martes, 29 de septiembre de 2009

¡No todo vale!


Ya era hora, ya... Bueno, después de este paréntesis, viene pasando de todo en este mundo, que cada vez se parece más a un pañuelo. Tenemos ya las píldoras mal llamadas "abortivas" sin receta en las farmacias, tenemos una promesa de subida de impuestos, una reforma dura de la ley de extranjería y las perspectivas de otro invierno duro. Como paliativo a tanto revuelo, las financiaciones ilegales, las cajas "b", el transfuguismo progresista y otras tantas lindezas para entretenernos. Pero intuyo que nada de todo esto, ni de todo aquello, nos aportará un ápice de felicidad, salvo a los amantes del frío invierno, claro.

A veces estoy tentado de secundar a los obispos cuando se desesperan ante la perspectiva del "todo vale". Antes tendía a sonreir un poco, con mueca irónica, claro; ahora más valdría acercarse a decirles que, en cierto modo, tienen razón, este lema tan liberal nos va a terminar esclavizando. Pero no, que nadie se asuste. No he decidido dar un paso atrás en mi pensamiento, tan sólo me uno a un argumento que tiene algo de verdad y que nos da una pista para entender un cierto "antes" y un claro "después". Antiguamente, cuando no había moral más clara que la que imperaba, estaba muy claro lo que era bueno y lo que era malo. Había un criterio único para el análisis y pocos detalles se escapaban sin poder ser correctamente clasificados. Pero pasó el tiempo, llegaron las crisis, de pensamiento, me refiero, y nos encontramos con la necesidad de buscar criterios más amplios, o simplemente diferentes. Los aferrados a lo clásico, empezaron a gritar horrorizados. Los amantes de lo nuevo, por el contrario, esperaban por fin un cambio de rumbo. Pero parece que algo se escapó. Nadie pensó, o más bien, nadie que tuviera poder de decisión cayó en la cuenta de que habría que proporcionar un poquito más de formación en la base de la educación. Unos se apresuraron a proteger a toda costa las clases de religión, mientras otros daban pasos agigantados hacia la supresión de todo lo trascendente. Mientras tanto, la educación se empobreció y la ética se convirtió en una "maría" que encima era optativa. ¡Qué desastre!

El resultado es una sociedad muy variopinta, con grandes dosis de libertad, con un buen elenco de conquistas sociales y con muy poca idea de lo que es un criterio ético, por no hablar de un sistema. Así te encuentras a gente preocupada por la ética, pero van continuamente saltando de posiciones deontológicas a posiciones teleológicas, según conveniencia, y sin demasiada conciencia de lo que se está haciendo. Y a lo mejor tenemos aquí el problema, en lo poquito que hemos estudiado la ética y en las veces que los políticos intentan metérnosla por la puerta de atrás.

Por eso me parece que al final los obispos tienen razón, pero claro, no de la forma que ellos quisieran. No todo vale, es evidente. Pero eso habría que situarlo, decidiendo en qué tipo de ética nos vamos a mover y poder así exigir un poco de coherencia. No es lo mismo una ética de principios que una ética de consecuencias, y eso debiéramos sabérnoslo todos, porque si no es muy fácil mezclar las cosas y enarbolar argumentos mezquinos, que cada mañana mojamos en nuestros cafés o colacaos según qué casos. Así pues, me uno a ellos, ¡no todo vale!, aceptando que alguien considerase que, por coherencia, tampoco lo que aquí escribo.

1 comentario:

afectissima Lo dijo...

Deprimente. Y más deprimente aún que "los obispos sean los que puedan llevar la razón ". En cualquier caso, y todo sea por coherencia, habrá que abandonar a unos líderes que logren tan desastrosas consecuencias.
Para compensar, hace tiempo que me concentro más en "mi mundo" y, casi siempre, consigo que esté bien. Lo mísmo deseo para el tuyo. De todas formas, te agradezco que te preocupes por el de todos. Hace falta gente como tú.