sábado, 5 de septiembre de 2015

UNA IMAGEN

En esta sociedad, tan mediatizada por lo audiovisual, no cabe duda que una imagen es mucho más efectiva que cualquier otra cosa. Hemos sido bombardeados con centenares de titulares, miles de artículos, millones de palabras impresas, bien sean en las páginas de un periódico, o en la sufrida pantalla de nuestro dispositivo digital; referidos todos al conflicto sirio y a la acumulación de refugiados en las fronteras de los países circundantes. Era evidente, a nadie se le podía escapar, que tarde o temprano todos estos refugiados se pondrían en marcha para buscar un futuro más próspero, que la simple contemplación del ir y venir de los vehículos de los cascos azules. Y alguien se levantó y dijo, "vayamos a Europa". Y todos los que estaban a su alrededor lo miraron y repitieron, casi de modo autómata, "vayamos a Europa". Y se pusieron en marcha.
En Europa, ya se está acostumbrado a este tipo de movimientos poblacionales, que le han cambiado la cara más de una vez a lo largo de los siglos. Pero, como viene siendo habitual en los últimos tiempos, se determinó que los países del sur, esos que están más cerca de los pobres, en todos los sentidos, hicieran de parapeto. Pero se desbordó la cosa. Se empezó a hablar de fronteras, tratados, compromisos... y acto seguido dejó de hablar de refugiados para comenzar a hablar de emigrantes. De ese modo tan sencillo, se equiparó a la población en movimiento que huía hacia Europa, con la de aquellos que buscan oportunidades en el viejo continente, a costa de dejarse bajar los salarios y permitir que le pisoteen los derechos.
Y entonces Europa, pudo mirar hacia otro lado. Empezó a hablar de cuotas de acogida, de exigencias en origen, de exigencias en destino... ¡pero que no vengan demasiados! Muchos buscaron saber algo más de estos que venían ahora, para poder integrarlos a su clasificación habitual: negros, moros, guachupinos,... y ¿estos que son? Habrá que ir buscando algún neologismo, o asignarlos a algunas de las categorías que ya están funcionando de modo habitual.
Europa comenzó tarde, como suele ser habitual, a frenar un movimiento que se veía venir de lejos. ¡Que no vengan!, parecía decir, que no vengan...pero ya estaban en marcha. Familias enteras, jovenes y viejos, mujeres y niños... ya estaban en marcha. Y comenzaron los obstáculos, las represiones, las alambradas... ¡ay las alambradas!, y se originó el flujo de imágenes, las habituales; familias andrajosas, portando lo poco de valor que les quedaba, buscando desesperadamente una oportunidad. Huían de la muerte y eso, en Europa, ya se ha olvidado. ¡Que no vengan! ¡que se queden en su país!, ¿a qué? ¿a esperar la muerte? No, ya se había tomado una decisión. El objetivo es Europa y, aunque todos saben de la dificultad que entraña el viaje, del peligro vital que supone, se ponen en marcha con los medios que cada uno tiene a su mano. En esas vale todo. Tren, barco, camión frigorífico o el clásico cochecito de San Fernando. Y la dama blanca, tan comedida en Europa, tan aséptica y hospitalaria en un continente que vivió el ensueño de esquivarla hasta la senectud, parece remangarse, meterse en faena y arrojarnos a la cara el producto diario de su intervención. En estas circunstancias, esta dama infame no hace distinción y parece cebarse de un modo más cruento en aquellos que se nos antojan más débiles, los enfermos y, horror, los niños. La imagen, esa horrenda imagen de Aylan en la playa, no puede dejar a nadie indiferente.
Todos hemos escuchado y leído opiniones y pronunciamientos sobre la foto, sobre la adecuación o no de su publicación, sobre la licitud o no de mostrar la realidad tan cruda como es, sin adornos. Tal vez ya han sido demasiadas. Ahora toca otra cosa, que Europa deje de mirar hacia otra parte y se decida, de una vez por todas, a mirar hacia un mundo globalizado de un modo real, no tergiversado por la mirada naif de su sueño milenario. Europa no va a volver a ser Europa, eso ya es evidente. Lo que tenga que ser, tendrá que serlo a partir de la perspectiva de la solidaridad y la integración, y parece absurdo plantearse otra cosa. No se puede gritar "no vengas" a quien viene huyendo de la muerte. No se puede gritar "quédate" a quien no se le permite vivir en paz y desarrollarse en su país de origen. ¡Ay Europa! ¿cuándo dejarás de pensar como Europa para pensar como el Mundo

1 comentario:

Alejandro dijo...

Europa quiere cerrar lo ojos a la realidad, desea mantenerse al margen de una realidad mundial de la que ella también es culpable. Pero como el Antiguo Pueblo de Israel no podrán detener la fuerza del pobre cuando quiere salir de su miseria. Felicidades por tu artículo