucecita de alerta de la deflacción. No sabría muy bien cómo explicar esto pero, parece ser, que no debiéramos ponernos contentos porque los precios bajen, porque al final es peor... ¿Peor para quién?, digo yo. Pues para todos, también en sentido global, oye, que se trata de un gran problema.
Así que, sin saber muy bien por qué, se me ha borrado la media sonrisa que últimamente se me venía dibujando frente al surtidor de gasoil. Me obligo a ponerme serio y hasta me entran ganas de comprarme un ambientador, de esos que en la gasolinera cuestan seis veces más que en el Mercadona, para compensar el gasto. Porque me han explicado que lo importante es consumir, cuanto más mejor, a ser posible.
Y quizá sea en este momento cuando me encuentro con el verdadero problema de conciencia, pues yo llevo bastante mal eso del consumo. Me imagino que habrá sido por deformación acumulada en los años de juventud, pero a mí eso de comprar por comprar, no termina de salirme. Y a veces me pongo, de verdad, pero no soy capaz de bordarlo. Tengo que reconocer que antes me tranquilizaba, porque era algo así como un punto de resistencia frente a esta sociedad moldeada por y para el consumo... pero claro, ahora estamos hablando de un gesto solidario. O sea, gasta más de lo que tienes, porque así el consumo funcionará y, aunque parezca que no llegas a fin de mes, ya saldrá una ayuda para... ¡los bancos!, que te prestarán dinero a un interés mucho más algo que el del mercado, y así no pararás de depender de ellos. ¿No será que a quien perjudica la deflacción es a los bancos? No tendríamos que descartar del todo esa cuestión. Claramente están siendo los grandes protagonistas de esta crisis, en parte generada y mantenida por ellos.
Y es que a poco que echemos un vistazo a las nuevas "catedrales" de nuestras ciudades, nos daremos cuenta de quién es el verdadero dios de la sociedad. Sus "templos" destacan en medio de los hogares de la gente, como antaño lo hcían las catedrales en los burgos. Sí, sí, salvemos las distancias, pero que Dios nos pille confesados.
Así que, sin saber muy bien por qué, se me ha borrado la media sonrisa que últimamente se me venía dibujando frente al surtidor de gasoil. Me obligo a ponerme serio y hasta me entran ganas de comprarme un ambientador, de esos que en la gasolinera cuestan seis veces más que en el Mercadona, para compensar el gasto. Porque me han explicado que lo importante es consumir, cuanto más mejor, a ser posible.
Y quizá sea en este momento cuando me encuentro con el verdadero problema de conciencia, pues yo llevo bastante mal eso del consumo. Me imagino que habrá sido por deformación acumulada en los años de juventud, pero a mí eso de comprar por comprar, no termina de salirme. Y a veces me pongo, de verdad, pero no soy capaz de bordarlo. Tengo que reconocer que antes me tranquilizaba, porque era algo así como un punto de resistencia frente a esta sociedad moldeada por y para el consumo... pero claro, ahora estamos hablando de un gesto solidario. O sea, gasta más de lo que tienes, porque así el consumo funcionará y, aunque parezca que no llegas a fin de mes, ya saldrá una ayuda para... ¡los bancos!, que te prestarán dinero a un interés mucho más algo que el del mercado, y así no pararás de depender de ellos. ¿No será que a quien perjudica la deflacción es a los bancos? No tendríamos que descartar del todo esa cuestión. Claramente están siendo los grandes protagonistas de esta crisis, en parte generada y mantenida por ellos.
Y es que a poco que echemos un vistazo a las nuevas "catedrales" de nuestras ciudades, nos daremos cuenta de quién es el verdadero dios de la sociedad. Sus "templos" destacan en medio de los hogares de la gente, como antaño lo hcían las catedrales en los burgos. Sí, sí, salvemos las distancias, pero que Dios nos pille confesados.
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