miércoles, 10 de junio de 2009

El buen morir


Decía el poeta que: "un golpe de ataúd en la tierra es algo perfectamente serio". Y es que la muerte siempre nos inquieta y no deja de cubrirse, a pesar de los adelantos científicos, de su inquietante halo de misterio. Tal vez por esa misma razón todo lo referente a la reflexión en torno a la muerte nos inquieta, o nos provoca cierta hilaridad. A veces nos defendemos de ello recurriendo a la broma, a la anécdota o incluso a una cierta "pornografía" de la muerte, apareciendo sin tapujos en las primeras páginas de los periódicos e informativos.

El diario de la mañana nos habla hoy de uno de los aspectos que de vez en cuando se asoman al foro público, el posible derecho a controlar el momento de la muerte, sobre todo en caso de enfermedades crónicas. Se trata de la propuesta de ley del Parlamento de Andalucía sobre la retirada de tratamiento de soporte vital y la sedación terapéutica. Es lo que habitualmente se confunde, no sé si intencionadamente, con la eutanasia. Tiene poco que ver, sin embargo.

La propuesta del parlamento andaluz viene a completar lo ya iniciado en su estatuto y recoge la voluntad de conceder un marco legal a las situaciones más controvertidas del proceso de muerte. Con la medicalización de la medicina, morir en el hospital se ha convertido en habitual y, en ciertos casos, en una experiencia indeseable. Cierto es que ha habido una voluntad de desmedicalizar el proceso, pero parece que no marcha al ritmo deseable. Se han dado casos concretos y al mismo tiempo muy aireados por los medios de comunicación, lo cual da a veces una sensación de relevancia extrema. Esta relevancia no está marcada por el número de casos, afortunadamente, sino por lo delicado y sangrante de los mismos.

Sin entender demasiado de legislación, me da la sensación de que la propuesta de la Junta de Andalucía es muy mediática, está cargada de buenas intenciones, pero no aporta nada que no estuviese ya legislado. Creo que podía deducir un cierto control para rechazar tratamientos y medidas de soporte vital en la Ley de Autonomía del Paciente, pero también es verdad que no se ha otorgado la necesaria información para que se actúe con la conciencia de estar "dentro de la ley". Sobre todo, por lo que se refiere a la sedación, que hasta ahora ha sido más un criterio médico que una medida disponible a la voluntad del paciente.

Si escarbamos un poco, nos daríamos de bruces con la realidad indigesta de la muerte. Tan laicistas somos, que hemos tirado a la basura todas las herramientas de que disponíamos para enfrentarnos a ella. De ahí que no deba sorprendernos el hecho de que exista tanto miedo a gestionar los elementos que circundan el morir. Porque al final se trata de eso, de un proceso cargado de momentos y símbolos. Sigue siendo demasiado duro para algunos reconocer que lo natural es morirse y no permanecer vivo a cualquier precio. Que el sufrimiento acompaña al ser humano, pero no se puede convertir en un fin en sí mismo, por lo que es lícito combatirlo con eficacia, sin que ello signifique nada más que paliar dicho sufrimiento. Hay que reconocer de una vez que se puede rechazar un tratamiento, sin que ello signifique una renuncia a nada ni un deseo descabellado. Hay que lograr que la sedación sea terapéutica, sin tener que pensar que sea al mismo tiempo homicida, sino dirigida a evitar situaciones realmente insoportables. Pero del mismo modo tendríamos que reconocer que es lícito pensar que el sufrimiento nos acerca a la trascendencia, sin que ello signifique convertirse en un mártir o en un estúpido. Que se debe tener libertad para solicitar que se mantenga un tratamiento, siempre y cuando no sea fútil. Que es posible solicitar estar consciente en los últimos momentos de nuestra vida.

Comprendo que nada de esto está demasiado claro, por lo que se hace necesario seguir profundizando en este tema con rigor y prescindiendo de alarmismos. Puede que tan solo por esta razón pueda ser bienvenida la ley andaluza, aunque ya alguno ha afirmado con cierta maliciosidad que se trata de "abrir la puerta a la eutanasia". Sinceramente, no creo que sea así, pues la reivindicación del buen morir deberá ir por otros derroteros. Pero también es cierto que se sigue echando de menos algo parecido al antiguo "ars moriendi", el arte de morir, que permitía a todo ciudadano morir en paz con Dios y con los hombres. Cada uno es libre de elegir con quién quiere reconciliarse o arreglarse, pero es deseable que todos podamos morir en paz, en la mejor de las paces posibles.

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