
Tenía ya medio escrito un post sobre el G20 pero, en dos días, se me ha quedado obsoleto, así que lo mismo lo dejo durmiendo el sueño de los justos, a no ser que a nuestro presidente, entre mirada arrobada y babeo indisimulado ante la esfigie de Obama, nos de pie a ello. Me quedo así con las ganas de indagar un poco en esa polémica que tenían entre manos los países más ricos del mundo, a la hora de hacer la lista de paraísos fiscales. Miraron a China con un poquito de cosa y le dijeron... a que te ponemos. Y claro, China, la que empezó con el carrerón económico el año pasado, la que amenazaba a occidente con comerse el mercado, con sus leyes y todo, la que quería todo el petroleo para ella..., pue eso, devolvió la mirada y dijo que n0, que China no era, ni mucho menos, un paraíso y menos aún fiscal. Y claro, eso se negocia, que aquí las palabras ya no valen nada, a no ser que estén escritas en un cheque cruzado.
Pero bueno, se nos ha quedado atrás el tema. Y así, casi con la cabeza metida ya en la bulla mágica de la semana santa de mi tierra, se me descuelga Gloria Tomás con su intervención, en favor de una mayor honra de la bioética. La pobre... Hablo de la bioética. Pues eso, que Doña Gloria, que es profesora, en un programa de televisión se ha soltado la melena y ha dicho algunas cosas que no se pueden decir, por inexactas, y otras que no se deben decir, por inoportunas. En suma, parece que Gloria estaba loca por contar cosas y decidió contarlo todo, de corazón y, como dijera Pascal, "corazón tiene razones que razón no entiende". Y aquí a mandado el corazón y se han dicho cosas poco razonables, encima. Todo ello añadido a que se ha atrevido a tocar uno de los tabúes de nuestro siglo, que es la homosexualidad. Ha comenzado diciendo que genéticamente no existe. Y claro, eso no se debe decir, pues al parecer hiere muchas sensibilidades. Aunque sea verdad, que lo es. Otra cosa sería lo que Gloria concluye de ahí, y es que entonces es una especie de "enfermedad" que encima se puede curar. Bueno, aquí ya está Gloria completamente desmelenada, con la guitarra incluída y pegando saltos como una loca. Y entonces comienzan los gritos y las voces en contra de esa señora tan homófoba que está diciendo esas cosas tan feas y, como ocurre generalmente, todo se mezcla, se remezcla y se hace la identificación fatal de bioética y moral tradicional. Ya estamos.
Señora Tomás, Gloria, tiene usted razón cuando dice que la homosexualidad no tiene un origen determinado, pues sigue habiendo poca claridad al respecto. Pero de ahí no puede concluirse, por muy informal que sea la conferencia en la que usted participa, que la homosexualidad sea una enfermedad. Y menos aún que, aunque sea complicado, puede curarse. Creo que es meterse en un terreno excesivamente pantanoso, por lo incierto y lo delicado del mismo. El origen de la homosexualidad parece que no es unívoco, y por eso no se pueden, a estas alturas, hacer afirmaciones de ese tipo. Sobre todo porque lo hace ostentando el nombre de la Bioética, que ya es bastante denostada de por sí, para meter con calzador una convicción bastante rancia. Ni lleva a ningún sitio, ni busca entender nada, ni soluciona absolutamente nada. Sólo sirve para encender una polémica que le da mucha cancha mediática, Gloria, y pone en una situación difícil a una disciplina que se tiene que buscar su sitio a codazos. Más aún cuando se intenta "bautizar" a toda costa, incluso utilizando malas artes.
Es también cierto que, si no fuéramos como somos, las asociaciones de gays y lesbianas, en lugar de aprovechar cosas de estas para abrirse un hueco en los papeles, se hubieran limitado a obviar tamaña estupidez. Pero las oportunidades no hay que dejarlas pasar, y menos aún cuando Gloria representa a la universidad "católica" de Murcia. Pues eso, más madera.
No quiero trivializar nada, pero me estoy haciendo un poco fobifóbico, valga la contradicción. Me dan fobia todas las fobias, desde la homofobia a la clerifobia, desde la claustrofobia a la agorafobia. Creo que hay que buscar un poco más los términos medios, reconocer lo que se desconoce y abrirse a la aportación enriquecedora del otro, que no piensa precisamente como yo. Pero en mal país estamos para estas cosas, en mala época para buscar consensos reflexionados... Esperemos que lleguen mejores tiempos, aunque no podamos verlos. Entre tanto, seguiremos enganchados a www.pasionensevilla.tv, donde el debate se establece entre las cofradías de barrio y las de centro. Dos filosofías, dos maneras radicalmente diferentes de entenderlo todo, y ambas haciendo exactamente el mismo recorrido, el del encuentro.
Pero bueno, se nos ha quedado atrás el tema. Y así, casi con la cabeza metida ya en la bulla mágica de la semana santa de mi tierra, se me descuelga Gloria Tomás con su intervención, en favor de una mayor honra de la bioética. La pobre... Hablo de la bioética. Pues eso, que Doña Gloria, que es profesora, en un programa de televisión se ha soltado la melena y ha dicho algunas cosas que no se pueden decir, por inexactas, y otras que no se deben decir, por inoportunas. En suma, parece que Gloria estaba loca por contar cosas y decidió contarlo todo, de corazón y, como dijera Pascal, "corazón tiene razones que razón no entiende". Y aquí a mandado el corazón y se han dicho cosas poco razonables, encima. Todo ello añadido a que se ha atrevido a tocar uno de los tabúes de nuestro siglo, que es la homosexualidad. Ha comenzado diciendo que genéticamente no existe. Y claro, eso no se debe decir, pues al parecer hiere muchas sensibilidades. Aunque sea verdad, que lo es. Otra cosa sería lo que Gloria concluye de ahí, y es que entonces es una especie de "enfermedad" que encima se puede curar. Bueno, aquí ya está Gloria completamente desmelenada, con la guitarra incluída y pegando saltos como una loca. Y entonces comienzan los gritos y las voces en contra de esa señora tan homófoba que está diciendo esas cosas tan feas y, como ocurre generalmente, todo se mezcla, se remezcla y se hace la identificación fatal de bioética y moral tradicional. Ya estamos.
Señora Tomás, Gloria, tiene usted razón cuando dice que la homosexualidad no tiene un origen determinado, pues sigue habiendo poca claridad al respecto. Pero de ahí no puede concluirse, por muy informal que sea la conferencia en la que usted participa, que la homosexualidad sea una enfermedad. Y menos aún que, aunque sea complicado, puede curarse. Creo que es meterse en un terreno excesivamente pantanoso, por lo incierto y lo delicado del mismo. El origen de la homosexualidad parece que no es unívoco, y por eso no se pueden, a estas alturas, hacer afirmaciones de ese tipo. Sobre todo porque lo hace ostentando el nombre de la Bioética, que ya es bastante denostada de por sí, para meter con calzador una convicción bastante rancia. Ni lleva a ningún sitio, ni busca entender nada, ni soluciona absolutamente nada. Sólo sirve para encender una polémica que le da mucha cancha mediática, Gloria, y pone en una situación difícil a una disciplina que se tiene que buscar su sitio a codazos. Más aún cuando se intenta "bautizar" a toda costa, incluso utilizando malas artes.
Es también cierto que, si no fuéramos como somos, las asociaciones de gays y lesbianas, en lugar de aprovechar cosas de estas para abrirse un hueco en los papeles, se hubieran limitado a obviar tamaña estupidez. Pero las oportunidades no hay que dejarlas pasar, y menos aún cuando Gloria representa a la universidad "católica" de Murcia. Pues eso, más madera.
No quiero trivializar nada, pero me estoy haciendo un poco fobifóbico, valga la contradicción. Me dan fobia todas las fobias, desde la homofobia a la clerifobia, desde la claustrofobia a la agorafobia. Creo que hay que buscar un poco más los términos medios, reconocer lo que se desconoce y abrirse a la aportación enriquecedora del otro, que no piensa precisamente como yo. Pero en mal país estamos para estas cosas, en mala época para buscar consensos reflexionados... Esperemos que lleguen mejores tiempos, aunque no podamos verlos. Entre tanto, seguiremos enganchados a www.pasionensevilla.tv, donde el debate se establece entre las cofradías de barrio y las de centro. Dos filosofías, dos maneras radicalmente diferentes de entenderlo todo, y ambas haciendo exactamente el mismo recorrido, el del encuentro.
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