
Me pregunto, ¿qué pasaría si alguien en España dijera lo del burka? Entiendo que no pasarían cinco segundos sin que le llovieran las críticas desde todos los sitios. Los primeros en criticar, los que promovieron que desaparecieran los crucifijos de los lugares públicos. Eso, seguro. De nuevo es una cuestión de coherencia, pero las cosas se ven más claras en los problemas ajenos. Así pues el burka, criticado de una forma muy aparatosa por el presidente de la República Francesa, pasando por lo alto de la cámara, como quien dice, tendrá que definirse si se trata de un signo de esclavitud, como un elemento religioso o como una reivindicación cultural. A priori, no parece fácil la cuestión.
Dentro de la tradición laical francesa, se entiende mucho mejor que aquí la cuestión. La defensa de la laicidad de la República es algo nada baladí en Francia. De hecho, el presidente Sarkosy ha irrumpido en el tema de un modo poco ortodoxo, pero decidido a que se hable, y mucho, de este tema. La oposición al burka es frontal desde la defensa de la laicidad republicana y en contra de la concesión a lo que para ellos pudiera suponer una amenaza de futuro.
Evidentemente el planteamiento es discutible. Está por ver que el uso del burka signifique un peligro para las libertades republicanas, o que pueda ser considerado un insulto a las mismas. Alguno incluso podría aducir que esta misma vehemencia no se muestra con otro tipo de manifestaciones que pudieran ser consideradas paralelas. Por ejemplo, que una religiosa francesa pudiera vestir su hábito, como de hecho hace. En cualquier caso, la concesión no se quiere hacer a un grupo determinado, representativo en Francia, y que se sigue considerando enemigo de occidente, aunque sólo se diga con la boquita pequeña.
Si esto hubiera ocurrido en España, como decía al principio, hubieran llovido críticas. Como se trata de un tema muy discutible, todas ellas podrían ser aceptadas, pero me sigue haciendo gracia la incoherencia de fondo que subyace en este tipo de planteamientos. Tal vez burka sí, ¿crucifijos en sitios públicos también? ¡No, eso no! ¡Es insultivo! Puede que lo sea para algunos, por eso se ha aceptado su retirada en la mayoría de los casos. Entonces el burka también es insultivos. ¡No, el burka no! ¡Se trata de un elemento cultural! Ah, como el crucifijo. ¡No, no es lo mismo! Bueno, no es lo mismo... ¿por qué? La respuesta vendría iluminada desde el más puro estilo libertario, haciendo referencia a lo importante que es el respeto a los elementos culturales dentro de la alianza de civilizaciones. En fin, si seguimos por aquí terminaríamos en un diálogo de besugos.
Me da la impresión que la cuestión tendrá que plantearse tarde o temprano. Estamos pasando todos muy de puntillas sobre este tema, el de la inculturación y el respeto a la cultura acogedora, y al final terminaremos lamentado algunas cosas. No creo que haya que tener miedo al cambio que pueda suponer el advenimiento de ciudadanos extranjeros, pues siempre será enriquecedor. Pero de igual manera no podemos considerar que haya que plegarse a todas las "imposiciones" de las culturas externas. Si así lo hiciéramos, estaríamos incurriendo en un error gravísimo, que se basa en una especie de complejo de culpa que mantenemos frente a los inmigrantes y que nos impide ser críticos con cualquier planteamiento que interfiera en la convivencia armónica o que ponga en peligro las conquistas sociales firmadas con las sangre de nuestros mayores. Así pues, no podemos conceder que un conflicto se pueda arreglar "a tiros", o que pueda cortar la lengua de un delator, o que pueda pegar impunemente a una mujer, ¿o que esté obligada a ocultar su rostro? Uff, a lo mejor hay un salto, pero no deben andar muy lejos. La asignatura de la integración sigue quedando pendiente para septiembre, y algún día tendremos problemas graves como consecuencia de ello. Todo no es respetable, me temo. Tendríamos que tomárnoslo en serio.
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