
Hace una infinidad de tiempo que no me siento a escribir. Parece como si las palabras, que antaño venían a visitarme a la hora del café, se hubieran definitivamente olvidado del camino a recorrer. ¡Hasta las palabras me habían abandonado! Así he vivido los últimos meses de mi vida, en la soledad y en la inexpresividad.
Es cierto que la soledad no ha estado sola, pues ha sido acompañada, pero tal vez por otras soledades, de ahí la imposibilidad para establecer vínculos verdaderos. De ahí la imposibilidad de escribir una sola página.
Pero hoy las tripas me arden, me impiden permanecer en silencio y escribo, de nuevo, por no gritar. Pienso que ha sido Artemisa, que tenía ganas de pasear por delante de casa, con su ya conocidad actitud provocadora. Me mira, con sonrisa irónica, y continúa su camino. Pero, ¿por qué? ¿Acaso no puede dejarme tranquilo? ¿Acaso no puede entender que ya renuncié a ella en el pasado? Pero ella insiste, se contonea en mis narices y deduzco que lo hará durante un largo tiempo. Esta vez no lo tiene tan fácil, o quizá lo tenga más fácil que nunca, pues vuelvo a sentir el fuego en mis tripas.
Lo fácil es seguirle el juego, entrar en sus artes, vestir de nuevo el casco y la coraza y comenzar a lanzar mandobles a diestro y siniestro. Pero ya renuncié a ello en el pasado, aunque el sabor ferruginoso de la sangre vuelva a pasearse por mi paladar.
Me imagino que hay cosas que nunca pasan definitivamente, y supongo que el flirteo de Artemisa es una de ellas. Según vuelve calle abajo, pareciera que no quedan muchas opciones. Pero esta vez no puede engañarme, pues ya conozco sus artes, sus malas artes, y recuerdo el escozor de las heridas que provoca. Pero también siento la fuerza violenta de su frenesí. Controlo, controlo... y ya casi no puedo más.
Esta vez será distinto. Esta vez tomaré yo la iniciativa y serás tú la que llores, aunque sea de rabia y despecho, en lugar de desamor. Ahora te demostraré que yo también puedo ser Sila y urdir mi escalada con los instrumentos que encuentro a mi paso. Yo también sé seducir, aunque no me contornee. Yo también conozco el juego, aunque haya escondido el tablero hace años.
Acepto tu reto.
1 comentario:
HAS DADO EN LA "DIANA".
Publicar un comentario